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sábado, 28 de febrero de 2009

Macarrones con albahaca

Los llamados "acompañamientos" de los platos principales se suelen menospreciar o resolver apresuradamente de cualquier manera. Nos suele aterrorizar presentar el producto principal solo, allí en medio del plato, como caído del cielo. A la pieza de carne la rodeamos de verduras cocidas al vapor, de una cucharada de puré de patatas o de un puñado de guisantes salteados con el simple objeto de "acompañarla". Pero los acompañamientos no deberían elegirse sólo por motivos estéticos sino integrarlos dentro de la dinámica nutricional de la comida.
Nuestra alimentación debería estar basada en la llamada pirámide nutricional. Esta es una representación gráfica de las proporciones de cada tipo de alimento que deberían constituir nuestra dieta. Así la base esencial de la misma son los carbohidratos, obtenidos de los cereales y el pan. Le seguirían, con una menor proporción, los vegetales y las frutas. A continuación, con todavía menos peso, encontraríamos los lácteos y las carnes para finalizar con las grasas y los azúcares. Existen unos valores que se otorgan a cada peldaño de la pirámides medidos en "porciones". No voy a entrar en detalles porque es difícil acordarse de tanto número y con aplicar la lógica es más que suficiente. Además el término "porción" es muy dado a confusiones. Utilicemos mejor un ejemplo. Tenemos previsto dar a nuestra família un par de chuletas de cerdo por comensal. La chuleta de cerdo es carne y por tanto se encuentra en el tercer peldaño de la pirámide nutricional. Si no hemos previsto un primer plato lo correcto sería acompañar las chuletas con un alimento de la base de la pirámide. Podemos servir la carne con arroz o algún tipo de pasta (macarrones, spaghetti etc). Tanto el arroz como la pasta son cereales. La ración deberá ser generosa pero siempre estudiando la cantidad de pan que suele comer cada comensal puesto que el pan es también un cereal y si se come mucho se puede bajar la cantidad de pasta o arroz. Todavía necesitamos añadir vegetales al plato. Si no queremos sobrecargarlo lo ideal es hacer una ensalada verde aparte que nos aportará fibra y vitaminas. Los lácteos los podemos obtener si a esa pasta le añadimos un poco de queso rallado. La grasa vendría dada por el aceite virgen extra de oliva con el que hemos frito las chuletas y las frutas las reservaríamos para el postre. Con un par de mandarinas ya hemos hecho una comida sana y nutricionalmente equilibrada. Ahora pensemos que en lugar de chuletas servimos croquetas. Las croquetas se hacen con una bechamel espesa (leche y harina) a la que se ha añadido un sabor (pollo, bacalao etc). Por tanto podría ser desequilibrante hacer un acompañamiento de pasta o arroz. Lo recomendable en este caso es acompañar las croquetas con guisantes salteados o simplemente cocidos, prescindir de la ensalada si queremos y seguir concluyendo con fruta de postre. También hay que advertir que las croquetas precocinadas son nutricionalmente muy pobres. Tienen poca proteína - vamos, que el sabor de pollo que intuyes es casi totalmente debido a la acción de los reforzantes de sabor - y no estaría de más añadir un huevo cocido en el plato. ¿Y el pescado? El pescado blanco por ejemplo es pura proteína y muy poca grasa. Por tanto es aplicable lo dicho para las chuletas con el añadido que si estamos realizando una dieta hipocalórica el modo de preparar la pasta o el arroz es importante.
Y sigue habiendo cosmética en la realización de los acompañamientos. O debería haberla. La separación entre ingrediente principal y acompañamiento se diluye en la cocina moderna. Los elementos se imbrican, a menudo por contraste, y no es extraño que a menudo valga más la pena el acompañamiento que el objeto principal del plato. Un buen acompañamiento, bien cocinado, hace atractivo todo el plato e invita a su degustación.

INGREDIENTES :

100 gramos de macarrones
1 cucharada de mantequilla sin sal
1 cucharada de albahaca picada
Queso rallado (opcional)
Sal

Hervimos los macarrones en agua con sal según las indicaciones del fabricante para dejarlos al dente. En una sartén fundimos la cucharada de mantequilla a fuego bajo. Cuando los macarrones están cocidos los echamos a la sartén y les damos unas vueltas durante un minuto. Espolvoreamos la albahaca y damos vueltas hasta que la mantequilla reduce. Los escurrimos bien y servimos de inmediato con queso rallado si así lo desea el comensal. Son unos macarrones muy sencillos de hacer pero que tienen un aroma y un gusto muy agradable.
Habréis advertido la presencia de la mantequilla. Se pueden hacer con aceite de oliva pero el sabor nos recordará demasiado a la salsa pesto. Queremos algo muy suave para acompañar un pescado blanco como el lenguado, por ejemplo. Siempre y cuando no estemos dentro de una dieta de calorías limitadas en la cual sería desaconsejable.

nota : lo que en España denominamos generalmente como "macarrones" son en realidad "penne". Por tanto en esta receta hemos empleado "penne" no macarroni que son diferentes (al menos en Italia).

1 comentario:

  1. Muy buena explicación, tienes unas recetas muy variadas. Un saludiño.

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