Busca tu receta

domingo, 9 de febrero de 2014

Acné adolescente y alimentación

El acné es una enfermedad crónica que padece o ha padecido la práctica totalidad de la población mundial y que cuenta con una mayor incidencia en individuos cuya edad se sitúa entre los 12 y los 25 años. Siempre se ha asociado al desarrollo de la pubertad y por tanto a la aparición de cambios hormonales, pero la verdad es que existen muchos tipos de acné y no todos ellos se pueden explicar por el crecimiento normal del individuo. Hay individuos que nunca llegan a padecer ni asomo de acné mientras que para otros es un 'fiel' compañero durante toda su vida.

El acné afecta a las glándula sebáceas. Los poros de la piel se conectan a las glándula sebáceas que producen una sustancia grasa denominada sebo. El canal a través del cual se unen las glándulas con los poros se denomina folículo. Cuando se tapa un folículo se crea un grano o una espinilla.

No existe una única causa que motive la aparición del acné. Se sabe que existe una carga genética importante : si nuestros padres padecieron acné es más que probable que también se padezca acné. Los cambios hormonales explicarían muchos de los problemas de los adolescentes así como de las embarazadas o para aquellas mujeres que comienzan a tomar píldoras anticonceptivas. También algunos medicamentos pueden provocar o ayudar a desarrollar acné, así como emplear maquillaje con una base grasa.

Durante muchos años se estableció una relación directa entre el acné y la higiene del individuo que la padecía. Ahora se sabe que los continuos lavados de la cara de hecho empeoran la enfermedad. También se decía que la luz solar 'secaba' las glándulas, favoreciendo la desaparición de los granos y espinillas. Nada más lejos de la realidad. Hoy se sabe que precisamente es importante no exponerse a fuentes de rayos ultravioletas. Otra terapia que se aplicaba hace años consistía en suministrar antibióticos al paciente por vía oral o cutánea, terapia que hoy se desestima como única solución al problema. Es conocida la acción de la bacteria Propionibacterium acnes como causante de lesiones cutáneas secundarias debidas al bloqueo del folículo por parte del sebo, pero ella en sí no provoca el aumento en la generación de dicha substancia bloqueante.

Pero si algo ocurría cuando aparecía el acné era la prohibición de consumir determinados alimentos. Se echaba la culpa, o al menos de su agravamiento, a determinados alimentos, generalmente el chocolate y las comidas grasas. Aunque se han realizado muchos estudios al respecto, hoy en día se descarta que ninguna de ellas agrave significativamente la enfermedad por si solas y mucho menos genere el problema.  Lo que sí se sabe es que existe una sofisticada conexión entre la alimentación y el acné.

Por ejemplo se ha demostrado plenamente que la piel propensa al acné es resistente a la insulina. 

Los carbohidratos de alto índice glucémico , como el azúcar , la harina, los cereales refinados , las patatas blancas etc que son absorbidos rápidamente por nuestro organismo son los principales sospechosos en el agravamiento de del acné . Estos carbohidratos son digeridos y absorbidos en el torrente sanguíneo , causando un aumento inmediato en los niveles de insulina. Los altos niveles de insulina aumentan el riesgo de acné. Puesto que la insulina es una hormona del crecimiento, se está estimulando la creación excesiva de células de la piel. Por otro lado la insulina eleva los niveles de andrógenos, es decir, de las hormonas masculinas como la DHEA y la testosterona. Se sabe que los andrógenos aumentan la producción de sebo por lo que consumir muchos carbohidratos rápidos redunda en una mayor producción de sebo con el consiguiente peligro de que los folículos queden bloqueados.

Los productos lácteos también pueden agravar el acné. Dichos productos contienen dos tipos principales de proteínas, la caseina y el suero de leche. Las proteínas del suero desencadenan también picos de insulina como ocurría con los carbohidratos de alto índice glucémico. Además contienen un factor de crecimiento llamado betacelulina que se une con un receptor especial de las células de la piel llamado EGFR. Cuando una betacelulina se une a un EGFR el folículo empieza a generar más sebo del habitual.

También se sabe que una descompensación entre el omega-3 y el omega-6 que recibimos a través de la alimentación puede agravar los problemas cutáneos. Si recibimos un exceso de omega-6 a través por ejemplo de aceites vegetales (de maíz, de soja etc) en comparación con el omega-3 que recibimos a través del pescado, el acné empeora.

De todo ello se deduce lo siguiente :

Es más que probable que la mayor parte del acné que padecen los adolescentes tenga un origen hormonal y en determinados casos debido a la carga genética herededa. La alimentación por si misma no genera el problema pero puede agravarlo si no se toman algunas medidas muy simples y nada limitantes. Pueden ser medidas que se apliquen para suavizar los efectos de la enfermedad, retomándose las costumbres habituales una vez el problema remita.

  • Es importante cambiar la ingesta de carbohidratos de alto índice glucémico por otros de bajo índice, es decir, de absorción lenta que no dispare la producción de insulina. Substituiremos el pan refinado por el integral, disminuiremos la ingesta de azúcar y eliminaremos todo tipo de bollería de nuestra dieta. Pero nunca, bajo ningún concepto, dejaremos de consumir carbohidratos, sólo que serán siempre del tipo integral. El pan, la pasta, las tostadas, siempre integrales. De hecho este cambio debería ser permanente, la salud de la persona lo agradecería.
  • Disminuiremos el consumo de leche y de lácteos (queso, yogur, mantequilla ...). Para compensar la pérdida de proteínas, minerales y vitaminas que dicho cambio provocará comenzaremos a consumir más proteína vegetal y verduras de hoja verde, una fuente muy rica de calcio. 
  • Es conveniente enriquecer nuestra dieta con muchas verduras y frutas.
  • Aumentaremos el consumo de omega-3 para compensar el excesivo consumo de omega-6. Lo mejor es consumir pescado azul al menos tres veces a la semana.
  • Y LO MÁS IMPORTANTE ! Acudir al dermatólogo. Y decimos dermatólogo, no centro de estética o similar puesto que el acné ES UNA ENFERMEDAD que debe ser diagnosticada por un médico especialista que recetará los tratamientos que considere oportunos y recomendará la dieta más apropiada. Un acné cogido a tiempo puede ser una enfermedad crónica leve que desaparecerá pronto o convertirse en un problema que pueda generar feas cicatrices que nos acompañarán de por vida  y ser fuente incluso de problemas psicológicos.


Referencias bibliográficas :

Berra B and Rizzo AM. Gycemic index, glycemic load:  new evidence for a link with acne.  Journal of the American College of Nutrition 2009; 28 (4), 450S–454S.

Block SG et al.  Exacerbation of facial acne vulgaris after consuming pure chocolate.  Am Acad Dermatol 2011; 65(4): 114-5.

Cordain L et al.  Acne vulgaris:  a disease of Western Civilization.  Arch Dermatol 2002; 138(12): 1584-1590.

Cordain L.  Implications for the Role of Diet in Acne.  Semin Cutan Med Surg 2005; 24:84-91.

Fulton JE Jr et al.  Effect of chocolate on acne vulgaris.  JAMA 1969; 210 (11): 2071-2074.

Goh W et al.  Chocolate and acne: how valid was the original study? Clinics in Dermatology 2011; 29: 459–460

Jung JY et al.  The influences of dietary patterns on acne vulgaris in Koreans.  Eur J Dermatol 2010; 20: 768-772.

Kwon HH.  Clinical and histological effect of a low glycaemic load diet in treatment of acne vulgaris in Korean patients:  a randomized, controlled trial.  Acta Derm Venereol 2012; 92: 241-246.

Lindeberg S et al. Low serum insulin in traditional Pacific Islanders–the Kitava Study. Metabolism. 1999;48:1216–9.

Melnik BC.  Dietary intervention in acne:  attenuation of increased mTORC1 signaling promoted by Western diet.  Dermato-Endocrinology 2012; 4 (1): 20-32.

Paoli A et al.  Nutrition and acne: therapeutic potential of Ketogenic diets.  Skin pharmacol physiol 2012; 25(3): 111-117.

Smith RN et al.  A low-glycemic-load diet improves symptoms in acne vulgaris patients:  a randomized controlled trial.  Am J Clin Nutr 2007; 86:107–15.

Taylor M et al. Pathways to inflammation: acne pathophysiology.  Eur J Dermatol 2011; 21(3): 323-33.

Veith WB and Silverberg NB.  The association of acne vulgaris with diet.  Cutis 2011; 88(2): 84-91.

Yang JH et al.  A comparative study of cutaneous manifestations of hyperandrogenism in obese and non-obese Taiwanese women.  Arch Gynecol Obstet 2010; 282(3):327-33.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada