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viernes, 5 de septiembre de 2014

Comer o no comer productos caducados

Soy del parecer que no se deberían consumir productos caducados. Entiendo que hayan aparecido iniciativas que pretenden alargar la vida útil de los alimentos más allá de lo marcado como fecha de caducidad en su etiqueta como medida de ahorro - según la Unión Europea tiramos demasiada comida a la basura - pero no es lo mismo consumir unos cereales o una galleta tres días después de que caducaran que llevarse a la boca un bistec fuera de fecha : con los primeros no va a pasar nada mientras que con el segundo te puedes morir. Y no estoy exagerando.

En primer lugar antes de llevarse nada a la boca fuera de fecha conviene aplicar el sentido común. Si huele raro, o tiene un aspecto extraño, esté o no caducado es conveniente no arriesgarse.

En segundo lugar, en ausencia de signos alarmantes, siempre será más seguro consumir un alimento seco que otro con cierto grado de humedad. Por tanto pese a que el envoltorio marque una fecha lejana seguramente no pasará nada por consumir pasta, galletas, cereales o legumbres secas. Como máximo notaremos algún regusto rancio pero nada más. Los productos secos son aquellos que contienen menos de un 14% de humedad y en ellos es difícil que proliferen las bacterias a no ser que sean del tipo extremófilo (que pueden vivir en condiciones extremas de salinidad, radiación ultravioleta, sequedad...) pero vamos, que sería una cruel casualidad que una extremófila llegara a nuestro paquete de garbanzos.

En tercer lugar conviene indicar que los alimentos con muchos conservantes añadidos soportarán mejor su envejecimiento. Esto va en contra de la legislación corriente y seguramente de nuestra salud, pero es un hecho incontestable que sólo en el caso de encontrarnos ante la tesitura de consumir un producto caducado puede tener cierta utilidad.

También conviene indicar que es falsa la creencia de que los alimentos caducados con signos de estar estropeados, si contuvieran alguna bacteria nociva, por el simple hecho de cocinarlos a conciencia volverían a ser aptos para el consumo. Es cierto que la mayoría de las bacterias mueren a altas temperaturas pero los productos con cierto volumen es posible que alberguen bacterias en su interior donde el calor no alcanza la suficiente temperatura para matarlas. Pero el mayor problema reside en las toxinas que las bacterias liberan como resultado de su metabolismo. Las toxinas son productos de desecho que no siempre se destruyen por efecto del calor y pueden provocar intoxicaciones graves.


No es nada recomendable consumir fuera de fecha productos como los embutidos, los huevos o los productos lácteos. Todos ellos son productos húmedos. Los primeros se suelen confeccionar con carne cruda que se seca hasta cierto punto, así que son proclives a tener gran cantidad de bacterias. Los huevos, incluso sin poseer la temible salmonela, puede albergar otros microorganismos potencialmente peligrosos. Si vamos a consumir huevos fuera de fecha, primero pensadlo dos veces, y luego comprobar que está en relativo buen estado introduciéndolos en una cazuela con agua y sal. Si el huevo flota en la superficie sin quedar entre dos aguas, mejor estará en el cubo de basura.

Los lácteos como la leche o los postres son también susceptibles de ser atacados por bacterias muy nocivas para nuestra salud. El yogur, que se emplea siempre como ejemplo de alimento que fuera de fecha sigue siendo apto para el consumo, se debe evaluar con cuidado. Un yogur se podrá consumir una vez rebasada la fecha de caducidad sólo si se trata de yogur puro, esto es, debe leerse en la etiqueta claramente la palabra "yogur" y al abrirlo debe tener una textura firme y un sabor ácido (a menos que haya sido edulcorado).  En el yogur las bacterias yogurtizantes - y por tanto benignas -  han convertido la lactosa en ácido láctico. Este ambiente es muy hostil para las bacterias malignas, así que estas tienen problemas para proliferar y ser un peligro.  Pero si el yogur en realidad indica en su etiqueta "fermento láctico" o contiene otros aditivos lácteos entonces su consumo fuera de fecha es tan peligroso como el de cualquier producto lácteo. Y os puedo asegurar que en los coloridos anaqueles refrigerados donde se guardan los yogures en los supermercados os va a ser difícil encontrar un yogur auténtico.

Las latas pueden ser consumidas más allá de su fecha de caducidad. Esto sólo es válido en el caso de las latas de conserva auténticas, no en el caso de las latas de semiconservas que necesitan refrigeración. Quedan también excluidas las latas que presenten abolladuras o muestren deformidades que podrían ser debidas a actividad bacteriana en su interior. Para que la lata no se deteriore rápidamente es imprescindible que se guarde en un lugar fresco, lejos del sol y del calor. Aunque es difícil precisar el máximo tiempo en que se puede consumir alimento enlatado más allá de su fecha de caducidad digamos que puede llegar hasta un año, manteniéndonos en el lado más precavido del pronóstico,

La carne y el pescado JAMÁS se deberían consumir más allá de la fecha de caducidad. Es realmente peligroso. La carne, especialmente la tratada como la que se emplea para hacer hamburguesas contiene una bacteria denominada listeria que es potencialmente mortal. Aunque se da raramente provoca un tipo de meningitis que es mortal en el 90% de los casos. La listeria está presente en la leche, los quesos, las verduras crudas y por supuesto la carne.

Para los alimentos congelados rige lo mismo que se había indicado para los de lata, con la excepción de la CARNE y LOS PESCADOS. Aunque los alimentos congelados tienen una actividad bacteriana muy baja ésta no es nula, así que comer carne fuera de su fecha de caducidad puede ser nocivo. Para congelar la carne es recomendable hacerlo justo en el momento de comprarla y respetar el tiempo máximo de conservación que marca el congelador. A menudo es recomendable cocinar la carne para luego congelarla. Así evitaremos muchos sustos.

La fruta y la verdura no tienen una fecha de caducidad marcada - excepto la irradiada o la envasada - ya que su deterioro suele ser visible y en caso de consumirla en tal estado los síntomas que nos provocarían serían nulos o muy leves. Eso sí, es importante lavarla muy bien antes de consumirla.


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