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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Intxaursalsa

Probablemente muchos no conoceréis la Intxaursalsa. Es una de esas recetas tradicionales que casi se perdieron y que sólo la labor de los cocineros vascos ha podido recuperar en los últimos años.
El nombre es vasco y significa salsa de nueces, si bien la forma correcta de escribirlo es intxaur-saltsa (donde intxaur es nuez). Es un postre muy sencillo de hacer que siempre ha tenido fama - mala fama - de ser muy calórico. Es cierto, pero  esto se compensa sabiendo que las nueces cuentan con aceite oleico y aceites polinsaturados que son muy eficaces para luchar contra las enfermedades coronarias tal y como se puede leer en este artículo. De hecho está demostrado que acabar una comida muy  copiosa consumiendo nueces minimiza el impacto sobre nuestras arterias provocadas por las grasas saturadas de origen animal previamente ingeridas (vamos, que el cuerpo se nos queda como si no hubiéramos cometido ningún exceso).

Sí que hay que indicar que lleva bastante azúcar y contra ella no hay excusa posible a menos que empleéis azúcar moreno o un edulcorante no artificial (stevia o sirope de ágave, por ejemplo). En cualquier caso es un postre indicado para los amantes de los frutos secos y en particular de las nueces.


INGREDIENTES (4 comensales)

1 litro de leche entera
150 gramos de nueces (el peso del fruto sin la cáscara)
100 gramos de azúcar ( o el equivalente del edulcorante natural)
1 rama de canela
Queso de oveja, manchego o de Idiazábal

En primer lugar machacamos las nueces hasta dejarlas muy trituradas. Si bien la receta original no lo indicaba así, a mí me gusta dejarlas convertida en una especie de harina gruesa.
Ponemos a hervir la leche con la rama de canela y cuando empieza a subir bajamos el fuego y añadimos las nueces y el azúcar sin dejar de remover ni por un segundo o el azúcar se podría pegar en el fondo del cazo. El hervor dura aproximadamente media hora, así que paciencia.
Notaréis que a medida que avanza la cocción la salsa se va espesando. De hecho al final debe quedar con la consistencia del arroz con leche. Una vez transcurrido el tiempo, desechamos la canela y vertemos la preparación en moldes individuales que llevamos al frigorífico por espacio de dos o tres hora cuando la temperatura de los mismos ha bajado.
Se sirven fríos con el queso rallado por encima aunque algunos, puestos ya a soltarse el cinturón, le ponen hasta nata montada. En cualquier caso está de vicio.



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