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Arnadí de Semana Santa



















El arnadí es un postre que se remonta al tiempo del Al-Andalus, cuando los árabes dominaban gran parte de la Península ibérica. La etimología del nombre es objeto de discusión : tal vez sea un vocablo árabe-andalusí ya en desuso o bien la referencia a su procedencia. En este último caso se trataría de una modificación del vocablo "garnatí", es decir, de Granada. Actualmente su confección se ha centralizado en la zona de Valencia y es algo así como el postre típico de Xátiva. Se suele consumir en Semana Santa pero en la actualidad se realiza en cualquier fecha del año ya que los ingredientes están disponibles durante varias estaciones.

Se puede hacer con calabaza o una mezcla de calabaza y boniato. La verdad es que ignoro qué se empleaba en la receta original árabe. Ni la calabaza que conocemos - la típica empleada por Halloween - ni el boniato fueron accesibles en Europa hasta bien entrado el siglo XVI, así que supongo que se empleaba la pulpa de otro tipo de calabaza originaria de Asia y que ahora está en desuso en nuestra gastronomía.

INGREDIENTES :

  • 1 Kg de pulpa de calabaza
  • 4 huevos
  • 6 cucharadas de miel de azahar
  • 50 gramos de piñones
  • 100 gramos de almendras molidas
  • 50 gramos de almendras tostadas
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • Limón

Con respecto a la miel, indicar que simplemente se trata de miel obtenida por las abejas exclusivamente de las flores del naranjo. Es fácil de encontrar en herbolarios o supermercados como el Mercadona. Si no podeis encontrarla, emplead en su lugar 1 Kg de azúcar blanquilla convencional.

Para obtener la pulpa de la calabaza simplemente cogéis una calabaza entera, la troceáis si es muy grande, y meteis en el horno a 210 grados durante una hora, aproximadamente (o hasta que la carne esté tierna). Cuando esté bien horneada la sacais, la vaciais y pasais por la trituradora. Aquí había un paso previo en el recetario antiguo que consistía en poner la masa en una tela y dejarla colgada para que vaya escurriendo el agua sobrante durante toda una noche. Una forma más rápida consisten en depositar pequeñas bolas en un colador fino e ir apretando con una cuchara de madera para que suelte el agua. A la pulpa resultante se le añade la almendra molida, los huevos, la miel o azúcar, la cucharadita de canela y una raspadura de la piel del limón y se amasa hasta que quede homogénea.

La masa se va colocando en cazuelitas pequeñas de barro dándole una forma de cono (ver fotografía). Se decora con almendras tostadas y piñones para hornearlas a continuación a 150 grados hasta que la superficie está ligeramente dorada.

Se dejan enfriar a temperatura ambiente para entonces enfriarlas en el frigorífico, si bien se pueden consumir tal cual o incluso calientes.

Torrijas tradicionales

Ya se acerca la Semana Santa - la próxima semana, sin ir más lejos - y es el momento estelar para las torrijas, además de para otros dulces que iremos viendo a lo largo de los próximos días.

Las torrijas surgen del aprovechamiento del pan duro sobrante de días anteriores. Son muy sencillas de hacer, típicamente españolas, y realmente sabrosas. 

INGREDIENTES :

  • 1 barra de pan duro pero no en exceso, del día anterios(en algunas panaderías o supermercados se venden por estas fechas panes destinados a hacer torrijas. Si no se dispone de los mismos se hace con una barra ancha si puede ser densa, es decir, con poca levadura)
  • 1 litro de leche
  • 3 ó 4 huevos
  • 100 gramos de azúcar
  • Canela en rama (1 ó 2)
  • Canela en polvo
  • 1 peladura de limón
  • Aceite virgen extra de oliva
Cortamos con un cuchillo muy afilado la barra de pan en rebanadas de un dedo de ancho como mínimo, aproximadamente. Es conveniente que el pan esté duro pero no seco ya que se desmigaría. Si lo compráis en la panadería le pedís que os la corten ellos con la máquina si pueden hacer el grosor requerido. Lo guardáis en un lugar cerrado y hasta el siguiente día.

Herviremos la leche con la rama de canela y la piel del limón sin la parte blanca ya que amarga (es decir, la piel extraída debe ser traslúcida). Se puede añadir el azúcar pero en ese caso se tendrá que remover constantemente para que no se pegue.

Cuando la leche hierva apagamos el fuego y dejamos reposar retirando el limón y la rama de canela. En ese momento vamos añadiendo la mitad del azúcar cucharada a cucharada (50 gramos son unas 2 cucharadas y media, más o menos). No pongáis todo el azúcar. Esto es importante porque cuanto más dulce sea la mezcla más pesadas y empalagosas resultan las torrijas. Removéis a conciencia y cuando la leche todavía esté bien caliente para que se disuelva bien.

Cuando la leche esté tibia o mejor fría cogemos las rebanadas de pan y las sumergimos en ella en un plato o fuente honda de manera que la rebanada “haga pie”. Esto es importante para que no se desmigue pero quede a la vez  mojada pero sin empaparse hasta el punto de que se desmigue o incluso rompa al manipularla. Debe permanecer en el líquido unos breve segundos.

Una vez las rebanadas se han mojado las pasamos por el huevo batido por ambos lados y con la ayuda de una espátula las depositamos en una sartén con abundante aceite pero no demasiado caliente de manera que prácticamente no burbujee. Cuando consideramos que la cara inferior está frita le damos la vuelta con cuidado de no romper la rebanada. En cuestión de dos o tres minutos debería estar lista, obteniendo un color dorado que nunca muy oscuro. Retiramos el aceite sobrante con la ayuda de un papel de cocina y espolvoreamos con azúcar y canela en polvo.

Una receta sencilla que es imposible que no guste a todo el mundo.

Dulces de cardamomo

Las klejah son muy populares en todo Oriente Medio pero especialmente en los países del Golfo (Kuwait, Arabia Saudita, Qatar etc) aunque su origen parece ser Irak. Así como en Inglaterra se acompaña el té con plumcake, en Oriente tanto el té como el café se suelen servir con klejah, unas galletas aromatizadas con cardamomo. 

El cardamomo es una especia bastante cara muy empleada en Oriente Medio, sólo superada en precio y en uso por el azafrán. 


INGREDIENTES :

  • 3 vasos colmados de harina de trigo integral (es importante ! no uséis harina blanca)
  • Medio vaso generoso de aceite de girasol
  • Tres cuartos de vaso de azúcar
  • Un cuarto de vaso de leche semi o desnatada
  • 1 huevo 
  • 1 cucharada de levadura fresca
  • 2 cucharaditas de cardamomo
  • 1 pellizco de azafrán (opcional)
  • Un pellizco de sal

En primer lugar mezclamos el azúcar y la leche en una cacerola  a fuego bajo. Remover sin parar hasta que el azúcar se disuelve evitando que la leche hierva. Retiramos y reservamos.

Tamizamos la harina y añadimos el aceite, mezclando bien (se suele emplear un tenedor para hacer esta labor). A continuación añadimos el resto de ingrediente y la leche (que debe estar ya fría) y mezclamos bien. Atención, y esto es importante, los ingredientes se deben mezclar bien pero la bola de masa resultante no se debe amasar : se la deja reposar en un lugar fresco y oscuro durante 15 minutos y a continuación se estira con la ayuda de un rodillo hasta que la placa resultante tiene medio centímetro de grosor, más o menos.

Utilizando un vazo o un molde para hacer galletas cortamos los círculos y los depositamos sobre un papel para hornear. Es tradicional dibujar un enrejado sobre las galletas, para lo cual podéis emplear un cuchillo o similar.

Precalentamos el horno a 180 grados e introducimos las galletas hasta que estén doradas, lo cual suele conseguirse tras 15 ó 20 minutos.

Sólo con el olor que desprenden ya os parecerá estar de viaje por Oriente.

Pastel de chocolate a la alemana

Este pastel se denomina en alemán Kalter Hund, lo cual a veces se traduce con "Perro frío".

El extraño nombre que posee alude al frío que se necesita para fraguarlo y a un error en la traducción. "Hund" en alemán no solo significa perro, también vagoneta. Dada la forma que toma el pastel tras pasar la noche en el molde rectangular está bastante claro que alude a una vagoneta y no a un perro. 

Se realiza alternando capas de galletas con crema de chocolate, sin usar horno (los dulces que no lo necesitan suelen hacerse muy populares). Para el fraguado basta usar el frigorífico.

INGREDIENTES :

  • 150 gramos de chocolate de cobertura
  • 150 gramos de chocolate con leche o con el tanto por ciento de pureza que deseemos (al gusto)
  • 125 gramos de galletas*
  • 80 gramos de manteca de coco**
  • 100 ml de nata para cocinar (18% MG) o bien para montar (35% MG)
  • 20 gramos de azúcar vainillado

* Las galletas que se emplean en Alemania son ricas en mantequilla, con forma rectangular. Pueden encontrarse en España en cualquier supermercado, a veces como galletas belgas o de mantequilla

** La manteca de coco es un ingrediente habitual de la respostería centroeuropea. Se puede conseguir en nuestro país pero en tiendas especializadas o grandes superficies.  No es un problema porque se puede crear manteca de coco simplemente triturando virutas o coco rallado. Tras triturar el coco queda con la consistencia de una crema gracias a los aceites que se desprenden en el proceso.

En primer lugar troceamos el chocolate de cobertura y el que hayamos elegido para complementar el sabor del mismo. Si os gusta el cacao fuerte, elegid al 70 u 80%. Si en cambio lo preferís suave, uno que sea mezcla de cacao y leche.

Incorporamos el chocolate en una cazuela a fuego muy bajo junto a la manteca de coco y la nata para cocinar (o para montar, si no os importa el exceso de grasa). A continuación se añade el azúcar vainillado, removiendo bien.

Para hacer 80 gramos de manteca de coco, si no la habéis podido conseguir en vuestro comercio habitual, debéis de triturar al menos 150 gramos de coco rallado o en escamas. Emplead para ello una trituradora potente que pueda reducir el tamaño de la ralladura al mínimo. Este proceso permitirá la liberación de los aceites propios consiguiendo una especie de crema.

Debéis disponer de un molde rectangular de silicona o metálico de los que se emplean para hacer pan de molde. Debe ser de unos 20 cm de largo por 10 de ancho.

Lo primero que hay que hacer es con una brocha pintar el interior del molde con mantequilla derretida. Da igual que el molde sea de silicona, ya su efectividad es casi igual a los de metal si no se emplea el calor, como es el caso.

A continuación se debe forrar con una bolsa de plástico de las que se emplean para congelados o bien con papel para hornear, aunque es más efectiva la primera. Debemos asegurarnos que queda bien pegada a las paredes internas del molde y que tirando de los extremos de la misma saldrá el pastel sin problemas.

Empezamos entonces a colocar las galletas en el fondo del molde, directamente sobre el plástico. Deben cubrir bien la superficie y si es necesario, romper algunas para que no quede ningún hueco grande.

A continuación cubrimos la capa de galletas con la crema de chocolate. Seguidamente otra capa de galletas y así sucesivamente hasta que finalizamos las mismas o bien queda 1 centímetro para alcanzar el borde del molde. En ese momento cubrimos con el resto de la crema de chocolate aunque el grosor sea muy superior al que hemos empleado con las capas intermedias. Esto es, cuando giremos el pastel la base será una capa de chocolate grueso y la parte superior, de galletas.

Ahora debemos dejarlo reposar en el frigorífico al menos unas 6 horas, así que lo mejor es dejarlo toda la noche.

Al día siguiente con un cuchillo separamos el plástico de las paredes internas del molde y con sumo cuidado damos la vuelta (lo mejor es emplear una tabla de picar, una bandeja o un plato grande) de manera que el pastel se desprenda sin romperse. Es el momento de retirar el plástico para dejar la "vagoneta" a la vista.

Siempre se sirve cortado en rodajas que el comensal pinzará de la fuente.


Extraído del libro "Recetas alemanas esenciales"

Habas a la granaína

Esta receta es típica de Granada, caracterizándose por la facilidad en la realización y porque puede constituir sin problemas un plato único si añadimos a la comida una ensalada o un postre de fruta fresca.

El plato se suele acompañar opcionalmente de huevos, a veces cocidos, a veces fritos, pero en este caso los vamos a hacer pochados y un poco picantes.

INGREDIENTES (4 personas) :

  • 1 Kg de habas tiernas (congeladas o frescas, en este último caso serían 1.3 Kg con las vainas)
  • 200 gramos de jamón serrano cortado en lonchas
  • 4 huevos
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 1 vaso y medio de vino blanco (300 ml)
  • Laurel (opcional)
  • Sal
  • Salsa tabasco
  • Vinagre
  • Sal
  • Pimienta negra molida
  • Aceite virgen extra de oliva

En primer lugar vamos a freír los dientes de ajo en una sartén honda con un chorro generoso de aceite de oliva. Cuando están dorados los retiramos e incorporamos la cebolla bien picada, un pellizco de sal y el jamón en lonchas no muy grandes.

Cuando la cebolla transparenta añadimos la habitas y las removemos durante unos 6 ó 7 minutos. Tened la precaución de utilizar una sartén grande para evitar que las habas hagan "montón".

Añadid a continuación el vino y dejad hacer a fuego medio-bajo hasta que el líquido se evapore totalmente. Si queréis añadid una hoja de laurel.

Antes de que el vino desaparezca comprobad si las habas están tiernas y salpimentad al gusto. Si no estuvieran tiernas añadid un poco de agua y cubrid la sartén.

Mientras vamos a preparar los huevos pochados. En una olla vertemos un litro de agua y un chorro generoso de vinagre, y calentamos hasta que empiece a hervir. Rompemos un huevo y lo colocamos en un cazo de los que se emplean para repartir sopa. En la yema vertemos un poco de sal y unas gotas de salsa tabasco. El vinagre servirá para evitar que la clara del huevo se diluya en el agua si accidentalmente lo sumergís.

Introducimos el cazo en la olla con el agua hirviendo y sin que se hunda en la misma la clara irá cuajando dejando la yema tierna y bien picante. Cuando la yema ya no se vea - la clara se torna de color blanco y opaca - retiramos y pasamos a hacer otro huevo con la misma técnica.

Se emplatan las habas acompañadas del huevo pochado por comensal. Un plato sencillo que no lleva más de media hora y sobretodo muy gustoso.

Sobaos pasiegos

Uno de los dulces más representativos de la repostería cántabra y una verdadera delicia para el paladar a no ser que hayáis cometido el error de degustar algunos productos de bollería industrial  con la apariencia de sobaos pero que distan mucho de serlos. Nada que ver con los que se venden en Santander o los que podéis hacer en casa con muy pocos ingredientes y a un precio más que asequible. Y por si fuera poco, son fáciles de recordar y de hacer en cualquier cantidad ya que azúcar, mantequilla y harina han de tener el mismo peso.


INGREDIENTES :

  • 100 gramos de mantequilla
  • 100 gramos de azúcar
  • 100 gramos de harina
  • 2 huevos

En primer lugar batimos la mantequilla a punto de pomada con el azúcar hasta obtener una masa cremosa. Sin dejar de batir vamos añadiendo los huevos.  A continuación incorporamos la harina tamizada -para que no haga grumos - y batimos bien hasta obtener una masa cremosa. 

Precalentamos el horno a 180 grados. Vertemos la masa en una fuente preferiblemente cuadrada que pueda ir al horno. Puede ser una fuente de aluminio desechable o bien de silicona. Debemos dejar una profundidad de alrededor de un dedo y medio. Horneamos durante 30 minutos o hasta que la superficie queda tostada y al meter un palillo éste salga seco. Como no tenemos levadura, podéis abrir el horno sin problema para ir comprobando la cocción.

Dejamos enfriar y cortamos en cuadrados, listos para ser consumidos. Son fáciles de hacer y están buenísimos.

Buñuelos de calabaza para las Fallas valencianas

Las Fallas finalizan este domingo de San José, pero llevan consumiéndose en Valencia a destajo desde hace semanas.

Un dulce muy típico de estas fiestas donde por tradición se consumían el 19 de Marzo pero que actualmente casi se encuentra en cualquier fecha del calendario.  Son fáciles de hacer y muy sabrosos.

INGREDIENTES :

  • 400 gramos de pulpa de calabaza
  • 400 gramos de harina de repostería
  • 25 gramos de levadura fresca (la que hay que guardar en frigorífico)
  • 50 gramos de azúcar
  • 1 limón
  • Aceite de girasol/maíz o canola, al 50%, y aceite virgen extra de oliva al 50%
  • Azúcar glass (impalpable) o normal, para cubrir, al gusto

Cocemos la calabaza limpia, sin piel, y cortada en trozos no muy grandes. No pongáis mucha agua, justo para cubrir. 

Una vez la calabaza esté blanda la escurrimos (reservando el agua de cocción) y la trituramos con un tenedor o similar.

Disolvemos la levadura en el agua de cocción de la calabaza - ya tibia y donde habremos añadido los 50 gramos de azúcar  - y la dejamos reposar durante unos 15 minutos.

En un bol grande vertemos la harina e incorporamos el agua de cocción con la levadura y el azúcar,  añadiendo además la ralladura de la piel del limón.

Removemos bien para que quede bien mezclado todo. 

Luego añadimos el puré de calabaza y removemos bien, trabajando la masa para que no quede ningún grumo. Dejamos reposar en un sitio oscuro y cubierto con un paño hasta que doble el volumen.

Disponemos ahora una sartén con un dedo de aceite y a fuego fuerte pero que no humee. Mojamos dos cucharas de sopa en el aceite para coger un poco de masa echándola en el aceite empujándola con la otra cuchara. 

Dejamos hacer hasta que se doran, evitando meter muchas a la vez y que se toquen. Como hay un buen fondo de aceite ni siquiera habrá que darles la vuelta.

Sacamos, dejamos escurrir el aceite sobrante y cuando estén tibios los rolamos por un poco de azúcar granulada o glass, al gusto.

Están de vicio.

Quesada a la aragonesa

Uno de los postres más sencillos de nuestro país. Se tarda más en leer este post - y mira que es breve - que en prepararlo. El resultado es además espectacular.

INGREDIENTES (4 personas) 

  • 400 gramos de requesón
  • 6 huevos
  • 180 gramos de azúcar
  • 1 limón

Desmenuzamos el requesón.

Batimos los huevos con el azúcar hasta que queda bien disuelto y hace espuma. Incorporamos entonces la piel rallada del limón. A continuación vertemos esta mezcla en el requesón sin dejar de remover, hasta que queda una pasta homogénea.

Incorporamos la masa a una recipiente metálico - por ejemplo una flanera - que pueda ir al baño maría. Disponemos una olla con agua y colocamos en el fondo un elemento metálico que separe la flanera de la olla. Colocamos la flanera sobre esta rejilla y llevamos a fuego medio. Tened en cuenta que el agua no debe alcanzar más allá de la mitad de la flanera y que no debe hervir de forma tumultuosa.

La quesada estará lista cuando haya cuajado (lo comprobáis metiendo un palillo y si sale seco, está lista). Si te gusta con la superficie un poco tostada se le puede dar un golpe rápido de gratinador o bien ponerle caramelo líquido por encima cuando se sirve, al gusto.

Se deja enfriar a temperatura ambiente y luego al frigorífico durante unas 2 horas.

Se puede hacer en flaneras individuales y si no queréis no es necesario desmoldar.

Como veis más sencillo no puede ser.

Almogrote gomero

Parece ser que el Almogrote de la isla de la Gomera (Canarias) es el último vestigio que queda en nuestro país de una salsa extraodinariamente popular en España durante la Edad Media denominada Almodrote.

El almodrote se hacía con tres ingredientes básicos : queso curado, ajos asados y aceite de oliva. Se comía untando pan o bien como acompañamiento de platos de carne. Como he dicho el almodrote fue muy popular en la cocina medieval pero desapareció totalmente a partir del siglo XVI.  Ocurrió que esta receta pertenecía a la gastronomía sefardita, si bien su origen podría ser la Hispania Romana. Se tomaba principalmente durante la Pascua Judía y por pura ósmosis pasó a la comunidad cristiana. Cuando los judios fueron expulsados de España resultaba sospechoso, "judeizante", realizar recetas propias de la extinta comunidad sefardí. Por ello se transformó la receta añadiendo manteca de cerdo, principalmente. Puesto que cualquier producto del cerdo está prohibido según la Ley Mosaica quedaba claro que la receta era "gentil" y no "judaizante".

Algunas recetas sobrevivieron a estos nuevos ingredientes aptos para los Inquisidores. La ensaimada mallorquina es probable que fuera un dulce típico de la Pascua judía a la que se añadió manteca de cerdo por razones no precisamente gustativas. La ensaimada sobrevivió al cambio pero el almodrote se extinguió. Lo mismo ocurrió con la pasta filo que se empleó profusamente en la cocina medieval española para desaparecer completamente tras las expulsión, hasta el punto que a los españoles nos parece un producto exótico cuando no desconocido. El almodrote ha sobrevivido en la comunidad sefardí turca y griega, asociada con otros productos, principalmente la berenjena. Como sabéis, los españoles expulsados por profesar la fe judía recalaron principalmente en el Magreb, en el norte de Grecia (principalmente Tesalónica) y Estambul.  Como no pudieron llevarse posesiones materiales al menos se llevaron su cultura gastronómica.

Ignoro totalmente por qué el almodrote sobrevivió en La Gomera. Es cierto que podría haber surgido en cualquier lugar en posesión de los mismos ingredientes pero el hecho de que entre la palabra almodrote y almogrote sólo cambie una letra es muy significativo. Eso sí, el almogrote gomero ha sufrido una evolución. La receta añade tomates que al ser un producto americano no estaba disponible durante la Edad Media en Europa. El queso a emplear es el excelento queso de cabra de la isla. El queso de cabra de La Gomera es una delicatessen. Se realiza con la leche de cabras autóctonas y está poco industrializado. Debido a la escasez de la materia prima se añade a veces leche de oveja. Para al almogrote auténtico se emplea un tipo de queso gomero ahumado. Si lamentablemente no disponemos de queso gomero podemos hacer almogrote empleando queso de oveja o cabra bien curado.

INGREDIENTES

  • 1 cuña de queso muy curado de cabra (preferiblemente) u oveja. La cuña de unos 200-250 gramos.
  • 4 tomates maduros
  • 2 dientes de ajo
  • 2 guindillas picantes
  • Aceite virgen extra de oliva

Cortamos la pieza de queso en cubos pequeños. Incorporamos en una mortero grande y majamos hasta conseguir una pasta. Pelamos y quitamos las semillas de los tomates. En este punto podemos incorporar a la pasta de queso directamente junto a los dos dientes de ajo pelados o bien asarlos un poco al horno fuerte (250 grados durante 10 minutos). Con tomates y ajos asados la crema queda más fuerte. Luego echamos las guindillas rojas picantes y majamos todos los ingredientes hasta que quede una pasta suave. A continuación incorporamos poco a poco el aceite, sin dejar de majar para conseguir la consistencia que deseemos : más aceite, más cremoso.
Paisaje de La Gomera

Otra manera más rápida de hacer el almogrote es incorporar a una batidora eléctrica ( o de vaso) todos los ingredientes a la vez (con los dientes de ajo y los tomates asados o no) y un cuarto de vaso (50 ml) de aceite. Batimos hasta obtener una pasta muy suave.
Se come como entrante  untando pan tostado o mojando picos de pan. Si os gusta mucho el queso fuerte este es definitivamente vuestro mejor aperitivo. Para mí desde luego es un manjar aunque no puedo hacerlo con el queso original.. 
Claro que tal vez nunca será el mismo almogrote de La Gomera, así que no hay nada mejor que dejarse caer por la isla y aprovechar para visitar el Parque Nacional de Garajonay y otras maravillas de ese remoto lugar.

Baked loaded potatoe

El nombre en inglés "norteamericano" es baked loaded potatoe , que se traduciría como "patata cargada asada". Lo de "cargada" se refiere a todo lo que se añade a la patata una vez asada y que le añade como 3000 calorías, por lo menos. 


En los Estados Unidos las barbacoas suelen ir acompañadas de ensaladas y de estas patatas que se esperan aunque nadie las haya anunciado, es decir, son una añadido que todos esperan. 

La forma de asarlas suele ser al grill, en la misma barbacoa donde se hace la carne, aunque en este caso se suele tapar la misma para alcanzar la temperatura adecuada que consiga reblandecer la enormes patatas que se emplean.  Esta forma de cocinar la patata es compleja y lenta, por lo que recurriremos al horno convencional.

INGREDIENTES (4 personas) :

  • 4 patatas muy grandes*
  • 4 lonchas de bacon
  • Una docena de cebollinos
  • 1 cebolla fresca grande
  • 250 ml de crema agria**
  • 200 gramos de queso cheddar
  • 60 gramos de mantequilla
  • Sal
  • Pimienta negra molida

* Las patatas que se emplean en los Estados Unidos son las llamadas Russet. Son grandes, de piel rugosa y de pulpa fácil de hornear. En España podemos emplear las llamadas patatas nuevas aunque tendremos problemas para encontrar una bien grande. Escoged las de mayor tamaño y que sean todas iguales, así el tiempo de horneado será similar.

** Podéis encontrar crema agria aunque os será más fácil hacerla en casa con ingredientes más comunes. Para hacer crema agria basta con disponer de unos 250 ml de nata para cocinar (MG del 18% aproximadamente) y añadirle el jugo de un limón. Se deja reposar durante una hora y ya tenéis la crema agria.

En primer lugar lavamos a conciencia las patatas porque se asan con la piel. Deben de quedar bien limpias, sin rastro de polvo o tierra.

A continuación las envolvemos una a una en papel de aluminio de manera que la parte brillante quede hacia dentro, hacia la patata, y la parte sin brillo del aluminio hacia fuera. Precalentamos el horno a 190 grados e introducimos. El tiempo de horneado variará según el tamaño de la patata. Una patata grande pero de medidas normales se puede hornear en 40 minutos mientras que una extra-grande puede tardar hasta una hora y media. Con un palillo ir pinchando de vez en cuando y cuando se clave hasta el centro de la patata con facilidad, ya estará lista.ç

Mientras se hacen las patatas freímos el bacon con una cucharadita de aceite hasta que queda crujiente (también se puede hacer en el mismo horno en que estamos asando las patatas). Cortamos el bacon en trocitos, al igual que hacemos con los cebollinos.

Una vez esto ocurra se recogen las patatas del horno (no lo apaguéis) y con la mano enfundada en un guante de protección, rebanamos la piel de un lado largo de la patata y con una cucharilla procedemos a vaciarla dejando al menos medio centímetro de pulpa pegada a la piel. Es imposible hacer esto si la patata está fría, así que lo mejor es hacerlo con sumo cuidado de no quemarse.

La pulpa extraída la troceamos simplemente con un tenedor y mezclamos con los trozos de bacon (reservamos unos cuantos que usaremos para decorar), el cebollino (lo mismo que con el bacon, dejamos unos pocos para decorar), la cebolla bien picada, la crema agria, la mantequilla fundida y el queso cheddar rallado, del cual dejaremos también un poco para coronar las patatas. Además se añade sal (media cucharadita por patata debería ser suficiente) y pimienta negra molida al gusto.

Mezclamos bien hasta obtener una especie de pasta con la que iremos rellenando cada patata. Una vez rellenas, esparcimos por encima un poco del bacon sobrante, los cebollinos y un puñado de queso rallado.

Volvemos a introducir las patatas en el horno, dejamos unos 10 minutos y listas para comer.

Se sirven al comensal bien calientes, aún envueltas en el papel de aluminio y se comen con la piel.

Si se quiere y estáis haciendo carne o pescado al grill, una vez horneadas se dejan sobre el mismo unos minutos para que queden marcadas.

Un acompañante que a menudo está más bueno que la carne a la que acompaña.

Borrachuelos

Los borrachuelos son un dulce típico malagueño presente sobretodo en las festividades navideñas y semana santa. Se componen de una pasta a la que se suele dar forma de media luna que se emborracha y rellena con cabello de ángel o dulce de batata. Responde al típico dulce frito español que hunde sus raíces en la tradición gastronómica árabe e incluso romana.


INGREDIENTES :

  • Medio kilogramo de harina
  • 250 gramos de cabello de ángel
  • 100 ml de vino blanco seco
  • 100 ml de vino dulce
  • 100 ml de anís
  • 2 naranjas
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra (además de aceite para freír)
  • 1 cucharada de ajonjolí
  • Azúcar blanca granulada (la habitual) para rebozar

En primer lugar incorporamos la harina en un bol grande tras haberla tamizado previamente.

A continuación añadimos 50 ml de aceite (un cuarto de vaso), el vino blanco, el seco y el anís además de la ralladura de la piel de una naranja. También incorporamos a la harina la mitad de la cucharada de ajonjolí. Mezclamos bien.

Una vez la mezcla está homogénea, añadimos el zumo de las dos naranjas. De una de ellas ya hemos aprovechado la ralladura de la piel además del zumo y de la otra, además del zumo, separaremos una tira de la piel sin la parte blanca.

Cuando hayamos integrado el zumo en la masa la dejaremos reposar durante al menos media hora.

Una vez tenemos la masa ya reposada - esto se hace para que los saborizantes impregnen bien - procedemos a verter aceite en una sartén hasta que alcance 1 cm de profundidad. Se puede usar aceite de oliva o mezclarlo con aceite de girasol para que resulte más económico. En ese aceite incorporamos la piel de la naranja y la otra mitad de ajonjolí para que den buen gusto al aceite. De momento dejamos la sartén fuera del fuego pero con los saborizantes dentro.

Agarramos puñados de masa del tamaño de una pelota de ping pong y dándoles forma de media luna, como si fueran empanadillas, abrimos por la mitad como si fueran un libro para introducir en el centro un poco de cabello de ángel. Cerramos bien los bordes para que no se abran al freír.

Calentamos el aceite a fuego medio e introducimos los borrachuelos hasta que se doren bien. Es conveniente no poner muchos a la vez para que el aceite no se enfríe. La piel de naranja y el ajonjolí dejadlos dentro del aceite mientras freís los dulces.

Una vez fritos los dulces los depositamos en un papel absorbente para eliminar el exceso de aceite y tras esto los rebozamos en azúcar granulada.

Listos para ser comidos y disfrutados.

Bombocado brasileiro

El bombocado es un dulce brasileño heredero de otro portugués el cual adaptaron a la materia prima existente en América. El nombre es fácil de traducir al español : Buen bocado.

Además de ser un "buen bocado", es muy fácil de hacer.

INGREDIENTES (4/5 personas):

  • 400 gramos de azúcar
  • 5 huevos grandes
  • 1 vaso (200 ml) de agua
  • 150 gramos de coco rallado
  • 60 gramos de mantequilla sin sal
  • 40 gramos de harina de trigo
  • 40 gramos de queso rallado (mejor emplear uno de tipo mozarella o de sabor ténue)

En primer lugar en una cazuela a fuego medio llevamos a hervir el agua y en la misma diluimos el azúcar, sin dejar de remover.

Cuando el azúcar se ha disuelto del todo, retiramos del fuego.

Inmediatamente vertemos el coco rallado y el queso. Retornamos la cazuela al fuego y removemos hasta que la mezcla espesa.

Bajamos el fuego al mínimo. Añadimos la mantequilla y la harina previamente tamizada para que no haga grumos, muy poco a poco. Removemos hasta que queda una masa homogénea.

Retiramos del fuego y dejamos enfríar. Cuando está fría - o al menos tibia - añadimos los huevos uno a uno, no introduciendo el siguiente hasta que el anterior se ha integrado en la masa.

Ahora es el momento de hornear. Precalentamos el horno a 200 grados y aquí hay dos opciones : verter la masa en moldes individuales o bien en un recipiente familiar que luego cortaremos para servir las porciones.

Introducimos en el horno y al cabo de unos 30 minutos estará listo. Comprobamos de vez en cuando que esté cuajado introduciendo un palillo y si sale seco, listo, haya o no transcurrido el tiempo indicado.

Se sirve solo o acompañado de un poco de nata montada. Esté realmente bueno, haciendo honor a su nombre.

Entraña de res

 


La llamada entraña de res, o entraña de vacuno, es un corte de carne  que se encuentra en el diafragma y que en muchos lugares se hace a la brasa, considerándose una delicatessen. Se cocina como cualquier otra carne a la brasa, ni más ni menos. La ventaja es que es bastante más barata que los cortes de carne que se destinan a la barbacoa por la simple razón de que se considera casquería.

No se trata ni de tripa, estómago u otras vísceras que a veces pueden provocar rechazo por el aspecto,   sino de un músculo, al igual que los cortes de carnes habituales, pero que por su posición se considera víscera. De ahí que el precio sea bajo. 

Si no podéis o queréis hacerlo a la brasa, os doy la receta de un guiso denominado "Kronfleisch", muy típico en Baviera y Austria. El nombre literalmente significa "carne de corona"

INGREDIENTES (4 personas) 

  •  800 gramos de entraña de res
  •  1 litro de caldo de carne
  •  1 cebolla morada grande
  •  1 puerro
  •  1 zanahoria
  •  1 rama de apio
  •  4 pepinillos en vinagre grandes
  •  1 rábano picante *
  •  1 hoja de laurel
  •  3 ó 4 cebollinos
  •  Sal
  •  Pimienta negra molida

* El rábano picante no es muy común en España pero en centroeuropa se consume habitualmente. Se trata de una raíz con aspecto de nabo o de zanahoria "deforme", de color blanquecino el cual se ralla hasta obtener una pasta, a veces en sustitución de la mostaza. Es probable que ya lo hayáis comido sin saberlo si os gusta la comida oriental. En general la pasta de wasabi no es tal, es simplemente rábano picante que se ha teñido de verde para simular el auténtico wasabi. Esto ocurre porque el wasabi es    carísimo. Podéis por tanto emplear wasabi para esta receta si no os importa la coloración verde, aunque también es posible encontrar rábano picante en comercios especializados o ya preparado a modo de conserva en los mismos.

En primer lugar, si disponemos de rábano picante, lo rallamos y para evitar que se oxide lo mojamos en zumo de limón. Si no queremos que pique demasiado se puede remojar en leche (lo cual también evitaría la oxidación, con lo que el limón ya no sería necesario). 

Con rallar un palmo de rábano será más que suficiente. Reservamos. 

Picamos la cebolla, el puerro, el apio y la zanahoria. En una cazuela vertemos el caldo de carne y agregamos la hoja de laurel, una cucharadita de sal y las verduras picadas, llevando a ebullición. 

Cuando el caldo hierve agregamos la carne (como es un corte largo se puede partir para que entre mejor en la cazuela), dejamos a fuego medio y cocemos durante media hora (o hasta que la entraña esté visiblemente blanda). 

Mientras la carne cuece hacemos rodajas finas de los pepinillos y picamos los cebollinos. 

Retiramos la carne del caldo y la cortamos en cuatro trozos, uno por comensal, emplatando. 

Vertemos sobre la carne servida en cada plato un par de cucharadas de caldo esparciendo por encima sal, pimienta negra molida, el rábano picante y el cebollino picado. Colocamos al lado el pepinillo fileteado y listo para servir. 

Es importante indicar que el rábano picante se debe escurrir antes de servirlo, libre en la medida de lo posible de zumo de limón o leche. No se debe calentar tampoco.

Así que ya sabéis, sin miedo. Es barata pero es buenísima, tanto si se hace a la brasa como al estilo bávaro.

Bagels

Los bagels son unas rosquillas de pan que pueden comerse solas o bien rellenarse de ingredientes dulces o salados aunque en algunos casos, cuando la superficie exterior se adorna con sal gruesa por ejemplo, están destinados a rellenos salados.

Fueron creados en Polonia en el siglo XVII sobre una base común de panes centroeuropeos donde la masa antes de hornearse se cuece en agua (con componentes alcalinos como los Pretzel bávaros o sin ellos). Está cocción breve previa consigue cortezas duras y crujientes mientras la miga permanece esponjosa y blanda.

Son bastante fáciles de hacer.

INGREDIENTES :

Para la masa :

  • 500 gramos de harina de fuerza
  • 1 sobre de levadura de panadero (suelen tener entre 16 y 20 gramos de levadura, no es crítico)
  • 1 cucharada de sal
  • 1 cucharada de miel *
  • Un pellizco de azúcar
  • 30 ml de aceite virgen extra de oliva
* no se emplea en todas las recetas de bagels, si no tienes a mano puedes omitirla.

Para la cocción previa al horneado :

  • 3 litros de agua
  • 1 cucharada de bicarbonato sódico
  • 1 cucharada de sal

Para decorar (opcional) :

  • Sal gruesa
  • Semillas de amapola
  • Sésamo/Ajonjoli


En primer lugar vamos a disolver la levadura en un cuarto de vaso (50 ml)  de agua tibia con un pellizco de azúcar. Colocamos el vaso en un lugar oscuro y templado, cubierto por un paño y lo dejamos reposar durante 15 minutos.

En un bol grande mezclamos la harina con la sal, el aceite, la miel (no es imprescindible), la levadura que hemos hecho crecer y 2 cucharadas adicionales de agua. Mezclamos bien y amasamos durante 10 minutos (si queréis emplear una panificadora o una amasadora eso que os ahorráis de trabajo).

Cubrimos el bol con un paño y dejamos reposar un par de horas o hasta que haya duplicado su tamaño. En ese momento amasamos de nuevo unos 10 minutos y a continuación dividimos en 10 bolas iguales.

Estiramos cada una de las bolas en un cilindro alargado y luego formamos un círculo de unos 10 cm de diámetro. Unimos los extremos con un poco de agua.

Si no queremos que se vea el punto de unión, lo que se hace en lugar de estirar un cilindro es hacer un agujero en el centro de la bola e ir estirando la circunferencia hasta alcanzar el diámetro reseñado con un agujero central de 5 cm.

Tapamos las rosquillas y las dejamos reposar otros 20 minutos para que crezcan de nuevo. Han perdido mucho aire con tanto manoseo.

Precalentamos el horno a 210 grados.

Mientras el horno está caliente vamos a pasar por el baño las rosquillas. Este paso es imprescindible y sin él los bagels no son más que un panecillo vulgar y corriente.

Ponemos a hervir los 3 litros de agua con el bicarbonato y la sal. Incorporamos los bagels - como máximo tres a la vez - al agua y los dejamos hacer durante 30 segundos exactos. Veréis que crecen porque el calor expande el gluten pero no os embobéis mirándolos porque si os pasáis del tiempo indicado se estropean. 

Los recogéis con la espumadera y los dejáis escurrir en una rejilla.

En ese momento, si queréis, mientras todavía están húmedos es el momento de rebozarlos por granos de sal, semillas de amapola o sésamo. El primero sería para un uso con rellenos salados (aunque hay gente que toma mantequilla con ellos) mientras que los segundos es indistinto con qué los rellenemos.

Una vez tenemos todos los bagels bien bañados, los metemos en la placa del horno sobre un papel de hornear y los mantenemos entre 20 y 25 minutos hasta que estén bien dorados.

Se extraen, dejan enfriar y ya se pueden partir para rellenar con lo que sea - jamón York, queso, mermelada etc - o bien comer tal cual.

Por cierto, se pueden congelar y luego se recuperan muy bien, así que sin problemas para una larga conservación.

Ola del Danubio

Este pastel es muy popular en Alemania, sobretodo en el sur, aunque se suele adquirir en confiterías antes que hacerlo en el hogar porque se considera demasiado complejo. Si vas invitado a comer a un hogar de Baviera o de la parte alemana de Suiza, lleva un Donauwelle y quedarás como el perfecto invitado.

La receta que sigue es una simplificación que permite confeccionarlo en casa con relativa facilidad. 

El nombre "Donauwelle" significa Ola del Danubio y hace referencia al efecto ondulado que causan las cerezas cuando al hornearse se hunden al fondo del pastel 'arrastrando' la capa de bizcocho chocoloteado, colocado en la parte superior, creando de esta manera el efecto de olas del Danubio.

El Donauwelle también se conoce como "Blancanieves" porque los colores del mismo, rojo, blanco y negro, lo eran también del personaje descrito por los hermanos Grimm. Lo encontraréis escrito como "Schneewittchen Kuchen", literalmente Pastel (Kuchen) de Blancanieves. Que, por cierto, por muy extraño que parezca, la tal Blancanieves existió (no se llamaba así, si no Sofía) y hasta es posible visitar en un castillo de Hessen (estado donde se encuentra la ciudad de Frankfurt)  el famoso Espejo Mágico que perteneció de verdad a la susodicha, un personaje real del siglo XVIII.

Para hacer el pastel hay que tener claros los pasos. 

En primer lugar se trata de hacer una masa de bizcocho la mitad de la cual colocamos en el fondo de una bandeja que pueda ir al horno, habitualmente de forma rectangular (aunque puede ser circular si se quiere). 

La otra mitad de la masa la mezclamos con cacao en polvo para que tome un color oscuro. Con cuidado la extendemos sobre la anterior, evitando que se mezcle. Es el momento de ir colocando, con suavidad, sin que penetren, las guindas sobre la capa de bizcocho de chocolate. 

Seguidamente hacemos una crema de vainilla para lo cual empleamos un sobre de preparado para hacer natillas. Es como lo hacen en Alemania y se ahorra muchísimo tiempo. Con esta crema cubrimos las cerezas y ya solo queda colocar arriba del todo una capa de chocolate. Y listo. Como veis es sencillo. Ahora, el detalle. 

INGREDIENTES : 

Para las capas de bizcocho   

  • 350 gramos de harina  
  • 175 gramos de azúcar  
  • 175 gramos de aceite de girasol o maíz  
  • 175 gramos de leche*  
  • 3 huevos  
  • 3 cucharaditas de levadura química  
  • 2 cucharadas de cacao en polvo  
  • 100 gramos de guindas en almíbar 

* Si queréis hacer pasteles donauwelle de otro tamaño pensad que siempre la relación entre azúcar, leche y aceite, en peso, es 1:1 mientras que la harina es la suma de los ingredientes húmedos (leche y aceite). Así un pastel de mayor tamaño podría estar hecho con 1000 gramos de harina, 500 de aceite, 500 de leche y 500 de azúcar. 

Para la crema de vainilla  

  • 1 sobre de preparado para hacer natillas*  
  • 400 ml de leche  
  • 250 gramos de mantequilla sin sal  
  • 2 cucharadas de azúcar 

* Los preparados suelen indicar 1 sobre para medio litro de leche. Como debe quedar espesa, conviene hacer algo menos de cantidad. 

Para la cobertura de chocolate 

  • 200 gramos de chocolate negro, mínimo 70%  
  • 2 cucharadas de Nutella  
  • 1 cucharada de aceite de girasol o maíz 

Hay que disponer de una bandeja que pueda ir al horno de unos 30 x 40 cm. También se puede emplear un molde de unos 30 cm de diámetro que tenga la base desmontable (lo cual facilita bastante la tarea del desmoldado).

Si se emplea una bandeja rectangular el primer paso es engrasarla con mantequilla y colocar un papel de hornear que quede bien pegado. Reservamos. 

A continuación debemos preparar las natillas tal y como indique el fabricante con la cantidad de leche que hemos especificado en la receta. Generalmente se debe mezclar el preparado con un poco de leche y llevar el resto a ebullición, momento en que se añade la pre-mezcla y tras unos minutos, sin dejar de remover, se da por finalizada. Se deja enfriar completamente - jamás en el frigorífico - cubriéndola con un papel film para que no se formen burbujas. Reservamos. 

Vamos a hacer la masa de bizcocho. 

Batimos los huevos con el azúcar hasta que haga espuma y luego añadimos poco a poco el aceite. Finalmente añadimos la harina tamizada que habremos mezclado previamente con la levadura química. 

Dividimos la masa en dos mitades. Una de ella la extenderemos por el fondo del molde, dejándola bien lisa con la espátula. La segunda la mezclaremos con las dos cuchardas de cacao en polvo, procediendo a extenderla sobre la anterior capa de bizcocho procurando que no se mezclen. 

Ahora distribuimos las cerezas en almíbar, que previamente habremos escurrido, sobre la masa de bizcocho de chocolate, hundiéndo cada fruta muy poco simplemente para que no se muevan. Hay que dejar una cierta distancia entre ellas e intentar que queden al menos a un par de dedos de distancia de los bordes. 

Precalentamos el horno a 180 grados y horneamos el bizcocho durante unos 30 minutos, hasta que es bizcocho está visiblemente hecho. Veréis al extraerlo que las cerezas se han hundido, formando las famosas "olas" que dan nombre al pastel. 

Ahora vamos a hacer la crema de vainilla. Para ello habremos ablandado la mantequilla unos segundos en el microondas a temperatura de descongelación - baja potencia - hasta que quede pomada (no líquida). 

Batimos la mantequilla y cucharada a cucharada la vamos mezclando con las natillas que habíamos hecho al principio. A continuación la extendemos sobre el bizcocho. 

Seguidamente fundimos el chocolate al baño maría y le agregamos la nutella y el aceite, removiendo bien. Extendemos el chocolate sobre la crema de vainilla, alisando con una espátula de silicona, si tenéis. Se deja reposar en el frigorífico al menos unas 4 horas y luego ya se puede desmoldar. 

Uno de esos pasteles que dejan a los comensales alucinados. 

El Danubio nace en la Selva Negra y discurre por el sur de Alemania a lo largo de casi 1000 km hasta adentrarse en Austria. A pesar de tan prolongado recorrido, es en este último país donde parece que el río alcanza su mayor fama. Todo el mundo sabe que por Viena pasa el Danubio, algunos que también lo hace por Budapest y pocos que discurre por Ulm, lugar de nacimiento de Eintein, o Belgrado, por citar otra capital. Y eso que por Austria apenas tiene 350 km de su recorrido. Debe ser por el waltz que le dedicaron. O porque los austriacos saben vender muy bien su país, su cultura y sus tradiciones, algo que los alemanes no hacen tan bien.



Albóndigas de choco

 Aunque hay cierta confusión al respecto, al menos en Andalucía se denomina choco al ejemplar joven de sepia (jibia). Otros en cambio ven en la denominación una variante local del nombre de la sepia. En cualquier caso esta receta se puede hacer con choco o sepia sin problemas, si las consideras dos cosas diferentes. Es muy típica del sur de España, especialmente populares en Huelva.


Se trata de albóndigas realizadas con sepia y luego bañadas en una salsa azafranada.

INGREDIENTES (4 personas) :

  • 500 gramos de sepia
  • 100 gramos de pan duro
  • 50 ml de leche entera (un cuarto de vaso)
  • 1 huevo
  • Harina de trigo (para rebozar)
  • Aceite virgen extra de oliva (para freír)
  • Un pellizco de ajo picado
  • Perejil
  • Sal

Para la salsa :

  • 1 cebolla morada (dulce) o fresca
  • 1 diente de ajo
  • 1 cucharadita de harina de trigo
  • Un vaso y medio (300 ml) de caldo de pescado
  • Medio vaso (100 ml) de vino blanco
  • Unas hebras de azafrán
  • Sal

En primer lugar mojamos el pan duro en la leche.

A continuación picamos la sepia pero no muy pequeña. La gracia del plato es que se note y muy pequeña hasta se perdería el sabor.

Mezclamos la sepia con el pan, un pellizco de ajo y perejil picado y media cucharadita de sal. Si la masa queda muy suelta añadid un poco de pan rallado. Hacemos bolas pequeñas, que quepan sin problemas en la palma de la mano. 

Rebozamos en harina y freímos en un chorro generoso de aceite de oliva hasta que las albóndigas quedan bien doradas. Retiramos y reservamos, intentando que no se enfríen.

En el mismo aceite donde hemos dorado las albóndiga, freímos la cebolla y el diente de ajo bien picados (sin el germen verde)  hasta que la primera transparenta. Entonces añadimos la cucharadita de harina de trigo para que la salsa espese. Vertemos el vino para desglasar el fondo y dejamos hacer a fuego medio hasta que evapora la mitad. Añadimos entonces el caldo de pescado y reincorporamos las albóndigas dejando hacer unos 10 minutos para que espese. Añadimos a media cocción unas hebras de azafrán para dar color y aroma y un pellizco de sal.

Espolvoreamos un poco de perejil picado y servimos bien calientes.

Bizcocho de mantequilla

Este pastel o bizcocho es muy popular en Renania-Westfalia y norte de Alemania. Es el pastel que se suele pedir en las cafeterías para acompañar el té o el café, lo que los alemanes llaman el "kaffezeit", el rato a la tarde en que se acercan a la cafetería más cercana. 

Pertenece a un tipo de bizcochos que se cubren del llamado "streusel", una mezcla de harina, mantequilla y azúcar que probablemente más de una vez habéis comido ignorando que se trata de una invención alemana. 

A menudo el streusel se enriquece con frutos secos como vamos hacer a continuación, en este caso añadiendo almendras (con lo que el nombre sería butterkuchen mit mandel, donde mandel significa almendra). 

Se suele hacer en bandejas poco profundas, con lo que se asemeja al menos en forma a la típica coca española. 

INGREDIENTES 

  • 500 gramos de harina de repostería  
  • 250 gramos de mantequilla  
  • 200 ml de leche entera (1 vaso)  
  • 180 gramos de azúcar  
  • 100 gramos de almendras (picadas o fileteadas)  
  • 1 huevo tamaño XL 
  •  1 cucharada de azúcar vainillado  
  • 40 gramos de levadura fresca

Primero se ha de calentar la leche hasta que esté tibia. Agregamos a continuación la levadura desmenuzada y reservamos. 

En un bol grande incorporamos la harina, 50 gramos de azúcar, 100 gramos de mantequilla fundida (que hemos fundido en el microondas, por ejemplo), el huevo batido y la mezcla que hemos hecho al principio de levadura y leche. Mezclamos bien y amasamos hasta formar una masa suave y homogénea. 

Cubrimos el bol con un paño y colocamos en un lugar cálido, sin mucha luz y libre de corrientes de aire. En 1 hora habrá doblado el volumen. Transcurrido el tiempo debemos llevar la masa al molde que se emplea con el butterkuchen. Dicho molde es una bandeja de unos 40 x 40 cm, no muy profundo (alrededor de 2 cm). Si no podéis encontrarlo usad una fuente de hornear que al menos sea del tamaño indicado, llenándola hasta la mitad. Untamos con mantequilla fundida el molde para facilitar el desmoldado (al menos que sea de silicona, que no haría falta). 

Vertemos la masa en el molde y la aplanamos. Entonces, atención con esto, con los cuatro dedos de la mano vamos haciendo agujeros en la masa de manera que toquemos el fondo de la bandeja. Hacedlos en toda la masa, a espacios lo más regular posible. Esto es muy importante. 

Cortamos el resto de mantequilla (150 gramos) en cubos pequeños que vamos colocando en cada uno de los huecos que hemos hecho con los dedos. Luego espolvoreamos las almendras fileteadas o picadas por toda la superficie, haciendo lo mismo con los 130 gramos de azúcar. 

Esta mezcla de almendras, azúcar y mantequilla es el streusel del bizcocho. Dejamos reposar media hora para que la masa vuelve a subir. 

Precalentamos el horno a 200 grados e introducimos el bizcocho durante unos 20 minutos, hasta que esté visiblemente hecho. 

Extraemos y cortamos directamente de la bandeja, no se suele desmoldar. Si todo ha salido bien, el bizcocho estará mullido y la superficie crocante con el azúcar y las almendras. 

Rasmalai


El rasmalai (o rasamalai, según la fuente que se consulte) es un dulce típico bengalí (India) cuyo origen se remonta a hace alrededor de 80 años. Se trata de unas pequeñas tortas de requesón endulzadas que se toman en una sopa de leche aromatizada con cardamomo. Hay dos maneras de hacer esta receta. La difícil consiste en hacer uno mismo el requesón cortando leche con limón o vinagre y la fácil comprando el requesón hecho. Como sabéis, este blog va de recetas que se hacen en media hora o menos, así que optamos por la forma "fácil".

INGREDIENTES :

Para la "sopa"

  • 750 ml (3 vasos) de leche entera
  • 50 ml de leche condensada
  • 1 cucharada de almendras fileteadas
  • 1 cucharada de pistachos picados
  • Media cucharada de cardamomo en polvo

Para las "galletas"

  • 250 gramos de requesón
  • 1 cucharada de maizena
  • 1 litro de agua
  • 200 gramos de azúcar

En primer lugar vamos a hacer la "sopa" de leche. Para ello vertemos 3/4 de litro de leche en una cazuela y calentamos a fuego medio. Incorporamos 50 ml de leche condensada y cuando está a punto de hervir reducimos el fuego y añadimos las almendras fileteadas, los pistachos (si los encontráis sin sal y si no, no los utilicéis), y el cardamomo en polvo. Removéis constantemente durante 10 minutos y reserváis.

Para hacer las "galletas" desmenuzáis el requesón y añadís la maizena.  Amasáis bien. Separáis unas 12 ó 15 bolitas del tamaño de pelotas de ping-pong y luego las aplastáis para que tomen forma de galleta. Es el momento de cocerlas. Para ello disponéis en una cazuela 1 litro de agua con 200 gramos de azúcar y lleváis a ebullición. En ese momento se incorporan las galletas y se dejan hacer durante unos 20 minutos. Sacáis las galletas de la cazuela y las lleváis a una fuente con agua fría.

Para montar el plato se colocan 3 ó 4 galletas en el plato hondo de cada comensal y por encima alrededor de un vaso (250 ml) de la sopa de leche.

El comensal utiliza la cuchara para partir las galletas de requesón y comerlas con un poco de la sopa que las circunda. Es una receta que está realmente muy buena y es muy fácil de hacer.