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Congo Bars


Esta receta parte de otra previa más antigua denominada "Blondies" que es básicamente lo mismo pero sin la adición de pepitas de chocolate. Las Congo Bars (literalmente "barritas Congo") también parecen brownies solo que éstos incorporan cacao en polvo y no llevan levadura.

Su origen se remonta a los años 50 del siglo pasado, haciéndose muy populares en las cafeterías y hogares norteamericanos, a medio camino entre los dulces y las golosinas con que se premiaban a los niños. No está muy claro por qué se les llamó de esta manera. Parece ser que en un principio llevaban coco rallado - hoy desaparecido de la receta - lo que daba por aquel entonces un carácter muy exótico al producto. Llamarlas "Congo" era una manera de hacerlas más atractivas para el consumidor.

Estas barritas Congo son las precursoras de las barras nutritivas que veis en los supermercados.

INGREDIENTES :

  • 1 vaso (200 ml) de harina de trigo
  • 1 vaso de azúcar morena (obligatoriamente debe ser este tipo de azúcar)
  • Medio vaso de mantequilla derretida sin sal
  • Medio vaso de pepitas de chocolate negro al 70%
  • Medio vaso de nueces picadas
  • 2 huevos grandes 
  • 1 cucharadita de levadura química (tipo Royal o similar).
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1 pellizco de sal

Como se hacen de forma muy rápida, lo primero que debemos hacer es precalentar el horno a 180 grados centígrados (356 F) y engrasar un molde para hornear (lo habitual es uno rectangular de 22x33cm,9x13 pulgadas, de unos 2 ó 3 cm de alto).

En un bol grande, mezclamos la harina, la levadura química en polvo y el pellizco de sal, todo bien tamizado para que no se formen grumos.

En otro bol, mezclamos la mantequilla derretida y el azúcar morena hasta que esté bien combinado.

Agregamos a este bol con mantequilla y azúcar morena los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada adición. Incorporamos entonces el extracto de vainilla.

Añadimos la mezcla de ingredientes secos al tazón de ingredientes 'húmedos' y mezclamos hasta que esté bien combinado.

Agregamos las pepitas de chocolate (las podéis hacer picando una tableta de chocolate) y las nueces revolvemos para distribuir uniformemente.

Vertemos la masa en el molde preparado y la extendemos de manera uniforme.

Horneamos durante aproximadamente 25-30 minutos, o hasta que un palillo insertado en el centro salga completamente seco.

Extraemos y dejamos enfriar completamente antes de cortar en barras. Se suelen comer así, en barras, a modo de snack dulce o golosina. A veces se toman de postre acompañadas de helado de vainilla o nata, pero no es tan frecuente. En cualquier caso están buenísimas y la textura al morderlas dan ganas de comer más de una, así que mesura !


Malai Kofta (मलाई कोफ्ता)


En hindi, "kofta" (कोफ़्ता) se refiere a una bola o albóndiga hecha generalmente de carne picada (como cordero, pollo o ternera), pescado, verduras o incluso paneer (queso indio, idéntico al requesón). Estas bolas son sazonadas con especias y a menudo se cocinan en una salsa. En otras gastronomías cercanas, como por ejemplo la turca, se denominan de forma muy parecida (kofte). 

"Malai" (मलाई) se refiere a la nata o crema que se forma en la parte superior de la leche cuando se calienta y se enfría. También puede referirse a la crema en general y se utiliza comúnmente en la cocina india para hacer postres y salsas. Es un ingrediente clave en muchas preparaciones dulces y saladas en la gastronomía india, como en el famosísimo rasmalai o en esta preparación que hoy nos ocupa. Por tanto, malai kofta significaría "albóndigas en salsa". Hemos hecho una explicación tan prolongada porque estos dos términos aparecen en infinidad de preparaciones indias y saber de qué se trata es importante al menos al leer la carta de un restaurante. Otro término que se repite mucho en la gastronomía india es "masala" (मसाला) , el cual significa "condimento"  o mezcla de especias, según el contexto.

Las malai kofta son una receta fundamental de la cocina del norte de la India. Como se ha dicho son bolas o albóndigas que en este caso se realizan con patata y especias, que luego se fríen y cuecen en un caldo compuesto de queso y nata (o leche). 

La India es uno de los países que más consumen lácteos a nivel mundial, en cualquier formato (leche, mantequilla, yogur etc).  Aunque para los indúes comer vaca es un sacrilegio el ordeñar las mismas para obtener leche es algo que no atenta contra la religión y lo hacen sin problemas. El problema es que el tipo de vaca que abunda en la India, una especie de cebú, proporciona una cantidad ínfima de leche si la comparamos con una vaca suiza. Por esta razón se prefiere obtener la leche de la búfala de agua la cual es más productiva, posee una leche con más grasa y además no se considera una animal sagrado (o no al menos al mismo nivel de la vaca). Por cierto, la estampa tan habitual de vacas caminando a sus anchas por las calles de la India o asentadas en medio de la calzada mientras los vehículos las bordean no significa ni que sean salvajes ni que se hayan asilvestrado, ni que no tengan dueño. Son animales domésticos, incapaces de sobrevivir por su cuenta, y todas pertenecen a un propietario.

Se sabe que en la antigüedad los hindúes consumían carne de vaca sin problemas pero la prohibición comenzó a extenderse sobre el siglo II antes de nuestra era. Aunque la razón no está clara, por aquella época el exceso de población que ya sufría el subcontinente indio hizo ver que las necesidades de carne de la misma excederían las posibilidades de alimentar a estos animales con el forraje disponible. Por tanto se consideró que sería más sostenible limitar el uso del ganado vacuno a la producción de leche mientras que a la vez se fomentaba el consumo de verduras hasta el punto que la India se considera un país vegetariano de forma natural, es decir, que el modo de vida de la gente excluye la carne desde tiempos inmemoriales casi de forma total.

Las preparaciones de la cocina india suelen ser bastante fáciles de hacer. La mayor complicación reside a menudo en encontrar y reunir todas las especias que emplean, las cuales no son pocas. Os voy a dar la receta tal y como se hace en la India pero el tema de las especias podéis emplearlas o reemplazarlas por especias locales, según disponibilidad de las mismas o preferencias personales. En cualquier caso muchas de estas especias ya están disponibles en grandes superficies o en comercios especializados en comida asiática, generalmente regentados por comerciantes indio o pakistaníes.

INGREDIENTES (4 personas)

  • 1 vaso (200 ml) de patata cocida y rallada
  • 1 vaso de verduras cocida y rallada*
  • 1 vaso de paneer **
  • 1 vaso de cebolla picada
  • 1 vaso de tomate triturado o dos cucharadas colmadas de concentrado de tomate
  • Medio vaso (100 ml) de nata para cocinar (18% materia grasa=
  • 2 cucharadas de nueces picadas
  • Maicena
  • Sal
  • Aceite para freír (girasol, maíz, oliva etc)
* Las verduras que se suelen cocer son zanahoria, coliflor, brocoli etc. 
** El paneer indio no es más que requesón fresco.

Especias

  • 1 cucharada de ajo y jengibre
  • 1 cucharada de cilanto picado
  • 1 cucharada de garam masala
  • 1 cucharada de chile rojo en polvo
  • 1 cucharadita de comino en polvo
  • Hojas de cilantro fresco picado
  • 1 cucharadita de sahi jeera
  • 1 pellizco de cúrcuma

Los indios suelen emplear una pasta hecha de ajo y jengibre. Se puede sustituir por media cucharada de ajo picado y media de jengible. Ambos productos son fáciles de encontrar, al igual que el cilantro, el comino en polvo y la cúrcuma.

El garam masala es una mezcla de especias que se encuentra en grandes superficies y comercios especializados. Si no lo encontráis no hay problema en no usarlo.

El chile en polvo igual que el garam masala, en comercios especializados. Si no encontraís podéis usar pimentón dulce o picante, al gusto.

El sahi jeera se conoce como comino negro o alcaravea negra. Si no encontráis no hay ningún problema en no usarlo.


En primer lugar cocemos las patatas (las suficientes para llenar un vaso una vez trituradas) y las verduras. A continuación, con un tenedor, las convertimos en puré y en el mismo agregamos la mitad del requesón. La masa resultante debe quedar firme, así que o bien la dejáis reposar en un colador para que escurra el exceso de agua o bien añadís una cucharada de pan rallado, lo que os sea más cómodo.

A la masa resultante se le pueden añadir un pellizco de las especias indicadas o dejarlas en su totalidad para la salsa. Eso sí, al menos se debe añadir sal (1 cucharadita) o estarán sosas.

Una vez tenemos la masa, peliizcamos bolas del tamaño de una pelota de ping pong y en el centro de cada una colocamos unas pocas nueces picadas. Las dejamos lo más redondas posibles y con el mismo tamaño y luego las rebozamos en maicena (o en harina de trigo, lo que tengáis).

Vertéis aceite en una sartén a fuego medio y en la misma freís las kofta hasta que toman un color rubio. Retiramos y dejamos sobre un papel de cocina para quitar el exceso de grasa.

En el mismo aceite donde hemos frito las albóndigas añadir el vaso de cebolla picada y cuando transparenta añadimos , ahora sí, todas las especias excepto el garam masala, el cilantro fresco (hojas) y el tomate o el concentrado del mismo.

Cuando el sofrito ha tomado cuerpo, se añade el tomate y se deja hacer hasta que ya no queda agua (si es concentrado de tomate no hará falta este paso, solo disolverlo en el sofrito).  Mucho cuidado si en lugar de chili en polvo utilizáis pimentón. En este caso es preferible añadirlo al final para evitar que se queme y nos amargue, literalmente, la comida al quemarse accidentalmente.

Añadimos entonces un poco de agua (lo suficiente para hacer una salsa pero no demasiada o quedará aguada, con un cuarto de vaso, 50 ml, será más que suficiente).

Incorporamos entonces la nata y la mitad del requesón que quedaba y removemos bien. Añadimos las albóndigas y dejamos hacer a fuego muy lento y evitando que hierva pues en caso de de que ocurriera se podría cortar. Con 15 minutos será más que suficiente...y listas para ser degustadas !

Se sirven bien calientes espolvoreando por encima garam masala y hojas de cilantro picadas. Solo darles el primer bocado y será igual que si os hubieráis teletransportado a la India, y sin gastar dinero en el vuelo.

Cuzcuz paulista


La cocina brasileña está destinada a ser una de las más importantes a nivel mundial por su gran originalidad y multiculturalidad, resultado de la combinación de las gastronomías europeas, africanas e indígenas. Cuando los portugueses llegaron a la zona trajeron consigo sus recetas que fueron rápidamente adaptadas a los productos locales y lo mismo ocurrió con las africanas importadas por los esclavos de manera que hay varias recetas que se hacen tanto en la zona occidental de África como en Brasil prácticamente de la misma manera. Las únicas recetas que no fueron importadas proceden de los nativos y se puede decir que han permanecido, salvo algún ingrediente de procedencia foránea añadido recientemente, idénticas a como se realizaban hace miles de años.

Uno de estas recetas adaptadas en el Cuzcuz paulista. La palabra "cuzcuz" obviamente correspondería con el cuscus árabe/magrebí. Es muy típico de la ciudad de Sao Paulo y de ahí el nombre (aunque también sirve para diferenciarlo de otros cuzcuz que se realizan en diversas zonas del país). Los brasileños no obstante lo han adaptado a sus gustos y productos locales. Por ejemplo en lugar de emplear bulgur (trigo duro molido) se emplea harina gruesa de maíz. El cuzcuz que se hace con bulgur - como el que conocemos aquí - lo denominan "marroquí".

El trigo se cultiva en Brasil pero a una escala de 1:20 en comparación con el maíz. El trigo que conocemos procede originalmente de Oriente Medio y por tanto requiere poca humedad, bajas precipitación y una temperatura que nunca baje de los 3 grados centígrados. Brasil se encuentra en el ecuador y aunque es inmenso y hay zonas óptimas para el cultivo de dicho cereal, sigue siendo mucho más fácil cultivar maíz.

La harina gruesa de maíz no es fácil de encontrar en nuestro país aunque se puede realizar triturando maíz crudo sin que llegue a convertirse en harina fina. La receta también se puede realizar con cuscus o sémola (la que sea menos fina), si no encontráis harina gruesa de maíz.

Es una receta que se consume fría y puede servir como entrante o acompañante. Consiste en saltear diversos ingredientes para luego cocinar la harina gruesa y añadirlo todo a un molde donde se compacta y se deja enfriar, para luego desmoldarlo. Se suele utilizar un molde tipo "bundt" es decir, con un agujero en el centro, pero también se puede hacer en flaneras grandes o moldes de pastel convencional. Aunque los ingredientes no son fijos, nunca faltan las aceitunas, los pimientos escalivado y los tomates, mientras que la proteina la proporcionan los huevos cocidos y alguna conserva de pescado, generalmente sardinas y más raramente atún. 

INGREDIENTES (4/6 personas)

  • 3 vasos (600 ml) de harina gruesa de maiz o de cuscus
  • 1 lata de sardinas en aceite o atún (al gusto)
  • 1 vaso de tomate triturado (no frito)
  • 2 vasos de agua o caldo de verduras*
  • Medio vaso llenos de aceitunas (pueden ser rellenas de anchoa, de jalapeño, queso o pimiento o tal cual pero siempre sin hueso).
  • 2 huevos cocidos
  • 2 tomates maduros para cortar en rodajas y decorar
  • 1 cebolla
  • 1 pastilla de caldo de verduras (opcional)
  • 50 ml (1/4 de vaso) de aceite de oliva virgen extra
  • 1 lata pequeña de maiz dulce en grano
  • 1 lata pequeña de pimiento rojo morrón
  • Perejil y cebollino
  • Sal
  • Pimienta negra molida

* La cantidad de agua difiere si hacemos la receta con harina de maíz o con cuscus, luego lo explico con más claridad.

En primer lugar vamos a cocer los huevos 12 minutos en agua con sal y un poco de vinagre. Así mismo extraemos el aceite de las latas de atún o de sardinas (lo que hayamos elegido) y las dejamos escurrir hasta que no gotee. Cuanto menos aceite tenga el pescado, mucho mejor el resultado.

En una sartén calentamos una cucharada de aceite y en el mismo, a fuego medio, pochamos la cebolla rallada, el pimiento morrón y el tomate rallado. Cuando el sofrito esté hecho, añadimos el agua o el caldo de verduras. Si añadimos agua, es mejor incluir una pastilla de concentrado de caldo de verduras para dar más sabor. Cuando el agua entre en ebullición añadimos la harina gruesa de maíz y cocemos hasta que se ablande (alrededor de 10 minutos). En cambio, si vamos a utilizar cuscus, el proceso es diferente. El sofrito se hace igual pero el cuscus lo ablandamos colocándolo en un bol donde vertemos dos vasos de agua caliente (casi hirviendo) y cubriéndolo con un plato durante cinco minutos. Luego le añadimos el sofrito y mezclamos bien.

Salpimentamos la masa resultante y añadimos perejil picado, las aceitunas cortadas en rodajas, el aceite de oliva y los granos de maíz crudo, mezclando bien.

Ahora es el momento de incorporar la masa en el molde.

Lo primero que hay que hacer es llenar el fondo del mismo con los ingredientes que deseemos. Por ejemplo, si queremos que sean los huevos cortados en rodajas, colocamos estos en el fondo. En los lados del molde se suele poner las sardinas cortadas por la mitad y rodajas de tomate. Se pegarán con bastante facilidad.

Una vez hemos hecho esto, empezamos a rellenar el molde con la masa aún caliente, presionando para que quede compacta. Se deja enfriar a temperatura ambiente y luego al frigorífico durante al menos un par de horas, aunque queda perfecto de un día para otro. También es posible añadir las sardinas o el atún y los huevos cuando se desmolda el pastel, aunque no es lo habitual. 

A la hora de desmoldar se recomienda colocar un plato y luego darle la vuelta con cuidado. Si todo ha ido bien tendréis un magnífico cuzcuz paulista. Os encantará, seguro. Y no solo está bueno al paladar, también es bonito a la vista. Además, si no añadís proteína de origen animal, sigue siendo igual de bueno como alimento vegano.

Rollos del Amor de Jumilla

Esta receta es típica de Jumilla aunque se hace también en La Mancha, Murcia, Alicante y zonas de Aragón. Aunque se incluye en los dulces tradicionales de Semana Santa, también es costumbre regalarlos por San Valentín. Pero antes de la receta, os suelto el "rollo".

Decía un antiguo filósofo griego que el primer humano era a la vez hombre y mujer. Los dioses lo castigaron separando ambas mitades que desde entonces se buscan de manera incesante para volver a ser la unidad primigenia. A esa búsqueda, a esa necesidad irrefrenable de encontrar a tu otra mitad, el filósofo la llamó "amor". Seguimos llamando a quien amamos nuestra media naranja y es curioso que conectemos la comida con el amor porque hay pocos sentimientos que justo al aparecer sean tan capaces por si solos de cerrarnos el estómago en banda, tanto si va bien como si va mal. Pero que cuando el amor llega porque eres correspondido la vida toma un sabor especial que todos identificamos. Los enamorados viven momentos dulces y no momentos salados. Ni agrios, a pesar de las medias naranjas. Pensad en ello. Enviamos bombones y caramelos, hacemos pasteles y postres para San Valentín, no regalamos caviar ni champagne

En San Valentín seguramente invitaremos o nos dejaremos invitar a una cena y si hay algo a declarar lo haremos a los postres que siempre son la feliz rúbrica de una comida perfecta. Todavía no se ha visto una película de Hollywood que esconda un anillo de compromiso en la carne asada o el cóctel de marisco, pero hay ejemplos mil en que se oculta a modo de sorpresa en una tarta o un postre. Y si todo sale bien te marchas de Luna de Miel.

La asociación entre lo dulce y lo romántico no es fruto de la casualidad. El año 2014 unos científicos publicaron un estido donde explicaban el por qué de la relación entre lo dulce y el amor. Que un artículo científico trate de explicar la razón de llamar a tu pareja con términos que aluden a su dulzor merece atención. Las 17 páginas del estudio en breve vienen a decir que las percepciones que tenemos de nuestras citas dependen de los estímulos sensoriales que estemos disfrutando - o no - en ese momento. Así a algunos sujetos que participaban en el estudio se les dio galletas dulces y a otros patatas fritas saladas. Supongo que habéis intuido que el interés romántico hacia posibles parejas era más fuerte entre el grupo que había recibido un estímulo dulce. Eso explica que dar el anillo cuando ella come macarons tenga más posibilidades de recibir un sí que pretender lo mismo mientras come unas papas bravas.

En Lisboa es costumbre que los enamorados coman juntos Pastéis de Belem en la tienda que los creó porque dicen que al hacerlo de esta manera compartirán amor eterno. En Alemania se regalan galletas de jengibre con forma de corazón. En Jumilla, España, se regalan por San Valentín estos Rollos del Amor, una antigua receta árabe de unas rosquillas que no salen perfectas porque dicen que el amor no lo es pero siempre debe dejar al final un regusto dulce para que merezca la pena haberlo vivido. En Anatolia, donde las relaciones entre los prometidos se suelen formalizar a través de las familias de ambos, es costumbre acudir a las casas con bandejas de dulces Báklava empapados en almíbar para facilitar que accedan a dar la mano de la hija.

Pero también el desamor - y de eso no habla nada el estudio antes mencionado - debe tener algo que ver con el dulce. Muchos y muchas ahogan los desengaños y las roturas de relaciones abocados en potes gigantes de helado o devorando, uno a uno, los bombones de una caja que por una vez te has debido comprar y regalarte a ti mismo. Incluso el dulce está presente en grandes tragedias amorosas y se regala entre amantes de la actualidad como si la historia no fuera con ellos. Véase si no los "Besos de Julieta y Romeo", tan tradicionales en Verona (Italia) o los "Suspiros de Amante", un pastelillo que recuerda una trágica historia de amor ocurrida en la ciudad española de Teruel durante la Edad Media que no tiene nada que envidiar a los personajes del drama de Shakespeare.

Sea por razones científicas o porque sí, el amor es dulce y las recetas de postres a realizar en San Valentín pueden servir para obtener aquello que deseas o quieres ofrecer a quien amas. Y recuerda, si vas a pedir algo, que sea siempre a los postres.

Los Rollos del Amor o almojábanas son unas roscas o rosquillas típicas del Levante español aunque en Latinoamérica existen productos homónimos si bien son diferentes en cuanto a ingredientes y resultado. El nombre procede del árabe y viene a significar "que lleva queso" o "hecho con queso" lo cual indica que estas rosquillas proceden de un postre árabe que incorporaba tal elemento, hoy desaparecido.

Básicamente se trata de obtener un roux (añadir harina en un caldo graso) al que se le incorporan huevos y algo de azúcar si se va a rellenar o cubrir con otro elemento dulce (almíbar, crema). Si se van a comer tal cual salen del horno se emplea una mayor cantidad de azúcar.

INGREDIENTES

  • 500 gramos de harina blanca de trigo
  • 200 gramos de azúcar (si se va a comer sin relleno y/sin cobertura) ó
  • 50 gramos de azúcar (si va a llevar relleno y/o cobertura de almíbar)
  • 6 huevos grandes
  • 2 vasos de agua
  • 1 vaso de aceite (preferiblemente de girasol)
  • Almíbar (opcional)
  • Azúcar glas (opcional)

En una cazuela incorporamos el agua y el aceite, calentándo la mezcla a fuego medio hasta que hierva.  En ese momento añadimos poco a poco la harina - a ser posible tamizada - y vamos removiendo con una espátula. Cuando espesa pasamos  a utilizar la cuchara de madera, removiendo con ella hasta que se separa de las paredes del cazo. En ese momento extraemos y dejamos aparte para se se ponga tibia.

Mientras entibia batimos los huevos con el azúcar (50 ó 200 gramos, según el uso que vayamos a darle) y los vamos añadiendo poco a poco en el roux mientras amasamos. Debe quedar una pasta homogénea y elástica.

Precalentamos el horno a 190 grados. Lo mejor es trabajar al principio con la bandeja del horno fuera, depositando una lámina de papel vegetal para que las rosquillas no se peguen. Hacemos bolas de unos 3 ó 4 cm de diámetro que vamos colocando sobre la bandeja separadas al menos un palmo pues de no hacerlo así al aumentar se tocarían. Cuando tenemos las bolas sobre la bandeja  las aplastamos ligeramente haciendo un agujero en el centro con el dedo mojado en aceite. Horneamos hasta que las rosquillas se hinchan y quedan doradas. Con 20 minutos debería ser más que suficiente, pero no dejéis de vigilarlas en todo momento o tendréis un disgusto grande porque cada horno es un mundo.

Si habéis empleado la receta con poca azúcar luego las podéis bañar en un almíbar ligero y azúcar glas para darles el necesario dulzor. Si empleáis la receta con más azúcar, se comen tal cual  (es la receta que suelo hacer).

La receta es fácil pero conviene ir con cuidado con la elasticidad de la masa. Si queda muy seca, añadid uno o dos huevos. Si queda demasiado líquida (que se escapa de entre los dedos), añadid harina tamizada con mucho cuidado de no pasarse.

Amasad también a conciencia añadiendo poco a poco los huevos, no todo de golpe. El resuultado es una rosca ligera que sube por la acción coagulante del huevo pero que al enfriar baja (es normal) y cuya textura recuerda a la masa de los profiteroles.

Hacedlas, lo recomiendo, son magníficas y un regalo para los sentidos, estéis enamorados o no.


Malassadas de las Azores


¿Dónde se fue el anticiclón de las Azores? Ni idea. Debe seguir allá pero hubo una época que cuando el mismo se desplazaba hacia la península ibérica era sinónimo de cielos despejados y sol a raudales. Era un tiempo en que había invierno, primavera, verano y hasta otoño. Ahora solo nos quedan dos estaciones, el invierno (muy debilitado) y un largo verano mientras que los noticieros solo nos anuncian terribles ciclogénesis explosivas, mini-tornados y trenes de borrascas a los que bautizan con nombres que daríamos a nuestras mascotas aunque merecerían otros más siniestros.

Las Azores son un archipiélago de origen volcánico tan alejado de todo que hasta que no llegaron los portugueses allí no vivía nadie. Las nueve islas apenas suman 250.000 habitantes en poco más de 2300 Km2, así que en comparación las islas Canarias casi triplican la superficie total y multiplican por 10 la población. Además las Canarias están mucho más cerca del continente que las Azores lo que ha hecho que ya en la antigüedad estuvieran habitadas y pueblos como los fenicios, cartaginenses, griegos y romanos conocieran de su existencia. Nada de eso ocurrió con las islas portuguesas.

Las Azores se parecen a las Canarias en cuanto a morfología - ambos archipiélagos son de origen volcánico - pero las primeras son más húmedas, contando con lagos y cursos de agua superficiales de los que carecen las segundas.

Las malassadas son un dulce típico de las Azores que se puede encontrar durante todo el año aunque es en Año Nuevo y sobretodo en Carnaval cuando son más tradicionales. Se trata de masas fritas con saborizantes como el brandy y el zumo de naranja que les dan un sabor muy característico. Son además muy fáciles de hacer.

INGREDIENTES:

  • 500 gramos de harina
  • 400 ml de agua (2 vasos más o menos)
  • 1 vaso (200 ml) de brandy, cognac, jerez u oporto
  • 3 huevos
  • 3 naranjas
  • 50 gramos de mantequilla sin sal
  • 10 gramos de levadura de panadería (levadura seca)
  • 2 cucharadas rasas de azúcar
  • 1 cucharadita rasa de sal
  • Azúcar y canela (para espolvorear por encima, en abundancia porque la masa apenas se endulza)
  • Aceite de girasol o maíz para freír

En primer lugar vamos a engordar la levadura en medio vaso de agua tibia con un pellizco de azúcar.

Ahora vertemos los componentes secos (harina, azúcar y sal) en un bol grande. Mejor si los tamizamos para evitar grumos posteriores. Mezclamos bien.

Agregamos al bol la levadura además del zumo de las naranjas y el licor que hayamos elegido. También se incorpora la mantequilla blanda.

Podemos usar una amasadora eléctrica si la tenemos (en el robot o de una panificadora) o bien amasando con las manos. A medida que lo hacemos vamos añadiendo los huevos uno a uno, no añadiendo el siguiente hasta que el primero no está bien integrado.

Cuando la masa está suave y homogénea, la dejamos descansar un par de horas o hasta que dobla el tamaño, en un lugar cálido y oscuro.

Transcurrido el tiempo enharinamos nuestras manos y vamos pellizcando bolas de un tamaño un poco mayor de una pelota de ping pong. Se les da una forma circular, algo más fina por el centro o incluso si se quiere con un agujero (no importa que con la fritura se cierre).

Dejamos reposar las malassadas el tiempo que tarde en calentar el aceite vegetal. Lo ideal es tener suficiente aceite para que floten en el mismo.

Cuando el aceite esté caliente sin llegar a humear, vamos añadiendo las masas y dejamos hacer hasta que se doran. Si no hay suficiente aceite, les tendremos que dar la vuelta.

Cuando ya están doradas las extraemos y dejamos escurrir sobre papel absorbente. Mientras aún están caliente, las espolvoreamos abundantemente con azúcar granulada blanca (la normal) y canela en polvo. De esta manera prenderán bien, ya que como habéis visto, en la masa apenas lleva 2 cucharadas de azúcar).

Están muy buenas. El licor y la naranja les da un sabor muy especial, seguro que las haréis más de una vez.