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lunes, 16 de septiembre de 2013

Algunas comidas son en realidad una droga

Nadie duda que nuestro cuerpo necesita comida para funcionar. Somos como una bombilla : entra energía y la convertimos en "luz", que en nuestro caso sería actividad física y mental. Para que no "olvidemos" alimentarnos el cerebro ha diseñado un sencillo sistema que nos recompensa con placer cuando ingerimos comida. Así, tras una comida, el cerebro segrega una orden hormonal que indica al cuerpo que estamos saciados - la cual nos hace sentir el estómago lleno e incapaz de asumir más comida - a la vez que hace fluir una serie de substancias opiáceas que nos calman y nos satisfacen. El mecanismo es idéntico que en el placer sexual : la recompensa del mismo es el orgasmo que nos predispone para un nuevo acto sexual y así "perpetuar  la especie humana" (claro que no es así en muchas ocasiones en el ser humano, pero el placer sexual busca la continuidad de la especie y el éxito reproductivo es garante de la misma, sea cual sea el condicionamiento cultural del mismo).
Los mecanismos que ocurren a diario en nuestro cuerpo son acontecimientos que conllevan cierta carga de dolor. La partición celular, el crecimiento, el envejecimiento etc conllevarían malestar si no fuera porque el cerebro descarga ciertas dosis de calmantes. Cuando una persona se convierte en drogadicta el cerebro se acostumbra a que las substancias calmantes procedan del exterior, de manera que deja de fabricarlas de manera natural. De esta manera si el individuo no puede acceder a la droga se produce el síndrome de abstinencia que se manifiesta como una sensación dolorosa e incontrolable que obliga a buscar droga para calmarla puesto que el cerebro ha quedado incapacitado para ello.
Lo mismo ocurre, a otro nivel, con determinados alimentos que consumimos y que no sólo provocan satisfacción porque han saciado nuestras necesidades alimenticias, sino porque incorporan sin que lo sepamos substancias adictivas.
No he conocido a nadie que sea adicto a las zanahorias o a las lentejas, pero seguro que todos conocemos a gente que "depende" del café, el chocolate o el azúcar para superar problemas emocionales o simplemente para afrontar el día a día. La explicación es sencilla : cuando una persona consume chocolate la substancia adictiva que contiene - algunos creen que es la teobromina, aunque hay discusiones al respecto -  provoca que el cerebro genere una substancia opiácea que permite superar un bache emocional aunque la causa del mismo subsista. Al menos nos sentimos bien durante unos instantes. El azúcar no contiene ninguna substancia opiácea, pero al ser de absorción rápida provoca una respuesta de tal magnitud en la insulina que el cerebro produce mayores cantidades de calmantes con la que nos "premia" por una ingesta tan calórica aunque esté totalmente vacía de nutrientes. Digamos que en este caso a nuestro cerebro se le va la olla, o simplemente no se entera (de hecho lleva lidiando con el azúcar de forma regular desde hace sólo 200 años).
Si te sientes dependiente de algún tipo de alimento, en ese caso empieza a sospechar que algo adictivo hay detrás del mismo.
Los alimentos adictivos más señalados por los científicos son la harina, el aceite - o la grasa -, el azúcar, el chocolate, la cafeína - contenida en el café y los refrescos de cola o los energizantes - , la sal, y el queso.
A quien le haya extrañado la presencia de la harina, el aceite y el azúcar baste decir que la conjunción de dichos ingredientes en la bollería industrial y las adicciones que causa son auto-explicativas. Lo del queso tiene una explicación más sorprendente.
Para que la vaca y su ternero "estrechen lazos" la leche contiene una substancia que es muy parecida a la morfina. ¿Por qué una vaca segrega morfina con la leche? Para calmar a su cría y conseguir que se alimente durante un determinado tiempo y así asegurar una buena alimentación. Esto quiere decir que la leche contiene morfina pero en una cantidad ínfima. Pero el queso contiene mucha caseína, una proteína de la leche, que a su vez contiene mucha morfina. Así que cuando la caseína llega a nuestro estómago y es "rota" por el ácido clorhídrico de nuestro estómago se difunde por el cuerpo creando una sensación de calma y satisfacción. El queso puede ser adictivo, principalmente por la cantidad de leche que se requiere para su elaboración y su elección para acompañar a las hamburguesas en los restaurantes de comida rápida no es nada casual. De hecho es bien conocida una patología que provoca que algunas personas que consumen queso padezcan cefaleas - y por eso lo evitan -  o bien los adictos cuando dejan de consumirlo sufren las mismas (síndrome de abstinencia). Igual que en el caso de los cafeinómanos.

Que los alimentos causan adicción es algo conocido desde hace mucho tiempo. No en vano las grandes corporaciones alimentarias se caracterizan por haber explotado alguna de ellas. Supongo que los ejecutivos de Coca-Cola se reían a mandibula batiente cuando el público especulaba durante años sobre cuál era el ingrediente secreto que incorporaba la fórmula y al cual se le suponía la adicción que provoca. Pues ninguno, el adictivo se llama AZÚCAR. También  NESTLÉ se hizo grande con el CHOCOLATE, PEPSICO le debe mucho al AZÚCAR, KRAFT (comida preparada) al GLUTAMATO... Mucho tendriáis que escarbar para encontrar una empresa de alimentación multinacional y rica por el simple hecho de haber vendido nabos (si la hay, que lo dudo).
¿Venden drogas estas empresas? Evidentemente no. Comercializan productos que existen desde hace mucho tiempo y que no se consideran droga en sí puesto que no incapacitan al individuo, no siempre le causan adicción y no provocan alarma social. Eso no quiere decir que no estén exentas de culpa. Pongamos el caso del glutamato monosódico. 
El glutamato monosódico está presente en la gran mayoría de comidas preparadas bajo muchos nombres diferentes. En teoría no es más que un potenciador del sabor, si bien su omnipresencia no siempre está justificada. Los fabricantes saben que el glutamato provoca en nuestro cuerpo una excitación de la cadena de la insulina que nos hace desear más alimento. ¿Habéis notado a veces que cuando empezáis a comer patatas chips no podéis parar? Pues bien, las patatas chips suelen contener glutamato sin que exista más razón que provocar apetito hacia las mismas. Si os habéis dado cuenta las bolsas de patatas fritas cada vez son más grandes y aunque camuflan su tamaño bajo el apelativo de "bolsas familiares" los fabricantes saben bien que individuos predispuestos se las zamparán sin ayuda de ningún familiar y casi sin darse cuenta mientras miran la tele sentados en el sofá.
Lo mismo ocurre con la comida preparada. Si tras ingerir unos macarrones a la boloñesa comprados en el supermercado habéis vuelto a tener hambre al cabo de una hora, ya sabéis a quién echarle la culpa.
Todo esto no sería preocupante si no tuviera consecuencias, pero lamentablemente las hay. A largo plazo aparece diabetes, obesidad y enfermedades coronarias que se suelen achacar a los malos hábitos de los pacientes, cuando en realidad se trata de unos malos hábitos inducidos por las drogas alimentarias que nadie considera como tales y sin embargo lo son. Pero a ver quién es el guapo que se enfrenta a las corporaciones más poderosas del Planeta....



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