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martes, 29 de octubre de 2013

El tamaño del estómago del niño y el hambre

No se puede hablar de un tamaño de estómago único ni por edades ni por tamaño del individuo. El tamaño va a depender de varios factores. Cuando nacemos nuestro estómago es muy pequeño. En realidad es diminuto : apenas cabe el contenido de una cucharada. Por esta razón el bebé necesita muchas tomas de leche materna o artificial ya que no es capaz de procesar en una sola ingesta toda la energía que necesita. A medida que el niño crece el tamaño del estómago va creciendo y por tanto las tomas pueden espaciarse.
El estómago es un órgano con forma de bolsa que se renueva y adapta continuamente. Recordemos que dentro de él se genera ácido clorhídrico para ayudar a coagular las proteínas. El ácido clorhídrico es extremadamente corrosivo, así que podemos suponer que las paredes internas del estómago están sometidas a una gran presión química. De no ser por la renovación de las células que forman la pared, el estómago se consumiría a sí mismo. La sensación de saciedad aparece cuando esta "bolsa" se llena. Si acostumbramos a comer abundantemente el estómago se irá haciendo más grande y cada vez aparecerá más tarde la sensación de saciedad. Por tanto comeremos más.
Los niños, y aún más los bebés, actúan instintivamente frente a la comida. Si se me permite el símil, actúan exactamente igual que los animales : comen cuando tienen hambre y saben, instintivamente, qué alimentos les son más propicios. Nosotros, como adultos, actúamos frente a la comida de forma instintiva pero también de forma cultural. Podemos comer alimentos que no nos gustan por agradar a quien nos lo ha preparado, o por compromiso o porque pensamos en las consecuencias que tendrá sobre nuestra salud o porque simplemente nos apetece un atracón.
Así que tenemos un niño cuyo estómago será proporcionalmente mucho menor que el de un adulto, pero ¿cuánto? Si un adulto pesa 80 Kg y su hijo de 5 años pesa 19 Kg, es prácticamente seguro que su estómago será al menos 4 veces menor que el del adulto. Podríamos decir que el adulto posee una capacidad de 2 litros, de manera que el del niño es de medio litro. Pero probablemente no lo sepamos. Pero lo podemos suponer. Ahora vamos a estudiar al adulto. Mide 171 cm y pesa 80 Kg. Supongamos que su peso ideal es de 72 Kg. Esto es, tiene un sobrepeso de 8 Kg. De esto se deduce, de forma muy general, que probablemente sus raciones sean mayores de lo necesario. Así que si dividimos por cuatro la ración del adulto y aún le restamos un poco, tendremos la ración óptima del niño. ¿Que parece pequeña, demasiado pequeña? A los ojos de este adulto, desde luego. Pero aún hay más.
Cuando hacemos dieta debemos cuidar sobremanera el aporte de micronutrientes (vitaminas y minerales) así como de macronutrientes (proteínas). Si comemos mucho nuestras raciones contienen suficiente cantidad de nutrientes para cubrir las necesidades de nuestro organismo pero al hacer dieta empezamos a sufrir carencias que a menudo se han de cubrir con la ingesta de suplementos vitamínicos y minerales. O comiendo mejor. Mucho mejor. En los niños ocurre lo mismo. Comen menos porque su estómago es más pequeño pero su alimentación debe ser muchísimo más eficiente. Los alimentos que no aportan los suficientes minerales y vitaminas son nefastos para ellos así como aquellos que no suministran las calorías necesarias. Por ejemplo hacemos un puré de zanahorias y se lo damos al niño. Hay ciertas posibilidades de que lo rechace. Los padres suelen pensar que se trata de un problema de sabor, pero ocurre que una ración apropiada al estómago del niño compuesta sólo de vegetales no aporta suficientes calorías : le sacia pero no le nutre. Así que se zampa el plato de verdura, se llena el estómago y es incapaz de comer el segundo plato de pollo, por ejemplo, que sí le nutriría al 100%. Pero no le cabe.
Y aún hay más. El adulto suele pensar que el niño necesita gran cantidad de calorías para crecer y desarrollarse. Es relativamente cierto. De hecho los niños desarrollan una gran actividad pero tienen un cuerpo pequeño y el crecimiento espectacular que tenía el niño hasta los dos años se pausa a partir de esa edad. El crecimiento es consecuencia de la edad, tiene un componente genético (padres altos, niños altos, ya se sabe...) y raramente se presentan casos de escaso crecimiento en el primer mundo debido a fallos en la alimentación.
Con esto ya tenemos una perspectiva fisiológica para situar la posible inapetencia en un lugar "lógico".

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