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miércoles, 18 de julio de 2012

Extractos de "5 rutas para conocer Estambul en 5 días"


Extractos de mi libro sobre Estambul-Turquía contenidos en el capítulo "Pequeña enciclopedia sobre cosas a saber sobre Turquía" :

".............Ramadán (Ramazán en turco) : el Ramadán es el mes del calendario islámico en que se debe practicar la abstención. En primer lugar se debe ayunar – prohibición total de tomar líquidos y sólidos – desde el amanecer hasta el anochecer, y tampoco se pueden mantener relaciones sexuales, perfumarse o fumar. En Turquía el seguimiento es laxo. Puesto que el calendario musulmán se rige por la luna, el Ramadán circula progresivamente por todas las estaciones del año. Cuando cae en invierno es relativamente fácil de seguir ya que anochece pronto. En verano el seguimiento es mucho menor por la mayor cantidad de horas de sol. El ayuno no debe ser seguido por niños, embarazadas, ancianos o enfermos.
En Turquía se puede comer y beber durante el Ramadán sin problemas y a la vista de todo el mundo. Puede haber problemas en algunas zonas radicales, pero son las menos. De hecho, a diferencia de otros países musulmanes, es casi recomendable ir en Ramadán, al menos gastronómicamente hablando. Al finalizar la jornada de ayuno se celebra una comida, el Iftar, que suele ser un opíparo festín en que se cocinan especialidades tradicionalmente presentes únicamente en Ramadán. Tanto es así que muchos practicantes ganan algunos kilos durante la celebración.
El 2010 Ramadán se iniciará a mediados de Agosto. El 2011 a principios del mismo mes. El 2012 a mediados de Julio, el 2013 a principios y el 2014 a finales de Junio............"

"............Los turcos vistos por los occidentales : la relación entre los turcos y Occidente es posible que se iniciara en el siglo V cuando integraban las hordas hunas que pusieron en jaque el Imperio Romano de Occidente. El Imperio Huno se deshizo con la misma facilidad con que se creó y de él sólo quedó un vago recuerdo de su líder Atila y en el nombre de Hungría, aparentemente deformación de Hun-on-ogur, donde on-ogur sería el nombre las tribus asiáticas fundadoras de la nación (significa “diez-flechas”). Durante medio milenio se esfumaron de la conciencia de los europeos hasta que reaparecieron, convertidos al Islam, en Oriente Medio. Los selyúcidas atacaron el Imperio Bizantino – algo que no preocupó en absoluto a los occidentales de credo católico – pero reemplazaron a los árabes en el control de los Santos Lugares de Palestina el 1070 y ahí empezaron los verdaderos problemas. Los árabes eran muy respetuosos hacia los cristianos y les permitían peregrinar a Palestina para visitar los lugares ligados a la vida de Jesucristo. Los turcos, impregnados de ortodoxa fe islámica, empezaron a poner trabas en el acceso a Palestina e incluso, según fuentes occidentales, llegaron a cometer atrocidades entre los peregrinos. Probablemente estos ataques fueron exagerados para motivar a los combatientes, puesto que la auténtica razón que originó la Primera Cruzada fue el terror que causaba el avance musulmán por el flanco este de Europa. Lo que sí es cierto y está bien documentado por los propios cronistas europeos fue la brutalidad que desplegaron los Cruzados. A su paso por Hungría no dudaron en masacrar las comunidades judías y en la toma de diversas ciudades palestinas practicaron el canibalismo devorando niños musulmanes asados en espetones. La misma conquista de Jerusalén fue una horrenda colección de atrocidades que darían tema para una película gore de Hollywood. Para una descripción magnífica de las cruzadas recomiendo “Las cruzadas vistas por los árabes” de Amin Maalouf (ver nota bibliográfica).
Durante los doscientos años de presencia cruzada en la franja costera de Oriente Medio la interacción entre turcos y cristianos fue constante. Nur-al-Din, Saladino (Salah-al-Din), los emires, Baybars, el Sultán, Alp Arslan, todos ellos eran turcos, no árabes (excepto Saladino que en realidad era kurdo). Los llamados “mamelucos” egipcios eran también soldados esclavos de etnia turca. El odio de los primeros años se fue suavizando y al final los estados cristianos de Oriente, ya muy debilitados, llegaron a ser vasallos de los emires turcos. De los primeros años de lucha quedó una expresión que se emplea en España y Francia : “cabeza de turco”. Dice la leyenda que cuando un cristiano que participaba en las Cruzadas conseguía matar a un turco le cortaba la cabeza y la clavaba en una pica o lanza. El resto de la soldadesca lanzaba improperios contra la cabeza cortada acusándola de todos los males que les había traído la lucha. Otra explicación se remonta a la batalla de Lepanto cuando el almirante turco Alí Bajá fue decapitado de un hachazo por un galeote que había abordado su barco. No se cual de estas historias es cierta pero desde entonces la frase se utiliza para culpabilizar a una sola persona inocente por lo actos de todo un grupo. En 1985 el periodista alemán Günter Wallraff publicó el libro “Ganz unten” que en español se tradujo como “Cabeza de Turco” (aunque en realidad se traduciría como “Lo más bajo”). En ella Wallraff describe lo que le sucedió cuando decidió hacerse pasar por turco oscureciendo su pelo, usando lentillas negras y utilizando un alemán rudimentario. De esta guisa y ocultando su auténtica identidad se empleó en diversos trabajos de baja cualificación sintiendo en su propia piel la discriminación y xenofobia de sus compatriotas, algo que describe con todo detalle en su obra.
Cuando el último estado cruzado desaparece a finales del siglo XIII los turcos se concentraron en acabar con el Imperio Bizantino. Pero antes de hacerse con Constantinopla – por cierto, mitificada hasta el punto de considerarla como inalcanzable por parte de los selyúcidas – se lanzaron a sojuzgar los estados cristianos de los Balcanes que se presumían más débiles. Para los pueblos balcánicos la entrada de los turcos en sus territorios se vivió como una hecatombe que ha modificado su Historia, para mal, de manera irreversible.
Bulgaria fue el país peor parado por la conquista a manos de los turcos a finales del siglo XIV. Las élites del país fueron eliminadas, el clero huyó y el campesinado estuvo en condición casi servil durante toda la ocupación. Si pensamos que los búlgaros habían fundado imperios capaces de amenazar a los Bizantinos no es extraño que este vasallaje constituya un recuerdo humillante. A Serbia tampoco le fue mejor. Los serbios deseaban reemplazar a los Bizantinos en el dominio de Constantinopla y proseguir su gloria. En lugar de eso fueron machacados por los turcos en la batalla de Kosovo de 1389 y durante cinco siglos sufrieron conversiones forzosas y la tiranía de los conquistadores. Los turcos aparecieron en la vida de los serbios cuando artística, militar y culturalmente podrían haber iniciado un Renacimiento igual al italiano en los Balcanes, y en cambio se convirtieron en esclavos. De hecho muchos serbios culpan al Imperio Otomano de ser el lejano origen del desmembramiento de la antigua Yugoslavia . En cierta manera aquella batalla del Campo de los Mirlos sigue generando secuelas. El territorio de Kosovo está habitado por albaneses que ocuparon con la anuencia de los turcos el centro histórico de la patria serbia a partir del siglo XVII. Dichos albanokosovares han declarado la independencia, aceptada por varios países, mientras que Serbia sólo accede a reconocerles una región autónoma dentro de su país. España, entre otros países, no reconoce Kosovo como una entidad soberana. Así que los serbios consideran a los turcos como el origen de todos sus males y focalizan hacia los musulmanes eslavos, aquellos que se convirtieron tras la conquista, una fuerte animadversión.
Los albaneses son los descendientes de los primitivos habitantes autóctonos de los Balcanes. De hecho parece ser que descienden de las tribus ilirias que conservaron su idioma durante el dominio del Imperio Romano. Todos los pueblos eslavos de la misma región – serbios, croatas y eslovenos – llegaron durante el siglo VI y VII a la zona. Los albaneses fueron conquistados por los turcos durante el siglo XV y uno de sus nobles, Jorge Castriota, fue enviado a la corte otomana en calidad de rehén. Allí se convirtió al Islam dirigiendo diversas campañas al frente de fuerzas turcas. Gracias a sus éxitos se le apodó Iskander Bey, (“Príncipe Alejandro”) en referencia a la grandeza de Alejandro Magno. Posteriormente este nombre fue deformado por los albaneses en Skanderberg.
A su regreso a Albania apostató de la fe islámica para encabezar la rebelión contra los turcos a los que mantuvo en jaque hasta su muerte en 1468. La resistencia continuó durante una decena de años hasta que finalmente todo el país fue sometido. Tras el fallecimiento de Skanderberg la élite del país huyó a Italia y Grecia dejando tras de sí una masa campesina que fue fácilmente dominada por los turcos. A lo largo de siete siglos gran parte de la población se convirtió al Islam aportando gran cantidad de renombrados políticos y soldados al Imperio Otomano. Los albaneses, como los búlgaros y los serbios, sienten que su Historia podría haber sido muy diferente sin la conquista de los turcos. Y eso suele ocurrir cuando los invasores parece que no aportan nada al bienestar y desarrollo de los pueblos que dominan. Ni a franceses, españoles o portugueses se les ocurriría ser tan negativos con respecto al legado del Imperio Romano, por ejemplo. Ni siquiera el hecho de que casi la mitad de los albaneses compartan religión con los turcos les inspira simpatía hacia sus antiguos amos.
Los húngaros mantuvieron una lucha constante contra los otomanos durante siglos. Se puede afirmar que fueron ellos los que salvaron el flanco oriental de Europa cuando el Imperio Bizantino estaba a punto de caer. Aunque los turcos llegaron a tomar parte del país su dominación duro demasiado poco para dejar huellas apreciables en la cultura magiar. El nombre masculino “Zoltan”, bastante común en Hungría es en realidad una deformación de “Sultán”. Otra cosa sucedió con un mito que de forma inconsciente los turcos convirtieron en Universal y que perdura aún en nuestros días.
Juan Hunyadi, padre del futuro rey húngaro Matias Corvino, era uno de los más fieros enemigos de los turcos. Realizó frecuentes campañas por los Balcanes consiguiendo que los príncipes fronterizos, que a veces apoyaban a los turcos o a los reyes cristianos según sus intereses, lucharan del lado magiar. Unos de estos príncipes era el voivoda de Valaquia Vlad II que formaba parte de la orden del Dragón promovida por el rey Segismundo de Hungría precisamente para conjurarse en la lucha contra los turcos. Dragón en rumano es “dracul”, de manera que Vlad II adquirió el sobrenombre de “Dracul”. Esta palabra tiene una doble acepción en rumano. Como hemos visto significa dragón pero también “diablo”. Los hijos de Vlad II fueron llevados a Constantinopla en calidad de rehenes. Uno de ellos tenía el mismo nombre de su padre : Vlad III Draculea o Vlad Tepes “El empalador” (la terminación “ulea” significa en rumano hijo-de). Fue este personaje histórico el que inspiró la famosísima novela “Drácula” de Bram Stoker. Este escritor escocés mezcló varias leyendas rumanas para crear su por doble partida inmortal personaje. Vlad Tepes nunca consumió sangre, que se sepa, pero su crueldad no tenía límites. Gustaba de empalar a sus víctimas introduciéndoles por el ano una estaca que clavaba en el suelo para que murieran lentamente entre horribles sufrimientos mientras la madera penetraba en el cuerpo para resurgir por la espalda. En una ocasión acabó con 30.000 personas de esta manera. Es casi seguro que a pesar de que tal vez las circunstancias políticas de su tiempo hacían “comprensible” este trato tan inhumano, Vlad Tepes realmente disfrutaba con la agonía humana. A pesar de todo a este cruel príncipe se le considera en Rumanía un héroe en su lucha contra los otomanos. Y claro, puesto que Valaquia y Transilvania conforman en conjunto la actual Rumanía, los turcos tampoco son populares en este país...."


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