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Tirópita (Grecia)

La tirópita es prima hermana del sambusak, del borek y de tantas otras especialidades de Oriente Medio y este de Europa. En resumen : empanadas rellenas.
Para confeccionar tirópita se debería emplear pasta filo. La pasta filo es la tradicional de Oriente. Es fina y delicada, casi con aspecto "crudo". Cuesta bastante hacerla y aún más trabajarla ya que se seca muy rápidamente al contacto con el aire. En Occidente es complicado encontrarla y en España, que yo sepa, sólo se halla en el Corte Inglés (sección gourmet), colmados especializados y tiendas de comida marroquí. Con la pasta filo se hace el borek turco, los baklava y la tirópita, entre otras muchas recetas.
Si no conoceis la pasta filo y teneis problema para encontrarla podeis utilizar pasta de hojaldre. El problema de la pasta de hojaldre es que una vez cocida adquiere demasiado volumen y se vuelve protagonista del sabor. Si la empanadilla es grande tienes la sensación de "mazacote", de estar comiendo un ladrillo con poco sabor. Una sensación completamente diferente de la obtenida si utilizais pasta filo.

La tirópita es muy sencilla y rápida de hacer.

INGREDIENTES :

Pasta filo u hojaldre
200 gramos de queso feta o blanco tipo burgos
Orégano o perejil picado
Menta fresca
1 huevo

En un bol desmenuzais el queso feta o blanco de burgos y adicionais una cucharada de orégano o de perejil picado y otra de menta fresca casi en polvo. En otro bol o plato batís un huevo.


Extendeis la pasta filo y cortais cuadrados de unos 12 centímetros de lado. Si se trata de pasta hojaldre que los cuadrados no sean mayores de 8 centímetros para evitar el desagradable efecto de "ladrillo" que comentamos antes.


En el centro del cuadrado echais un par de cucharadas generosas de queso con especias y doblais por la diagonal. Con un pincel o simplemente mojando la punta de los dedos en el huevo batido cerrais los lados con fuerza.


Usando un papel de horno o untando una plata para hornear colocais encima los tirópita mojándolos con el resto del huevo para que queden brillantes. Se meten en el horno a unos 200 grados durante 10-15 minutos (o hasta que se vean dorados) y ya están listos para consumirse, en caliente o en frio.