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Pastel de acelgas, queso y huevos


La palabra "acelga" causa traumas a más de uno, traumas que probablemente surgieron en su niñez cuando le obligaban a comer esta planta dos o tres veces por semana. Es probable que en el ranking de las verduras más odiadas por los niños se encuentren en segunda posición, en dura pugna con las coles de bruselas que por su olor suelen copar siempre el primer puesto. 
Ahora que ya eres grande y comprendes que la acelga aporta mucha fibra, ácido fólico y vitaminas tal vez te encuentres en la tesitura de ser progenitor y te asalta aquella duda existencial e inevitable que sucede cuando dejamos de cuestionar y oponernos a los mandatos de nuestros padres - sin haberlos asumidos en casi ningún momento - para traspasar los mismos clichés a nuestros hijos. Así que, ¿cómo hacerles comer acelgas si tú nunca las has comido y además debes dar ejemplo comiéndolas por primera vez sin que nadie te amenace? El pastel de acelgas, queso y huevos es la solución.

INGREDIENTES  (4 personas, entre las cuales se incluye al progenitor que las odie)

Un manojo de acelgas grande
1 hoja de pasta quebrada (la que no sube) , la suficiente para hacer una tarta de unos 22 cm de diámetro (lo que es el tamaño habitual de un plato)
100 gramos de queso parmesano
400 gramos de requesón
4 huevos
Sal
Aceite virgen extra de oliva

 En primer lugar cortados las hojas de acelga y las hervimos en muy poca agua con un pellizco de sal hasta que se ablanden. A continuación las escurrimos bien y las pochamos en una sartén grande con un chorro de aceite de oliva hasta que sueltan gran parte del agua. 
Pasamos las hojas de acelga cocidas por el chino y las mezclamos con el parmesano. Quebramos los huevos y separamos con cuidado las yemas de las claras. Añadimos las claras a la mezcla y batimos bien con la ayuda de una batidora de varillas. Es el momento de incorporar el requesón y un pellizco de sal (cuidado porque el parmesano ya es bastante salado).
En un molde de aluminio o silicona de unos 22 cm de diámetro colocamos la pasta quebrada de manera que suba por los bordes. Si sobra algo lo recortamos.  A continuación vertemos la mezcla en el centro hasta que alcance el borde. Hacemos cuatro agujeros en la masa y en ellos depositamos las yemas de los huevos. Las salamos ligeramente.
Metemos en el horno a 190 grados durante media hora o hasta que la pasta esté dorada y la masa se haya cuajado. Ya sólo por el aspecto que tiene da ganas de echarle el diente, olvidando por completo que uno de los ingredientes es la odiada acelga.