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viernes, 30 de octubre de 2020

Panellets "alternativos" de avena (muy baratos)



Los panellets tradicionales se confeccionan con harina de almendra y azúcar a partes iguales, mezcla que se cohesiona con ayuda de clara de huevo y la acción fundente propia del azúcar. Esto suele ser caro ya que las almendras no son baratas. Si además los cubrimos de piñones, el coste sube considerablemente.

Pero si queréis hacer panellets baratos es posible hacerlo sustituyendo la almendra por otros frutos secos de coste más contenido como pueden ser los cacahuetes, si bien el sabor final difiere bastante del obtenido con las almendras. Se puede sustituir la harina de almendras por harina de avellanas, nueces, pistachos o castañas pero entonces al ahorro ya no es tanto. Eso sí, unos panellets hechos con harina de nueces, avellanas o castañas están buenísimos, casi tanto o más que los hechos con harina de almendras.

De las diversas pruebas que he hecho, tres harinas me han dado buen resultado : la harina de avena, la de quinoa y la de espelta. Otras en cambio no han dado buenos resultados, principalmente la harina de garbanzos, la de centeno y la de harina integral (en estas pruebas fallidas el sabor de la harina se imponía en exceso sobre el sabor a panellet que se quería obtener, no siendo nada agradables al paladar).

Aún en el caso de las harinas aptas, el sabor hay que mejorarlo añadiendo boniato y saborizantes que no sean caros para no desvirtuar la pretensión de hacer algo barato.

INGREDIENTES :

250 gramos de harina de avena, quinoa o espelta

250 gramos de azúcar

150 gramos de boniato horneado

2 huevos

Saborizantes varios : café, ralladura de la piel de limón, coco rallado

Decoración : fideos de chocolate, guindas, coco rallado etc

En primer lugar vamos  hornear el boniato a 180 grados hasta que esté blando. Dejamos enfriar y extraemos la pulpa, desmenuzándola con un tenedor.

En un bol mezclamos la harina que tengamos o podamos encontrar (espelta, quino o avena), con el azúcar y la pulpa del boniato. Añadimos las claras de los dos huevos, reservando las yemas. Mezclamos bien hasta obtener una masa homogénea.

Si los queremos con sabor a coco mezclamos unos 100 gramos de coco rallado. Si los queremos con sabor a limón añadimos la ralladura de una piel de limón. Si los queremos de café, incorporamos una tacita de café (unos 30 ml de café expreso).

Separamos porciones de la masa y hacemos unas bolas del tamaño de una pelota de ping pong, incluso menos. Las aplasamos ligeramente y si queremos las podemos rodar por coco rallado o añadir una guinda roja. Los panellets que no tengan decoración externa los pintamos con las yemas que hemos reservado al principio y así quedaron dorados. No uséis la yema con los panellets decorados con coco rallado o con fideos de chocolate.

Precalentamos el horno a 180 grados y horneamos durante 20 minutos o hasta que estén bien dorados.

Se dejan enfriar y listos para comer, mucho más baratos que los hechos con harina de almendra o cualquier otro fruto seco.

¿Son fáciles de encontrar las harinas indicadas? La de espelta es una harina de trigo bastante rica en fibra. Se puede encontrar en tiendas dietéticas pero también en muchos supermercados.

La harina de quinoa es un pseudo cereal que convertido en harina sirve como sustituta de la harina de trigo. Se pueden hacer tortas, bizcochos, panes pero con la salvedad de que al no contener gluten no permite inflar las masas. Esto en cambio es positivo para los celíacos. Habitualmente se vende la quinoa en formato semillas y es algo más diícil de encontrar como harina, aunque no imposible.

Por fortuna una de las mejores harinas para hacer los panellets es de las más baratas y fáciles de hacer o conseguir. La avena se puede comprar en preparados específicos para hacer gachas y triturarla para conseguir harina con un procesador o similar. También es posible comprarla hecha a precios bastante económicos. Además el resultado obtenido es muy similar al de la harina de almendras, por lo que no la echaréis de menos.

lunes, 26 de octubre de 2020

Caramelos de Naranja (piel de naranja confitada)



Generalmente pelamos las naranjas desechando las pieles  las cuales no parecen tener ninguna utilidad. Pues bien, es posible emplear esas pieles que habríamos descartado para hacer unos caramelos bastante curiosos. No os voy a mentir diciendo que son más sanos que los caramelos que podéis encontrar en las tiendas de dulces porque llevan también gran cantidad de azúcar pero hacerlos proporciona esa satisfacción de hallar utilidad en lo que parecía destinado al descarte.

En Noviembre llegan las primeras naranjas nacionales, así que es un buen momento para hacer esta receta si consumís mucha de esta fruta y os gustan los dulces.

INGREDIENTES :

4 naranjas grandes
Un par de litros de agua, aproximadamente

Para el jarabe :

300 gramos de azúcar
300 ml de agua

Pelamos las naranjas previamente bien lavadas y una vez tenemos las peladuras, desprendemos la máxima cantidad de piel blanca interna. Esa piel es la causante del amargor y cuanto menos haya, mejor. No obstante si os parece una tarea muy pesada podéis esperar a hervir las pieles y el amargor desaparecerá de la misma manera que su les hubiérais desprendido manualmente dicha parte interna blanca.

En efecto, ahora hay que hervir las pieles en unos 2 litros de agua durante 20 minutos. Veréis que la piel blanca se vuelve transparente pero no se trata de un proceso cosmético, si no que el hervor elimina el amargor de la piel.

La piel se puede confitar en trozos grandes o bien en pequeños cortes, según os guste.

Una vez hervidas las peladuras, el agua se debe descartar.  Para eliminar al máximo el hervor es aconsejable hervirlas de nuevo durante otros 20 minutos. Descartamos el agua otra vez.

Es el momento de hacer el jarabe. En una cazuela cubierta a fuego medio-bajo vertermos el azúcar, el agua (debe ser el mismo peso que el azúcar) y las pieles de naranja hervidas. Removemos bien, Dejamos hacer, vigilando que no se evapore el líquido, durante unos 45 minutos.

Transcurrido el tiempo retiramos las pieles caramelizadas y las depositamos en una rejilla para que escurra el agua sobrante. Dejamos toda la noche secarse hasta que la capa de azúcar endurece y ya no es pegajosa al contacto.

Se consume tal cual, masticando o chupando, igual que si fuera un caramelo comprado en la tienda.

viernes, 23 de octubre de 2020

Soul cakes


A finales de este mes se concatenan varias festividades que destacan por la repostería tradicional que conllevan. Es la época de los boniatos, los panellets, los huesos de santo, el pan de muerto y otros muchas recetas dulces - algunas también saladas -  que nos recordarán que estamos ya cerca del invierno. 

Antiguamente era tradicional celebrar la festividad de Fieles Difuntos también con dulces aunque la razón no era tanto disfrutar de los mismos - que también - si no obtener algo a cambio.  

Fieles Difuntos se celebra el 2 de Noviembre y está dedicada a aquellos que han fallecido pero por alguna razón se intuía que en lugar de ir directos al Infierno o al Cielo se habían quedado en un punto intermedio llamado Purgatorio. Esta especie de tierra de nadie hace tiempo que desapareció de la liturgia católica pero durante siglos sirvió a la Iglesia para obtener buenos dividendos vendiendo intermediaciones para que las almas penitentes alcanzaran finalmente el Cielo. A nivel más mundano también fue útil para los confiteros para vender dulces con el pretexto de que cada venta contribuía a que un alma acumulara puntos con el mismo propósito de alcanzar un lugar al lado de Dios, no tan directo como la clase business que prometía la Iglesia, pero igual de válido. De esta manera cuando comías un pastelillo o un dulce contribuías a la promoción de un difunto hacia la plena felicidad. 

Entre que el Purgatorio ya no existe por orden papal y que el 2 de Noviembre no es festivo, los dulces relacionados con esa fecha han ido cayendo en el olvido excepto en varios países como Inglaterra, donde aún son muy populares. A medio camino entre el bollo  (lo que en Inglaterra se denomina "scone") y la galleta ("cookie"), los Soul Cakes (literalmente Pasteles del Alma) se consumen en el All Souls' Day (El día de todas las almas, equivalente al Fieles Difuntos  católico). Cabe decir que la iglesia anglicana, mayoritaria en Inglaterra, es calcada a la católica exceptuando que la cabeza visible de la misma es el monaca de la Gran Bretaña (en estos momentos Isabel II) y que admite el sacerdocio femenino. El aspecto de las iglesias anglicanas, con esculturas de santos y otros ornamentos, se parece más a los templos católicos que a la austeridad de las iglesias protestantes ya que la escisión de la primera fue debida a motivos más políticos que religiosos. Por eso no es extraño que las fiestas y tradiciones sean bastante similares entre ambas ramas del cristianismo.

INGREDIENTES :

200 gramos de mantequilla sin sal

200 gramos de azúcar glas (impalpable)

500 gramos de harina blanca de trigo

3 yemas de huevo (media L o XL)

100 gramos de pasas sultanas o corintias (sin semillas)

Un cuarto de vaso de leche (50 ml, aproximadamente)

Media cucharadita de nuez moscada

1 cucharadita de canela en polvo


Ponemos a punto pomada la mantequilla (bastarán unos pocos segundos en el microondas) y la batimos con el azúcar glas en un bol grande hasta que forma una crema homogénea con un poco de espuma.

Añadimos entonces las yemas de huevo, una a una, y las vamos integrando bien con las varillas antes de incorporar la siguiente.

En otro bol mezclamos la harina con las nuez moscada y la canela en polvo. Esta mezcla seca la pasamos por un cedazo para que no haga grumo, haciéndola caer directamente sobre la crema obtenida.

Mezclamos bien con una cuchara de madera y cuando ya no es posible continuar, usamos las manos. Si la masa resultante es poco maleable, añadimos leche con cuidado. Durante el amasado vamos añadiendos las pasas para que se distribuyan de forma uniforme.

Con 10 minutos de amasado será más que suficiente.

Precalentamos el horno a 180 grados. Es importante que cuando introduzcáis los Soul Cakes el horno tenga la temperatura exacta.

Volcamos la masa en una superficie lisa y con un rodillo la aplanamos hasta que toma un grosor de 1 cm, más o menos.

Cortamos con un molde de galletas o un bol invertido círculos de masa de unos 5cm de diámetro. Sobre cada una de las galletas marcamos una cruz. Esta marca es una reminiscencia de su origen cristiano y sirve también para facilitar el horneado.

Introducimos en el horno sobre una rejilla o un papel de hornear. Mantenemos unos 15 minutos o hasta que están de color dorado (pero no más allá de los 20 minutos).

Extraemos y dejamos enfriar. Cuando comáis la primera os daréis cuenta el por qué vuestra acción ha llevado un alma al Cielo.

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