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Aspic de salmón ahumado

En cocina se denomina aspic a la sustancia gelatinosa empleada en la elaboración de platos fríos que pueden ser de ave, carne, pescado o frutas. Generalmente se utilizan en buffets de verano, sirviéndose a los comensales en forma de lonchas, porciones o rodajas sea cual sea el ingrediente principal de los mismos. Aunque se emplea gelatina para gelatinizar los aspic en realidad hay serias diferencias entre una receta de aspic y otra que emplee gelatina como un ingrediente. En los primeros su uso va destinado a contener o dar forma a la comida, sin que de hecho se integre en ella mas que como mero "pegamento". En las recetas que emplean la gelatina de forma directa ésta se integra como un ingrediente más (por ejemplo, en la panacota) sin que exista una separación evidente entre los elementos que componen la receta.
Esta receta se puede emplear para una cena con estilo puesto que la presentación es muy impactante. Su preparación es muy rápida pero conviene indicar que debe reposar un mínimo de 24 horas antes de ser consumida.

INGREDIENTES

Un molde de aluminocircular de 22 cm
Un paquete de pan de molde (sin corteza a ser posible)
Un pote grande de mahonesa
Una lechuga
50 gramos de alcaparras
200 gramos de atún en aceite de girasol u oliva
250 gramos de salmón ahumado en lonchas  (también sirve palometa, trucha etc)

Escurrimos el atún para quitarle el máximo del aceite de la conserva.  En un bol mezclamos la mahonesa (reservamos una poca) con las alcaparras, el atún y la lechuga cortada muy fina hasta que obtenemos una pasta homogénea.
Untamos el fondo del molde con la mezcla y disponemos sobre él una capa de pan de molde. Como el molde es redondo lo recortaremos para que encaje sin que quede ningún resquicio. A continuación nueva capa de mahonesa, luego otra de pan y así sucesivamente hasta que llegamos al borde. Ahora vamos a colocar un plato de 22 cm sobre el molde - con un peso a ser posible - y metemos el molde en la nevera. 
Transcurridas 12 horas sacamos el pastel de la nevera y con cuidado le damos la vuelta retirando el molde con cuidado. Si todo ha ido bien el pan tiene ahora forma de pastel.
Con el resto de la mahonesa "pintamos" el exterior. Seguidamente vamos a ir colocando con cuidado las lonchas de salmón ahumado hasta cubrir el pastel. Es una tarea delicada porque el tamaño de las lonchas no es el adecuado así que deberemos recortarlo donde se precise. Además cuesta que se mantenga pegado al pan.  Es importante esmerarse en esta operación porque la colocación del salmón es lo que visualizará el comensal en primera instancia. Mi experiencia dice que es preferible utilizar salmón ahumado cortado muy fino para que se pegue sin problemas y adquiera la forma por si solo. Luego bastará con superponer otras láminas si queremos que nuestro pastel tenga un sabor a salmón muy acusado.
Cuando hemos terminado de colocar el salmón sobre el pan deberemos crear la gelatina. Tanto si esta se halla en polvo o en láminas, deberemos disolverla siguiendo las instrucciones del fabricante, obteniendo un líquido algo denso. Con la ayuda de una brocha de cocina pintamos el pastel y lo volvemos a colocar en la nevera durante otras doce horas. Al terminar este periodo de tiempo, la gelatina habrá endurecido y ya sin miedo a que el salmón se desprenda podremos cortar el pastel en porciones para servirlo a los invitados.
En los paises anglosajones servir la comida en aspic es bastante habitual. A menudo a los chef se les va la olla y presentan a la mesa o al buffet formas alegóricas como la que encabeza este artículo. Recuerdo una vez que en No-me-acuerdo-donde pero debía ser al Norte de Europa porque hacía frío y la gente era rubia como la cerveza me invitaron a una comida con buffet libre. Me acerqué alegremente a la mesa con mi plato y mi babero permaneciendo delante de la misma por espacio de un cuarto de hora. Toda la mesa estaba llena de aspics. Los había de carne de cerdo, encerrados en una gelatina con forma de cerdito. Otros de trozos de pescado flotando ingrávidos dentro de un pescado transparente de gominola y hasta las fresas flotaban dentro de una especie de flanera gigante de cristal tembloroso. Nadie había metido mano a la comida y me parecía una especie de sacrilegio ser el primero en clavar el cuchillo en aquellas elaboradas obras de arte. El cocinero se me acercó con esa mirada de "voy-a-ayudar-al-atontado-que-lleva-babeando-un-cuarto-de-hora-delante-de-la-mesa" y sin contemplaciones cercenó una pata al cerdito y arrancó la cabeza del pescado para depositar los miembros mutilados en mi plato. 

Y si no recuerdo mal, fue ese mismo día que tras la cena gelatinosa me marché a mi hotel y al abrir la luz de mi habitación alguien se había dedicado a depositar sobre la cama una toalla doblada de manera que parecía un elefante y me pasé media noche en vela pensando si se trataba de un mensaje subliminal - ¿de quién? ¿ por qué? - , como si fuera el pez muerto que deja la mafia en el buzón de los que van a morir. Al día siguiente y último de mi estancia la toalla se convirtió en un cisne y ya mi cuelgue fue total. Luego, con la experiencia de los años, comprobé que en muchos hoteles "obsequian" a los clientes con esculturas hechas con las toallas y albornoces, hecho misterioso, 'toalloflexia' extraña cuya finalidad nadie me ha sabido nunca explicar de forma coherente.


Tarta tatin fria

La tarta tatin es un postre creado en 1898 gracias al error de dos hermanas francesas cuando intentaban hacer una simple tarta de manzana. Las tartas de manzana convencionales se realizan partiendo de una base - masa de hojaldre, brisa etc - que se cubre con crema y manzanas para hacer el último acabado en el horno. En aquella ocasión no ocurrió así. Una de las hermanas calentó en exceso la mezcla de mantequilla y azúcar donde caramelizaba las manzanas y notó el olor a quemado. Tratando de salvar la tarta se le ocurrió la idea de cubrir el molde con la pasta de hojaldre y voltearla como hacemos en España con la tortilla de patatas. Al hacerlo quedó un pastel bastante presentable y sólo tuvo que despegar algunas manzanas que se habían pegado en la cazuela (cosa que por cierto, sigue ocurriendo al hacer la tarta tatin el 99% de las veces). El éxito de la tarta fue tal que decidieron incluirla en la carta.
Para hacer una tarta tatin en primer lugar se precisa una cazuela que pueda ir al fuego y luego al horno. Si la tenemos, pasamos a caramelizar gajos de manzana de manera que ocupen todo el fondo. Para caramelizar empleamos mantequilla, azúcar y un poco de limón para evitar la cristalización. El agua la pondrán las mismas manzanas. Una vez se han caramelizado montamos encima la pasta de hojaldre o brisa (pasta quebrada) apretando contra las manzanas y creando un borde alrededor de las mismas. Metemos al horno a temperatura media unos 45 minutos. Extraemos del horno y cuando esté tibia le damos la vuelta. Si algún gajo de manzana queda pegado simplemente lo despegamos y colocamos en su sitio original.

Pero aquí no vamos a hacer una tarta tatin convencional. Vamos a hacer una tarta tatin fría.

INGREDIENTES :

4 manzanas tipo golden
1 vaso de agua
1 vaso de azúcar
1 palo de canela o vainilla
Zumo de limón
Piel de limón
6 hojas de gelatina (o 9 gramos de gelatina en polvo)
1 base de pasta quebrada (pasta brisa) o de hojaldre

Vamos en primer lugar a preparar el almíbar. En una cazuela honda vertemos dos cucharadas de azúcar y el zumo de un limón. Ponemos a fuego lento hasta que espese. Añadimos entonces el resto del azúcar y el vaso de agua. Incorporamos la vainilla o la rama de canela y la peladura de la piel de limón. Llevamos a ebullición e inmediatamente bajamos el fuego para que espese ligeramente y sobretodo para que los ingredientes aromatizantes actuen. Retiramos entonces la canela y la piel de limón. Incorporamos las manzanas. Para ello las pelaremos, quitaremos el corazón y haremos ocho gajos de cada una. Dejaremos a fuego lento hasta que se ablanden, vigilando que aún estén enteras. Retiramos del fuego y reservamos tal cual, sin extraer de la cazuela.

Mientras habremos hecho dos cosas. La primera es ablandar las hojas de gelatina en agua fría. La segunda es coger una base redonda desechable de aluminio de veinte centímetros de diámetro, engrasada con mantequilla, y colocar la base de pasta brisa u hojaldre dándole la forma del pastel y subiéndola por los bordes. La habremos horneado a 170 grados media hora, aproximadamente. Reservamos.

Cuando el almíbar de manzanas esté tibio revisaremos que no haya exceso de caldo. La medida justa es que el nivel de caldo cubra la mitad de la manzana. Si es preciso vaciaremos. Ahora vamos a verter las hojas de gelatina rehidratadas procurando eliminar el exceso de agua de las mismas. Con cuidado de no romper los gajos de manzana las disolvemos en el almíbar. Ahora sólo resta volcar las manzanas con su caldo en la base de masa que hemos horneado. Dejamos que tome la temperatura ambiente y llevamos a la nevera. Al cabo de 3 ó 4 horas tendremos un excelente pastel de manzanas que muchos confundirán con la tarta tatín auténtica. De esta manera podemos hacer pasteles fríos de almíbar con gelatina empleando fresas, peras, membrillo o incluso simplemente mezclar frutas que no acepten ser almibaradas - como la naranja, plátano o mandarina - mezclarla con un almíbar preparado por separado y solidificarla empleando gelatina.