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churrasic park - capitulo 13

 Capítulo 13º : Dietas*


“La dieta es una solución temporal para un problema permanente”

Roseanne Barr, actriz

Cita del libro “Joer, qué hambre tengo”, de John Hunger, 2017. Editorial Pernambuco Existe, Valtierra-Tudela-Candasnos


* Nota importante :

Debido a que para mucha gente la dieta que sigue es más una religión que un modo de vida o una manera de adelgazar, me he visto obligado a reducir el número de chistes para evitar reacciones airadas por parte de lectores ofendidos. 

Si algún lector desea la versión entera de este capítulo y no la semidesnatada, por favor que se ponga en contacto conmigo solicitando una copia en el correo no.soy.vacaburra@soy.focamorsa.com


Lo que sigue a continuación sucedió, tal y como está relatado, hace ya más de veinte años. Para que veáis que la realidad siempre supera a la ficción.  

Había acudido por negocios a un restaurante para almorzar con un matrimonio que regentaba un pequeño taller de electrónica. A través del esposo, con el que mantenía más contacto, sabía que su mujer tenía problemas de obesidad. No parecía nada serio, unos kilos de más que no conseguía eliminar de ninguna manera. En cualquier caso, por muy mínimos que fueran, le provocaban ansiedad y tristeza. El marido achacaba el problema al hecho de que fuera madre de dos niños pero ello ni aliviaba ni derrotaba a la mujer que probaba todo tipo de dietas por muy absurdas que parecieran.

Recordando aquellos detalles me pedí una ensalada y un pescado a la plancha. No era cuestión de pasarle por los morros un cocido bien cargado de carne. Algo parecido hizo el marido. Platos ligeros que no ofendían a una persona sometida a la tiranía de las dietas.

Agarrando la carta la mujer la inspeccionó con detalle. "Claro", pensé, "busca los platos menos calóricos". De primero pidió un plato de pasta con salsa cuatro quesos, sin olvidar requerir queso rallado extra por si en la salsa cuatro quesos alguno de ellos no se presentaba o se le olvidaba al cocinero. De segundo un entrecot con patatas fritas y ya puesta, sin esperar a una segunda ronda de solicitudes, demandó atropelladamente un flan con nata y un café con leche, no fuera a ser que cayera un meteorito sobre nosotros y el postre se quedara en el camino.

Ya había terminado con mi insípido lenguado que ella seguía con el plato de pasta. En ese momento rebajaba la altura de la montaña de macarrones y ya por fin le podía ver la cara, profundamente apenada por la ingesta que mi presencia le obligaba, con lo bien que estaría ella en su mesa de oficina degustado su tupper de verduritas. 

El entrecot voló con más velocidad porque se quejó del tamaño mínimo del mismo - efectos colaterales del menú de mediodía - mientras que el flan fueron dos cucharadas soperas mal contadas las que motivaron su extinción. Un visto y no visto. Todo ello sazonado con una conversación la mar de surrealista sobre los problemas que tenía a la hora de controlar el peso a pesar de lo parco de sus raciones, aseveración que su marido refrendaba con asentimientos y una compungida empatía que me resultaba difícil de entender, salpicada como estaba mi cara con las virutas del queso rallado que volaban con cada mordisco y la grasilla de la carne que la buena mujer me escupía a los ojos mientras recitaba su lamento.

Finalmente llegó el café con leche. El camarero lo depositó en la mesa, procediendo a retirarse. Entonces la mujer le llamó con tono severo. Casi a gritos le recriminó que le había traído azúcar, y no sacarina como había pedido. El pobre chaval, abrumado por el griterío, salió presto hacia la cocina de la que regresó corriendo con un par de pastillas de edulcorante. Ni él, que le había servido los platos con anterioridad, ni yo tampoco, entendíamos nada.

Entonces la que estaba a dieta me miró y y alzando las cejas me soltó con una vocecilla casi quebrada por el llanto :

- Ya ves lo difícil que es seguir una dieta. Es una lucha constante contra la sociedad.

El ser humano está genética y metafísicamente hablando preparado para acumular grasa. Hace miles de años comer era un lujo que ocurría solo de tanto en tanto. En el momento en que se encontraban dos grupos de homínidos que vagaban por la tundra de lo que más tarde sería Europa lo primero que se preguntaban, tras cruzar algunos saludos desconfiados, era cuándo habían cenado por última vez. Como era algo que ocurriría de forma harto infrecuente el tiempo se medía según el número de las mismas celebradas durante la vida del homínido. Cuando decías que desde que tenías memoria recordabas seis cenas la tribu se ponía a saltar y golpearse el estómago asombrada de que fueran tantas. Y si ya decías que te habías tomado en algunas de ellas un flan con nata de postre la cosa se ponía en plan orgía (de las cuales proceden la hibridación del sapiens con cualquier otra raza de homínido que se pusiera a tiro, gorda o delgada, pero sobretodo con neardentales, a los cuales les volvía locos el flan con nata).  

Con unos periodos de ayuno tan forzosamente prolongados la grasa era algo que veían en los animales pero raramente en sus propios cuerpos.

Hace apenas doce mil años iniciamos la agricultura y la cosa mejoró, pero no mucho. La grasa y los michelines eran prebenda de la realeza, nobleza y el clero mientras que el resto de la población las seguía pasando canutas. Y así continuó durante miles de años. Los pobres, que solían morir de hambre, miraban con envidia las rollizas carnes de aquellos que les explotaban sin darse cuenta lo malo que era tanto colesterol. Y no se daban cuenta porque solían morir mucho antes de inanición. Si hubieran aguantado un poco más habrían visto a sus reyes morir ahogados en su propia grasa con vengativa satisfacción. 

Fue la estética y la cosmética las que ya en épocas recientes, pasadas las penurias de las guerras mundiales, impusieron los cuerpos delgados. Aquellas starlets, pin ups y existencialistas francesas de estilizada figura se convirtieron en el modelo a seguir y entonces muchos y muchas se dieron cuenta que no eran capaces de perder peso. Su cuerpo, tras miles de años de hambruna, se había acostumbrado a almacenar grasa como si todavía recorrieran la tundra helada de la Europa glaciar.

Fue entonces cuando aparecieron las fatídicas dietas. 

Se sabe, y la lógica humana intuye sin que haga falta que nadie se lo explique, que reduciendo las raciones se pierde peso. Pero por alguna razón preferimos que alguien nos diga que podemos conseguir adelgazar comiendo como siempre pero sujetando un limón en la axila durante todo el día. O cualquier otra absurdez que os imaginéis.

También sabemos, de nuevo sin que nadie nos ilumine el camino, que aquellos que hacen ejercicio se muestran más sanos y activos que los sedentarios.  

Así que en un par de párrafos ya sabemos que comiendo de todo pero en raciones pequeñas y haciendo ejercicio moderado pero continuo podemos estar sanos y delgados. Todo el resto, la dieta de la alcachofa, la dieta Dukan, las sopas quemagrasas, la paleodieta, todo, absolutamente todo, es una pura entelequia al servicio de charlatanes y sacacuartos. La cosa tendría su gracia y su chispa si no fuera porque generan mucha tristeza, crispación e incluso pueden llegar a matar.  Y no solo de hambre. “Gracias” a las carencias nutricionales que algunas dietas exhiben con impúdica altanería, puedes llegar a padecer complicaciones muy serias como enfermedades cardíacas o derrames cerebrales. Poca broma con estas cosas.

Estas son las dietas más idiotas que he recopilado. Hay muchas más. De hecho cada año se crean innumerables nuevas maneras de hacer el canelo.

La dieta líquida

Consiste en consumir batidos y zumos, por supuesto nada que sea sólido, y siempre procedente de ingredientes poco calóricos (no vale hacerse un batido de cochinillo). Esto, dicen sus promotores, reduce peso a corto plazo.

Pros : eres un activo importante para los fabricantes de exprimidores, batidoras de vaso y licuadoras.

Cons : hay poca diferencia entre la consistencia del pipi y el popo, generándote dudas existenciales. Estás mal alimentado, además de tu sistema digestivo pierde entrenamiento y es comerse una pipa de calabaza y tener que llevarte al hospital de inmediato por el subidón que te da.

Dieta macrobiótica

Consiste en una dieta vegana de fruta, verdura y granos integrales aunque algunas admiten pescado. No se ingieren lácteos ni huevos, ni por supuesto carne o comida procesada. Lo anterior es una simplificación. Es tan complicada de entender, seguir y recordar que sin una buena memoria mejor no intentarlo.

La pérdida de peso siguiendo a pie juntillas esta dieta está más que asegurada, sobretodo por el esfuerzo memorístico que supone.

Pros : te hinchas a comer fruta y verdura.

Cons : es una dieta desequilibrada, lo que puede llevarte al cementerio y no precisamente a visitar a parientes o amigos. Te gastas una pasta en comprar libros que te digan lo que puedes y no puedes comer, lo que además le da casi apariencia de ser una religión por la complejidad de las reglas alimenticias que impone.

Dieta con carbón

Una de las más locas que conozco. Consiste en consumir alimentos a la vez que ciertas dosis de carbón en polvo, bajo el supuesto que las sustancias nocivas y que engordan se adhieren al carbón eliminándose por las vías convencionales. 

Pros : una dieta que ha hecho revivir las grandes zonas mineras del nuestro planeta. Los niños menores de seis años vuelven a tener trabajo. Lo felices que se van a la mina con sus lámparas de carbunco, sus picos y sus palas mientras los padres esperan en el pub a que una explosión de gas grisú los devuelva a casa igual que Santa Claus, a través de la chimenea. 

Cons : el carbón no circula por todo nuestro cuerpo, por lo que su efectividad es bastante nula. De todas maneras, aunque lo hiciera, igualmente no funcionaría. Pero como placebo para mentes de encefalograma plano va de coña.

Dieta Dukan

Se basa en el consumo masivo de proteínas y escaso o nulo en carbohidratos, regulada en cuatro fases que acaban con una ingesta casi normal de todo tipo de alimentos. Es una dieta claramente orientada al adelgazamiento.

Pros : es fácil de seguir. El médico y nutricionista que la inventó se hizo rico con su libro, best seller en Francia. Esto último es solo un “pro” para Dukan, claro.

Cons : es una dieta muy desequilibrada y peligrosa, capaz de provocar estreñimiento, mal aliento (debido a la cetosis), mareos, insomnio y otras muchas cosas malas. El médico que la promocionaba fue expulsado del colegio de idem, lo cual fue bueno. Eso no evitó que siguiera promocionando la dieta, aunque ahora catalogado como brujo o hechicero. Dietas similares a la Dukan también se denominan como cetogénicas (como la Atkins, otro iluminado) o hiperproteicas. Son la misma chorrada con diferente nombre.

Dieta paleo

Se basa en el consumo de una dieta similar a la que consumían los hombres del Paleolítico y por tanto con un acceso a alimentos no procedentes de la agricultura o la ganadería. Según sus defensores, en los esqueletos de los hombres primitivos no había signos de enfermedad ni sus dientes mostraban deterioro achacable al consumo de granos. Está más orientada a ser una dieta prolongada en el tiempo que a un fin meramente adelgazante.

Es fácil hacer una proyección mental para elegir los alimentos que puedes consumir siguiendo esta dieta. ¿Tu abuelete cazaba venados? Sí, claro. Pues puedes comer venado. ¿Tu abuelete comía pan? No, porque no había agricultura ni producción de cereales a gran escala, así que no puedes comer pan. ¿Tu abuelete comía mamut? Sí, comía mamut, por tanto tu también puedes comerlo. ¿Y garbanzos? Pues no, porque no había cultivos. ¿Tu abuelete bebía leche? No, porque a ver quién era el guapo que ordeñaba a una mamuta.

Pros : adelgazas porque no consumes todo el rango de alimentos disponibles en la actualidad. También porque, parece ser, hay poco mamut disponible en la carnicería de tu mercado (el elefante como sustituto no sirve).

Cons : ya no somos iguales que nuestros antepasados de las cavernas. Los smartphones han acabado de arruinar el poco cerebro que nos quedaba y nuestro cuerpo se ha adaptado a comer casi cualquier cosa, de manera que la paleo es una dieta bastante desequilibrada. Es probable que los dientes de nuestros antepasados estuvieran impolutos porque había pasado por ellos poca comida o porque habían muerto antes de cumplir los veinte años, hay discusiones al respecto. Lo que está bastante claro es que no se debía a la dieta que seguían, con lo que la totalidad de la teoría sobre la que se sustenta la paleo tendría la misma consistencia que la caca de mamut.

Crudiveganismo

Se basa en el consumo de alimentos sin cocinar, lo que limita los mismos a las verduras, legumbres y frutas (a menos que te mole dar bocados a la carne cruda, sin que se pueda calificar como tal el carpaccio).

No está orientada tanto a adelgazar como a ser una versión extrema y radical del veganismo. Por tanto los crudiveganos lo son de por vida, sin tener el adelgazamiento como una finalidad. Si te sales de la secta ya puedes prepararte para recibir una carta con un tomate podrido en su interior, la señal inequívoca de que en breve serás eliminado, así que detecten que vuelves a cocer las acelgas.

No obstante hay bastante gente que  emplea esta dieta como una manera rápida de adelgazar y/o depurar su cuerpo, desconociendo que con esta gente frivolidades pocas.

Pros : comes bastante fruta y verdura, adelgazando en consecuencia.

Cons : a largo plazo puede dar lugar a problemas nutricionales. De momento aquellos ex crudiveganos que la policía encuentra con un apio clavado en el corazón y la cabeza metida en la olla donde cocían patatas se siguen considerando víctimas de shocks anafilácticos severos,  pero parece que ser que en breve esto puede cambiar.

Existen otras dietas, pero no están orientadas en absoluto a reducir peso. Se trata de un modo de vida que puede seguirse sin problemas y que no causan problemas nutricionales ni a corto ni a largo plazo. En cualquier caso seguir las mismas provocan un adelgazamiento sano.

Dieta Mediterránea

Se consume mucha fruta, verdura y legumbres, además de cereales. Apenas hay azúcar en la dieta y el consumo de carne está bastante limitado. El vino y el aceite de oliva son habituales mientras que la ingesta de dulces se circunscribe a días puntuales. 

Es, con diferencia, la dieta más sana del Mundo. Lo dijo Ancel Keys y hasta la OMS, como para ir a la contra.

Dieta Vegetariana

Se consume fruta, verdura y legumbres, aparte de cereales,  pero nada de carne o pescado. Se pueden consumir huevos y lácteos. 

No presenta carencias nutricionales y es perfectamente asumible a corto y largo plazo como un estilo de vida habitual.

Dieta vegana

Se consume fruta, verdura y legumbres, además de cereales, pero nada de carne y pescado, ni huevos ni lácteos (nada que proceda de animales).

Presenta carencia nutricional de vitamina B12 , lo que puede provocar anemia megaloblástica, por lo que se debe suplir con aditivos nutricionales externos.

Dieta Flexiterania

Se come de lo que se encuentra y se puede pagar (de ahí el nombre, de “flexible”). Es nutricionalmente muy deficitaria y se debe controlar con esmero o te lleva al otro barrio, donde llegas con un tipito que es la envidia de la parroquia. Es la única en la que adelgazamiento ni es meta ni es deseable.


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