La semana que viene se celebra en España el día de Todos los Santos, día de visita obligada a los parientes que reposan en los cementerios. Además, al tratarse de una festividad que recae en el otoño del hemisferio norte es obligado degustar dulces y comidas que tienen como base los frutos de la temporada. Mientras, en los Estados Unidos - y por imitación en Europa - se celebra Halloween, una celebración casi infantil, y en México la cita es probablemente la más colorista y espectacular de cuantas se celebran en país alguno y allí los muertos poseen todo el protagonismo.
Aparte de las tradiciones, muchas de las cuales se remontan al pasado pre hispánico del país, México ofrece una amplia variedad de dulces y comidas específicas, entre ellas el Pan de Muerto, un dulce espectacular que merece la pena realizar.
Dice la leyenda que el Pan de Muerto procede del tiempo en que las ofrendas humanas fueron prohibidas por los españoles. Así el pan sustituiría los sacrificios humanos, representando el cuerpo o el corazón del humano que se sacrificaba a los dioses. Así mismo el adorno situado en la parte superior serían los huesos del mismo y el botón que se coloca en el cruce entre ambos viene a simbolizar el cráneo del sacrificado. Sea cierta o no la leyenda, lo verdadero es que el Pan de Muerto es una delicia de la gastronomía mundial.
INGREDIENTES :
250 gramos de harina blanca de trigo (+2 cucharadas para el fermento)
50 gramos de mantequilla sin sal
100 gramos de azúcar (+media cucharada para el fermento)
1 huevo
Medio vaso de leche entera (100 ml) (+ un cuarto, 25 ml, para el fermento)
Levadura de panadero, 10 gramos (seca, liofilizada)*
Ralladura de la piel de una naranja
Agua de azahar (una cucharadita)
Un pellizco de sal
*podéis emplear levadura fresca pero al menos 20 gramos. La levadura de panadero o seca se vende en sobrecitos y tiene una apariencia granulada de color gris. Suelo comprar la marca Maizena.
En primer lugar vamos a preparar la masa. En un bol grande y sobretodo ancho incorporamos la harina. Hacemos un volcán y en el centro colocamos la mantequilla al punto de pomada (blanda), espolvoreamos la mitad del azúcar, la ralladura de la piel de la naranja (sin la parte blanca) y el pellizco de sal (la sal sirve para acentuar la dulzor del pan, aunque parezca contradictorio).
Ahora vamos a preparar el fermento para que se vaya haciendo mientras amasamos. En otro bol introducimos 2 cucharadas de harina de trigo, la levadura de panadero y media cucharada de azúcar. Removemos bien y añadimos 25 ml (un cuarto de leche) tibia. Volvemos a mezclar y cubrimos con un paño de algodón, dejando en un lugar no muy frío y oscuro.
Ahora vamos a hacer la masa. En el centro del volcán incorporamos el huevo batido y empezamos a mezclar, intentando que la mantequilla se integre bien en la harina. Va a ser un proceso complicado ya que queda una masa bastante seca, así que sólo cabe paciencia. Cuando la masa está homogénea, podéis sacarla del bol y trabajarla sobre el mármol o la tabla de madera de la cocina donde os será probablemente más cómodo.
Cuando la masa está bien homogénea, la aplanáis un poco y añadís el resto del azúcar. De nuevo es cuestión de trabajarla bien hasta que quede bien integrada. Cuando este ocurre se añade en el centro de la masa el fermento - con 20 minutos de espera será suficiente - y volvemos a amasar. En total deberéis amasar alrededor de una hora.
Dejáis reposar en un lugar oscuro y tibio hasta que dobla el tamaño que tiene actualmente (efecto del fermento).
Cuando la masa doble el tamaño la extendéis sobre el mármol como si fuera un cilindro y separáis alrededor de una quinta parte de la misma. Este pedazo que sacáis se empleará para hacer los huesos que adornan la parte superior del pan. El resto de la masa la moldeáis para que tenga la forma redonda del pan ligeramente aplanada.
Con el pedazo que hemos separado hacemos un cilindro largo que dividiremos en dos mitades. Cada mitad la amasaremos con la palma de la mano bien abierta, de manera que se formen las junturas de los huesos que tratamos de imitar. Así mismo separaremos dos trocitos pequeños para hacer la bola que simula el cráneo y con la que adornaremos la cúspide del pan.
Colocamos los dos "huesos" cruzados sobre el pan y la bolita en el punto donde se crucen. Precalentamos el horno a 190 grados y con 20-25 minutos de cocción - hasta que se muestre dorado y al pinchar un palillo este salga completamente seco - será más que suficiente.
El último paso es pintarlo con mantequilla derretida y espolvorear por encima azúcar, de manera que se pegue a la superficie. Dejamos enfriar y listo para comer.
Un plato 100% vegetariano que combina hidratos de carbono con verduras y legumbres, incluso recomendable para los más pequeños en forma de puré (el toque dulce de la calabaza les encanta).
INGREDIENTES (4 personas) :
300 gramos de pulpa de calabaza cortada en tacos
2 patatas grandes
200 gramos de acelgas o espinacas
200 gramos de garbanzos
200 gramos de alubias blancas
1 pimiento verde para freír
2 tomates maduros rojos grandes
1 cebolla grande
Sal
Aceite virgen extra de oliva
En una cazuela honda se vierte un chorro de aceite de oliva y en el mismo, a fuego medio, se fríen la cebolla y el pimiento verde muy picados. Cuando la cebolla transparenta, añadimos la pulpa del tomate (sin semillas ni piel) cortada en dados pequeños.
Cuando el sofrito ha ligado, añadimos un litro y medio de agua. Incorporamos las alubias y los garbanzos * y media cucharadita de sal. Dejáis hervir a fugo medio alrededor de 1 hora.
Transcurrida la hora, añadimos las patatas cortadas en dos mitades (chascadas a ser posible para que el caldo espese) y la calabaza sin piel cortada en cubos más o menos grandes.
Dejamos hervir 20 minutos - un hervor tranquilo - y luego añadimos las acelgas o las espinacas, al gusto.
Rectificamos de sal, comprobamos que las legumbres, la patata y la calabaza estén blandas, y listo para servir.
Si lo queremos como comida para los niños y sobretodo si son muy pequeños, lo mejor es pasarlo por la trituradora. De todas maneras deberéis estar seguros que el menor puede comer legumbres sin que le cree problemas con los gases. En caso de ser así una manera de reducir el problema es hervir primero las legumbres en una cazuela aparte sólo con agua y desechar el primer agua del hervor. De esta manera el problema de los gases se reducirá bastante.
Si se emplean legumbres cocidas, se deben añadir casi al final de la cocción de la patata y la calabaza. Recordad que las legumbres SIEMPRE se cuecen desde agua fría, nunca desde agua caliente o hirviendo.
* Basta con dejar 8 horas las alubias y los garbanzos en agua para que se ablanden. No empleéis bicarbonato.
Los calabacines redondos son perfectos para hacer rellenos. Este que nos ocupa es de marisco con un toque oriental, pero se pueden hacer de carne o de otros vegetales.
INGREDIENTES (4 personas)
4/8 calabacines redondos (dependiendo del tamaño serviréis 1 ó 2 calabacines por comensal)
100 gramos de gambas
100 gramos de salmón ahumado en dados
100 gramos de carne de mejillones
2 rodajas de piña en su jugo
1 mango maduro
Caldo de verduras (haced algo menos de medio litro, si queréis utilizando un cubito de concentrado)
Medio vaso de nata para cocinar (100 ml)
1 cucharadita de cúrcuma
200 gramos de queso rallado
Media cucharadita de pimentón dulce
Sal
Aceite virgen extra de oliva
En primer lugar vamos a quitar la tapa de los calabacines - no se va a utilizar posteriormente - y con una cucharilla vaciáis la pulpa, reservándola. Cortad también un poco de la base para que se aguanten de pie.
Hacéis alrededor de medio litro de caldo de verdura, lo lleváis a ebullición y cuando hierva cerrad el fuego. Introducís los calabacines y dejáis unos minutos hasta que se noten cocidos (pero que no se queden blandos o se romperían).
En una cazuela se vierte un chorro generoso de aceite de oliva y a fuego medio pasáis brevemente las gambas peladas (mejor troceadas), la carne de los mejillones, los dados de salmón ahumado, asi como la pulpa del mango y de la piña cortada en cubos. También se debe añadir la carne del calabacín que habéis extraído anteriormente, aunque no toda, ya que si no la cantidad del relleno superaría el volumen del calabacín. Se añade un poco del caldo de verdura (que cubra lo justo ya que las frutas soltarán agua).
Cuando ha reducido a la mitad añadimos cúrcuma y pimentón dulce (o picante, al gusto), un poco de sal, removemos bien y con el fuego ya apagado incorporamos la nata.
Con esta mezcla rellenamos los calabacines. Luego los cubrimos de queso rallado (mozzarella, gruyere o de otro tipo) y los metemos en el horno, modo gratinador, entre 5 y 10 minutos (lo justo para que se funda y toste ligeramente).
¿Se come el calabacín o sólo el relleno? Ambos, aunque hay algunos comensales que no lo hacen habitualmente y sólo comen el contenido.
Esta receta, 100% vegetariana, da un toque distinto y exótico a las lentejas. Como sabéis, las lentejas son muy ricas en hierro y proteínas, si bien son pobres (como todas las legumbres) en el aminoácido esencial metionina por lo cual es aconsejable acompañarlas de cereales (arroz cocido, pan integral etc).
Para que nuestro cuerpo adquiera la máxima cantidad del hierro contenido en las lentejas es conveniente consumir productos ricos en vitamina C como por ejemplo beber zumo natural de naranja mientras las comemos. El bajo nivel de fibra de las lentejas, comparado con otras legumbres, hace aconsejable acompañarlas de verduras como las que figuran en esta receta.
INGREDIENTES (4 personas)
400 gramos de lentejas tipo pardina
1 pimiento verde grande para asar
2 cebollas frescas grandes
1 pimiento rojo grande para asar
1 calabacín grande
4 tomates grandes maduros rojos
1 cucharadita de curry
1 diente de ajo
Sal
Pimienta negra molida
Aceite virgen extra de oliva
En una cazuela a fuego medio con un chorro abundante de aceite de oliva freímos el diente de ajo hasta que se dora. Retiramos. A continuación añadimos la cebolla bien picada y la pochamos hasta que trasparente. Cuando lo haga, añadimos el tomate pelado, sin semillas y cortado a dados. Cuando el sofrito ha ligado, incorporamos las lentejas y las cubrimos de agua. Se vierte la cucharadita de curry, un poco de sal y removemos bien dejando que cuezan las legumbres hasta que quedan blandas (alrededor de 1 hora).
Antes de que terminen de cocerse las lentejas, vamos a asar las verduras. En una parrilla bien caliente depositamos el pimiento verde y rojo hecho en cortes longitudinales, al igual que el calabacín y la cebolla tierna. Salpimentamos.
Ahora es el momento de montar el plato. En el fondo del mismo colocamos las verduras asadas y sobre ellas las lentejas sin caldo.
Podéis variar las verduras a asar. En lugar de calabacín podéis usar berenjenas, tomates etc.
Un plato muy sano, vegetariano y apto para celíacos si tomáis la precaución de lavarlas a conciencia antes de cocinarlas, ya que a menudo contienen rastros de cereales procedentes tanto de la zona donde se ha recolectado como de su almacenaje.
La poleá es típica de las provincias más occidentales de Andalucía si bien a día de hoy se realiza en casi toda la comunidad. Es una receta que difícilmente encontraréis en restaurantes ya que se considera muy del ámbito familiar, procedente de una época de tanta escasez en que en lugar de la leche que hoy en día integra la receta se empleaba agua. Se conoce también como espoleá o gachas dulces,
Es un plato muy saciante, así que no lo recomiendo para cenas y tampoco para rematar comidas copiosas. Hay infinitas variantes del mismo, de manera que cada familia tiene una receta diferente. Esta que os presento es una de tantas.
INGREDIENTES (4 personas) :
1 litro de leche entera
5 cucharadas rasas de harina de trigo
5 cucharadas colmadas de azúcar
1 panecillo pequeño (de 50-60 gramos)
Medio vaso de aceite virgen extra de oliva (100 ml)
1 palo de canela
Canela en polvo
La piel de un limón (sin la parte blanca que amarga)
1 cucharadita de semillas de anís (matalauva)
En primer lugar vamos a verter el aceite en una sartén y freír en el mismo los saborizantes (el palo de canela, la piel del limón y las semillas de anís). Se fríe brevemente con objeto de aromatizar el aceite (2 minutos como máximo). El olor que desprende esta fritura ya te hace abrir el hambre. Intentad no arrebatar el fuego para que el aceite no se queme. Y bajo ninguna circunstancia empleéis aceite de otro tipo que no sea de oliva virgen extra.
A continuación cortamos el pan en dados más o menos regulares y los freímos brevemente en el mismo aceite donde hemos frito los saborizantes hasta que se doran ligeramente. Retiramos y reservamos.
En una cazuela a fuego medio vertemos la leche y la harina bien tamizadas. Agitamos constantemente con una varillas para que no se formen grumos. Añadimos el aceite donde hemos frito el pan y los saborizantes MUY BIEN COLADO y seguimos removiendo hasta que espesa. Cuando esto ocurre retiramos del fuego y añadimos el azúcar. Removemos a conciencia hasta que se disuelve.
Servimos en platos hondos, espolvoreamos por encima canela molida y coronamos con los trozos de pan fritos.
Son como ochocientos millones de calorías pero se os queda una cara de felicidad cuando acabáis de comer la poleá que bien merece la pena.
"El Confidencial" ha realizado un estudio que compara entre sí diversos manantiales de agua mineral localizados en España con el agua que surge de nuestros grifos. El resultado, presentado con algo de rechifla, demuestra que el agua, por la que pagamos por litro lo mismo que cuestan 1300 litros de agua corriente, raramente alcanza la misma calidad. Tal y como suena. En línea con otros estudios que se han ido publicando en diferentes países y en este mismo blog (ver "La Historia del agua embotellada")
Ya se puede descargar el libro "106 recetas esenciales" gratis desde la web de AMAZON. Del 20 al 24 de Octubre el coste será de 0 euros, así que aprovéchalo. Pero si por alguna razón no puedes, volverá a estar disponible de pago por sólo 0.99 euros a partir del día 25.
Más de 900.000 ejemplares vendidos hasta el momento, el libro con el que mucha gente ha aprendido a cocinar.
Si os gusta el suave sabor de la castaña este flan os encantará. Además es fácil de hacer y muy apropiado para el otoño.
INGREDIENTES (4 personas)
1 kg de castañas crudas
750 ml de leche entera
100 gramos de azúcar
1 limón
50 gramos de pasas corintias o sultanas (sin hueso), opcional
4 huevos
Lo primero es pelar las castañas. Hay una parte externa que es fácil de retirar y otra que cubre la castaña que está muy pegada y que en crudo en muy difícil de separar.
Para separar esa segunda piel fina lo mejor es hervir las castañas durante al menos 3 minutos. Cuando las saquéis del agua veréis que se separa con suma facilidad.
A continuación escurrimos las castañas y las vertemos en la cazuela que contiene la leche y la piel de limón (sin la parte blanca que amarga). No hay problema en emplear un palo de vainilla en lugar del limón si os agrada más ese sabor.
A fuego medio calentamos la cazuela con la leche y mantenemos hasta que las castañas se ablandan. A continuación retiramos, añadimos el azúcar, y trituramos hasta que queda una pasta tan fina como sea posible. Cuando dicha pasta está templada añadimos los cuatro huevos batidos, si queremos incorporamos las pasas y removemos bien. Para que cuando coloquemos la masa en un molde las pasas no se vayan al fondo, lo mejor es rebozarlas en harina blanca de trigo.
Vertemos la masa en un molde que pueda ir al horno, 190 grados durante media hora - o hasta que cuaje bien - y listo. Si queremos darle más aspecto de flan, podem enmoldar en una flanera previamente caramelizada.
Se deja enfriar a temperatura ambiente y luego al frigorífico. Se puede servir bañado en chocolate o nata, decorado con frutos secos o membrillo confitado etc. Seguro que es una de esas recetas que repetís más de una vez.
¿Cansad@ de intentar hacer recetas que salen mal un 99% de la veces? A menudo los recetarios dan por hecho que sabes cocinar algo tan básico como un sofrito o un caldo y todos sabemos que no siempre es así. "106 recetas esenciales" sólo muestra recetas simples, del día a día, de manera que puedas salir del paso o bien darte una base sólida para lanzarte a realizar cosas más complicadas. ¡ Más de 600.000 ejemplares vendidos lo avalan !
El dolor de cabeza es una de las patologías más comunes entre los seres humanos. Afecta a todas las capas sociales, a ambos sexos - incluso a niños - y es raro, por no decir imposible, que nadie lo haya sufrido al menos una vez en su vida. Las cefaleas pueden ser síntomas de un problema de salud grave o bien de diversos trastornos circunstanciales que aún así no debemos ignorar si son invalidantes o se repiten con cierta frecuencia. Por suerte la causa de la mayoría de los dolores de cabeza son patologías benignas aunque no por ello menos molestas.
Algunos tipos de dolor de cabeza son tan fuertes que impiden a las personas el desarrollo normal de su vida personal y laboral : son las llamadas migrañas. Para estas última no existe curación aunque en los últimos años se han propuesto diversas soluciones quirúrgicas y terapéuticas que parece dan resultados positivos.
Hay muchas razones por las cuales se puede desencadenar un dolor de cabeza. Las más comunes son la exteriorización de un problema de salud (hipertensión, trastornos oculares...), el stress, la mala posición de la cabeza o el cuello y así una lista que no cabría en este blog entero.
Los alimentos pueden ser tanto desencadenantes de un dolor de cabeza como ayudar a mitigarlos, aunque por si solos no suelen bastar para un alivio rápido de la sintomatología. Si tienes tendencia a padecer cefaleas sería bueno que supieras diferenciar ambos tipos de alimentos y evitar así su ingesta. Si ya se ha desencadenado el dolor, es poco probable que ninguno de los alimentos "buenos" te ayuden a aliviarte de manera inmediata, pero si eres reacio a emplear analgésicos pueden ser la solución a medio-largo plazo.
La razón más común por la que duele la cabeza a resultas de la ingesta de un determinado alimento es la contracción y expansión de las venas que recorren el cuero cabelludo. Veamos a continuación los mejores alimentos para prevenir o paliar las cefaleas.
Agua : aunque el agua no es un alimento en sí ya que no aporta caloría alguna al cuerpo, es vital para nuestra subsistencia y el efecto directo de su falta es la deshidratación. Aunque dicha deshidratación sea leve, provoca que la sangre fluya más densa y ello puede provocar dolor de cabeza. De esta manera debemos beber agua o tomar alimentos que la contengan en abundancia. Si hemos realizado ejercicio físico fuerte con gran sudoración, el agua por si sola no basta. Hemos perdido minerales y se deben reponer. Comer una patata cocida entera - con piel - aporta gran cantidad de potasio lo que ayuda a reponer los electrolitos perdidos.
Cerezas : las cerezas no sólo aportan agua si no que además contienen determinadas substancias que se convierten en óxido nítrico en la sangre. El óxido nítrico regula la presión arterial mediante la dilatación de las arterias y ello redunda en una disminución del dolor de cabeza.
Magnesio : el magnesio es un mineral que ayuda a relajar la tensión arterial y por tanto alivia el dolor de cabeza. Además sirve para multitud de reacciones bioquímicas de nuestro cuerpo. Debemos tener cuidado con su falta, no sólo para evitar las cefaleas, ya que aunque se encuentra en abundancia en determinados alimentos (pipas de calabaza, almendras) estos no son comunes en nuestra dieta. Ello puede provocar dolores musculares, fatiga y otros síntomas que aunque no lo parezcan vienen provocados por la misma razón que nos causa dolor de cabeza.
Café, té y mate : si el dolor de cabeza desaparece cuando tomas cualquiera de las tres infusiones, es que ya eres un adicto a la cafeina, la teína y la mateína. Dichas substancias, por un mecanismo que aún no se conoce, relajan las paredes de las venas y por tanto facilitan el flujo de sangre. Cuando falta la "dosis", las venas se contraen y aparece el dolor. He tenido dudas a la hora de colocar estas tres substancias en la categoría de "buenas" para el dolor de cabeza. Analizando con lógica las mismas queda claro que de no haberlas consumido, no sería necesario reponerlas. Cuando el cerebro se acostumbra a una substancia porque 1) le releva de generar sus propios opiáceos como las endorfinas y 2) genera bienestar, es complicado substraerse de dicho elemento. En cualquier caso, si ya eres adicto, lo mejor es tomar una taza bien cargada e intentar que las ingestas se reduzcan al mínimo. Si puedes pasar 6 horas sin tomar de nuevo café, mucho mejor que si el intervalo es de solo 3 ó 4 horas.
Vitamina B2 : se trata de una vitamina que no se acumula en nuestro organismo - es hidrosoluble - por lo que tenemos tendencia a ser deficitarios. Su falta, entre otros síntomas, desencadena episodios de cefalea. Se encuentra en la leche, la carne, el queso, los vegetales de hoja verde y los cereales integrales. Por razones que veremos más adelante, es preferible consumir B2 a través de los vegetales de hoja verde y sobretodo de los cereales integrales.
Pimientos picantes : si vives en México u otro país donde el picante sea habitual, estás de suerte. La capsaicina, el elemento que da "vida" a los pimientos, es también capaz de desensibilizar las zonas que padecen dolor suprimiendo un mensajero químico del mismo. Existen parches de capsaicina que se aplican localmente para mitigar el lumbago y para las migrañas fuertes se suministras sprays que al inhalarse alivian el dolor. A diferencia de otros alimentos, la capsaicina es tóxica en grandes cantidades y cualquier aplicación debe consultarse siempre con el médico.
Ya hemos visto los alimentos que se consideran positivos para aliviar los síntomas o prevenir las cefaleas. En el otro lado de la balanza encontramos aquellos que pueden disparar un dolor de cabeza o que, en caso de consumirse mientras se padece, lo agravan.
Queso : seguro que conocéis a alguien de vuestro entorno que con sólo oler el queso le provoca una jaqueca. No se trata de una manía, si no de algo científicamente constatado. El queso contiene tiramina, una substancia vasoactiva. Por tanto, puede provocar fuertes dolores de cabeza. Si no podéis vivir sin queso, es mejor evitar los más curados (por ejemplo en los frescos tipo ricotta, es casi inexistente). La tiramina también está presente en el hígado de pollo y los arenques, asi que cuidado. El mundo vegetal tampoco está libre de tiramina. La banana y el aguacate - y por supuesto el guacamole que se deriva del segundo - pueden provocar grandes cefaleas.
Edulcorantes : este es un ingrediente tan controvertido que sólo lo indico porque mucha gente ha asociado la ingesta de aspartamo y otros edulcorantes, que han substituido el azúcar en muchas bebidas refrescantes, con la aparición de cefaleas. Existen tanto estudios a favor como en contra, si bien las autoridades alimentarias de los países más avanzados no han dado como cierta dicha asociación. En algunos casos se sugiere que en realidad el causante de la cefalea es la adicción al azúcar : el cerebro entiende que al ingerir un refresco va a tomar su "dosis" de azúcar y al no recibirla es cuando se genera el dolor de cabeza. En este caso estaríamos hablando de algo similar a lo que ocurría con el café, el té y la yerba mate. Tanto es así, que algunos fabricantes de bebidas refrescantes de cola y que han cambiado el azúcar por edulcorante, han elevado muchísimo el contenido de cafeína para compensar este efecto. Aunque no tiene nada que ver con el tema que estamos tratando, se sabe que algunos edulcorantes como el Sorbitol, ingerido en altas cantidades, tiene efecto laxantes.
Vino y alcohol : seguro que más de uno, leyendo distraidamente la etiqueta de un vino, ha visto la advertencia "contiene sulfitos". Los sulfitos son substancias que genera el vino de forma natural, si bien se añade una cantidad extra de los mismos para que éste llegue al consumidor con buena calidad. Es decir, que se trata de un conservante totalmente inocuo para la salud humana en las cantidades habituales que raramente superan los 10 mg / litro. No obstante dichos sulfitos, derivados del azufre, parece ser que pueden desencadenar episodios de cefalea en personas sensibles al azufre, que son raras, pero las hay. Y si no lo desencadenan los sulfitos, lo hacen el alcohol propio del vino o de cualquier otra bebida. El alcohol inhibe la hormona anti diurética que normalmente envía fluidos hacia las células y los deriva hacia la vejiga. Por tanto nos deshidrata...y ello nos lleva a la necesidad de beber agua para reponer lo que curiosamente beber alcohol nos quita.
Glutamato monosódico (GMS) : seguro que si padeces habitualmente dolores de cabeza asociados a alimentos miras con detalle la etiqueta para ver si contiene GMS. El GMS es un potenciador del sabor que puede provocar reacciones adversas, principalmente dolores de cabeza y nauseas. Cuando se agrega GMS directamente es obligado que el fabricante lo indique, pero cuando aparece como un subproducto de la proteína hidrolizada, casi ninguna etiqueta lo indica. La proteína vegetal que se ha descompuesto químicamente en aminoácidos puede generar glutamato libre. Si este glutamato se une al sodio libre de nuestro cuerpo, se genera GMS. Así que de nada sirve evitar los productos que indican contener GMS si éste se puede generar a partir del glutamato libre ingerido. Lo mejor es evitar los alimentos procesados o precocinados si queremos evitar "males de cabeza". La salsa de soja también se suele "aderezar" con GMS, lo que unido a su alto contenido en sodio - deshidratante - , la convierten en una fuente potencial de dolores de cabeza.
Bacon y otras carnes curadas : en este caso es la presencia de nitritos para preservar la carne la que provoca problemas. Dichos nitratos y nitritos dilatan las venas creando la transición necesaria para iniciar una cefalea.
Chocolate : la teobromina que contiene, de efectos parecidos a la cafeína, provoca adicción y tal como hemos visto anteriormente, es capaz de iniciar el dolor cuando no tomamos nuestra "dosis". Es decir, si tomamos chocolate, el dolor desaparece. ¿Por qué no lo hemos incluido con el café, el té o la yerba mate? Porque el chocolate además contiene tiramina, al igual que el queso.
Histaminas : presentes en gran cantidad en pescado azul no muy fresco, pueden provocar grandes cefaleas a menudo acompañadas de vómitos y urticarias. Así que ya sabéis, los pescados azules tipo caballa, sardina o jurel, siempre se comen muy frescos !
Todo lo anterior es válido tanto para cefaleas comunes como para jaquecas / migrañas. No obstante las dos últimas son tan invalidantes para la persona que las padece que requieren un tratamiento extra que desde hace pocos años es posible por medio de botox o intervenciones menores. Al menos hay un poco de esperanza al final del túnel.
¿Por qué un pastel es sólo para adultos? Porque es un pastel con un alto contenido alcohólico, lo que en España se suele llamar un bizcocho borracho. La alta graduación viene dada por el ron, un producto con el que Nantes, ciudad portuaria del oeste de Francia, comerciaba durante el siglo XIX. Es un bizcocho muy fácil y rápido de hacer, además de tener un aspecto impactante gracias al glaseado que lo cubre. Es posible hacerlo con vino dulce o incluso con ron que previamente calentado - sin que llegue a hervir - haya perdido el contenido alcohólico. Para los que gusten de similitudes, se parece bastante a la torta de Santiago gallega.
INGREDIENTES :
40 gramos de harina de trigo
100 gramos de mantequilla
100 gramos de azúcar vainillada
3 huevos
100 gramos de harina de almendras
75 ml de ron (alrededor de 2/3 de un vaso)
100 gramos de azúcar glass
En primer lugar introducimos la mantequilla en el microondas para dejarla a punto pomada (con unos pocos segundo bastará, a baja potencia).
A continuación batimos el azúcar vainillado con la mantequilla y cuando está bien homogéneo añadimos la harina de almendras. Luego vamos añadiendo los huevo uno a uno para ir batiéndolos con la mezcla. Finalmente incorporamos la harina de trigo tamizada y un tercio del ron. Batimos bien hasta obtener una masa bien homogénea.
En un molde de silicona o uno desechable de aluminio con las paredes untadas de mantequilla vertemos la masa. Precalentamos el horno a 180 grados e introducimos el pastel durante 30 minutos. Poco antes de finalizar el tiempo de horneado clavamos un palillo de madera en el centro y si al extraerlo aparece seco ya está listo. Si no fuera así, damos otros 5 minutos extra.
Extraemos el pastel, los desmoldamos y pintamos la superficie con la ayuda de un pincel mojado en otro tercio del ron.
Dejamos enfriar y entonces preparamos el glaseado mezclando el azúcar glass con el resto del ron. Con esta mezcla cubrimos la parte superior del bizcocho utilizando una espátula.
Es el acompañante ideal para el café o té, y recordad que es posible hacer una versión no-alcohólica simplemente calentado el ron sin que llegue a hervir.
El pimiento del piquillo es una variedad de pimiento que se cultiva en Lodosa, al sur de Navarra. No posee gran tamaño, no es picante y se suele encontrar en conserva, ya asado. Se puede comer tal cual, sin pasar siquiera por la sartén, como acompañante de pintxos o cualquier otra comida, o bien cocinados y rellenos con alimentos calientes. El relleno más habitual es la carne picada o la brandada de bacalao, pero en rellenos fríos hay una amplía variedad.
Esta receta tiene cierto regusto mexicano por el empleo de aguacate, aunque en cierta manera todo ella es muy mexicana ya que el pimiento, aunque procedente de Navarra, tiene su origen primero en América de donde los españoles lo trajeron en el siglo XVI.
INGREDIENTES (4/6 personas)
18 pimientos del piquillo en conserva
3 aguacates maduros
1 cebolla pequeña
3 tomates maduros rojos
Cilantro
El jugo de medio limón o de una lima
Tabasco
Sal
Cortamos los aguacates en dos mitades, retiramos el hueso central y extraemos la carne. Trituramos la carne con un tenedor y añadimos rápidamente el zumo del limón y la cebolla que previamente hemos rallado. Mezclamos bien.
Pelamos los tomates, los cortamos en dos, quitamos las semillas y cortamos la carne en cubos pequeños, mezclando con la carne de aguacate. Picamos el cilantro e incorporamos a la mezcla.
Se sazona con sal y si se quiere con unas gotas de tabasco.
Para rellenar los pimientos empleamos una manga pastelera con boquilla ancha o bien empleamos una cucharilla.
Una receta fácil de hacer que os permitirá estar alejados de los fogones en estos días tan calurosos.
Una bebida muy refrescante, fácil de preparar y aún más de beber. Se sirve en vasos altos y anchos para que quepan los cubitos de hielo o el hielo picado. INGREDIENTES (4 personas) :
80 gramos de té tailandés (y si no lo tenéis, tipo earl grey)
150 gramos de azúcar
1 litro de agua
200 ml (un vaso) de leche de coco
Cubitos de hielo o hielo picado
El té tailandés suele ser muy oscuro, del color de la coca cola. Si no disponéis del mismo, utilizad earl grey o similar.
En primer lugar hervimos agua donde previamente hemos vertido el azúcar y luego incorporamos las hojas de té (cuando el agua ya hierva). Dejamos hacer según las indicaciones del envase y filtramos directamente sobre cada vaso, que previamente hemos llenado de cubitos de hielo o hielo picado, hasta alcanzar 3 cuartas partes del mismo.
A continuación vertemos la leche de coco o en su defecto, si no tenéis, leche entera o incluso leche condensada.
Para aquellos que ya sepan de que va esta entrada, un cachopo no es un san jacobo. Ni un cordon bleu, ni mucho menos un librito. Todos ellos se parecen pero en realidad son diferentes y eso es algo que se nota con solo echarles el diente.
Para los que no lo sepan, un san jacobo son dos lonchas de jamón - o una, depende - que encierra otra de queso y todo empanado. Un cordon bleu es pechuga de pollo con el corazón de queso, y el conjunto a la vez empanado. Un librito es lomo de cerdo de cierto grosor que se ha abierto para que dentro contenga de nuevo queso y finalmente el cachopo son dos filetes de gran tamaño que emparedan queso y jamón serrano, enharinado, cubierto de huevo y pan rallado y finalmente frito.
El cachopo sería por tanto un "hermano mayor" de los empanados referidos. Su precio no es bajo, sobretodo si se emplean filetes de buena calidad, pero como es de gran tamaño se reparte entre los comensales y sale a pagar muy poco por cabeza. Y digo a pagar porque ésta es una receta que se ha popularizado desde los bares y restaurante asturianos que los suelen servir de la misma manera que la sidrerías vascas hacen con la tortilla de bacalao.
El cachopo se sirve acompañado de patatas fritas y algo de verdura, aunque lo que mejor casa son los pimientos del piquillo, en mi opinión.
Os voy a dar la receta que hago y que difiere ligeramente de la tradicional. Cuando el paso que describa difiera del habitual os lo haré saber con la oportuna indicación.
INGREDIENTES (4 / 6personas)*
* El número de personas que pueden comer de un cachopo se obtiene dividiendo el peso de los ingredientes por cada comensal. Si en total tenemos 500 gramos como suma de filetes, queso y jamón, para una ración media de 150/200 gramos sólo tendremos 2 ó 3 comensales posibles.
2 filetes de gran tamaño y no muy gruesos
6 ó 7 lonchas de queso que funda con rapidez y de buena calidad (los necesarios para cubrir el filete)
6 ó 7 lonchas de jamón serrano (de nuevo los necesarios para cubrir la superficie del filete)
4 ó 5 huevos para el rebozado
Harina blanca de trigo
Pan rallado
Sal
Pimienta molida
Aceite virgen extra de oliva
En primer lugar compráis un par de filetes de gran tamaño, ni demasiado grueso ni demasiado fino y a ser posible entero, es decir, sin cortes ni nervaduras, y que además sean iguales.
Este es un paso adicional que hago pero que no se utiliza generalmente en la receta tradicional. Con un mazo golpeó a conciencia los filetes para dejarlos aún más tiernos y si no son lo suficientemente grandes evidentemente aumentan de tamaño.
Salpimentamos bien ambos filetes por las dos caras.
Colocamos un filete bien extendido y sobre el mismo colocamos las lonchas de queso de manera que lo cubran bien. No suelo llegar a los bordes para evitar que con la fritura el queso fundido desborde. Sobre el queso, las lonchas de jamón serrano. y a continuación cubrimos con el otro filete. No se debe atar con palillos ni nada parecido.
Enharinamos bien el cachopo y lo pasamos por los huevos batidos. A continuación por el pan rallado de manera que quede bien cubierto. En la receta tradicional se llevaría directamente a una paella grande con un dedo de aceite para freírlo. En mi caso prefiero hacer un segundo empanado. Es decir, una vez tengo el primer empanado, lo paso de nuevo por el huevo y por el pan rallado. De esta manera consigo sellar mejor la carne y el aspecto externo es más firme y crujiente. Pero como digo, no es la manera tradicional. Lo que se debe hacer en ambos casos es añadir un poco de sal al huevo para que no resulte soso en comparación con el relleno.
Una vez hemos frito y queda dorado, servimos con patatas fritas y pimientos del piquillo.
Un plato sencillo pero que repites una y otra vez, hasta el punto de que resulta casi adictivo.