Una receta navarra contundente que emplea pochas, un tipo de alubia blanca grande que podéis encontrar secas, congeladas o cocidas. En este caso vamos a utilizar pochas ya cocidas.
Pochas con chistorra
Patata asada rellena (kumpir)
El kumpir más que una receta es una especie de "fast food" muy popular en Turquía que combina la contundencia y sobriedad de una patata caliente con la fantasía de una ensalada.
- 1 patata muy grande (el tipo de patata que desechamos generalmente por su excesivo tamaño)
- Aceite de oliva virgen o mantequilla
- Maíz en conserva dulce
- Aceitunas sin hueso en rodajas
- Picada de variantes
- Pepinillos en vinagre
- Champiñones laminados cocidos
- Guisantes cocidos
- Picadillo de carne o salchichas tipo "Frankfurt" en rodajas
- Vinagre
- Mahonesa
- Ketchup
- Sal
Melindres
Unas rosquillas glaseadas con un intenso aroma a anís típicas de Galicia.
- 200 gramos de harina de repostería
- 4 yemas de huevo
- 100 ml de anís
- 25 gramos de mantequilla sin sal, fundida
- 200 gr de azúcar glas
- Medio vaso (100 ml) de agua
- 1 limón
Tarta Buttermilk
El nombre de esta tarta, si lo tradujéramos literalmente al español, sería "Tarta de Suero de Leche" que como véis no es demasiado atractivo.
Sería muy fácil de hacer si no fuera porque en España el suero de leche es un producto difícil de encontrar. Afortunadamente es sencillo de realizar en nuestro hogar si disponemos de nata para montar, tal y como explico a continuación.
La Buttermilk Pie es una tarta muy tradicional del sur de los Estados Unidos. Vamos, la que hacen las abuelas a sus nietos en Alabama y Tennessee desde hace generaciones.
INGREDIENTES :
- 300 gramos de azúcar (1 vaso y medio)
- 1 vaso (200 ml) de buttermilk/suero de leche*
- Medio vaso de mantequilla derretida (100 ml)*
- 3 huevos tamaño XL
- 3 cucharadas rasas de harina de trigo blanca
- 1 limón
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 1 hoja de masa quebrada (la que no sube)
- Un molde de pastel de unos 22 cm de diámetro con paredes de unos 5 ó 6 cm de alto (molde bajo)
- Para decorar: frutos del bosque, azúcar glass, nata montada, etc, lo que queráis (o nada)
* Si no podéis encontrar buttermilk/suero de leche, se puede hacer ambos ingredientes (el buttermilk y la mantequilla) con nata líquida para montar, tal y como explicaré a continuación.
Para hacer buttermilk y mantequilla necesitamos 2 litros de nata con un porcentaje de materia grasa (MG) del 35~38%.
La batimos con las varillas eléctricas hasta que montamos la nata. Una vez montada seguimos batiendo hasta que de repente se separará la matería líquida de la sólida (será como si se hubiera cortado). La materia líquida es el buttermilk, el cual separaremos por simple decantación, y el sólido será mantequilla que recogeremos y fundiremos en el microondas hasta obtener el medio vaso, 100 ml, que precisamos).
Como es de realización muy rápida, lo primero que debemos hacer es precalentar el horno a 180 grados.
Rallamos la piel del limón y la reservamos. Partimos por la mitad y exprimimos una de las mitades.
En un bol vertemos el buttermilk, la mantequilla fundida, la harina, la piel rallada del limón, el zumo obtenido, los tres huevos y el extracto de vainilla. Batimos bien hasta que queda una masa homogénea.
Sobre el molde disponemos la masa quebrada para que coja la forma. Cortamos el sobrante.
Vertemos sobre la masa quebrada la mezcla que hemos obtenido anteriormente.
Introducimos en el horno durante 45 minutos, comprobando a partir de los 40 minutos que al clavar un palillo sale completamente seco. Si los bordes de masa quebrada se oscurecen demasiado lo mejor es sacar la tarta y cubrirlos con una tira de papel de aluminio. Luego se vuelve a introducir, no habrá problema con que la tarta suba y baje, no es ese tipo de bizcocho.
Se retira del horno y se deja enfriar a temperatura ambiente. Luego si queréis se cubre con algún tipo de fruta o nata montada. No se suele meter en la nevera, pero tampoco pasa nada si lo hacéis así para conservarla más tiempo o consumirla otro día. Cuando se vaya a comer se saca del frigorífico al menos una hora antes.
Fideuà
- Un paquete de fideos de 250 gramos, de calibre 3
- 1 cebolla morada, dulce, o bien fresca
- 1 diente de ajo
- 2 ó 3 tomates maduros
- Pimentón dulce (opcional, si no tenemos azafrán)
- Marisco diverso (gambas, cigalas, mejillones etc)
- Pescado (rape, mero etc)
- Anillas de calamar
- Agua o caldo de pescado
- Aceite virgen extra de oliva
- Sal
- Azafrán
Berenjenas rellenas a la turca
Esta es una receta muy popular en Turquía, donde por otra parte se emplea la berenjena en multitud de guisos. El Karniyarik (pronúnciese carneyárek) significa literalmente "vientres hendidos" (karni es vientre mientras que yarik significa hendidura), puesto que se refiere a abrir la hortaliza y rellenarla de carne. Es una receta muy fácil de hacer.
Si vais a Turquía la veréis en todos los restaurantes, ya sean los más lujosos como los de barrio. A veces se prepara en el horno - con lo que lleva más de una hora de preparación - o se hace en la sartén, como esta receta que os presento, y que toma menos de media hora.
- 4 berenjenas grandes de piel negra
- 4 cucharadas de concentrado de tomate
- 400 gramos de carne picada de ternera
- 1 cebolla grande morada (dulce)
- 1 diente de ajo
- 2 tomates maduros rojos
- Pimientos verdes para decorar
- Pimienta negra
- Pimentón
- Sal
- Aceite virgen extra de oliva
Mochi
En el Lejano Oriente no existen los dulces típicos que degustamos en Occidente. Las natas, cremas y otros ingredientes que derivan de la leche brillan por su ausencia porque, entre otras razones, la mayoría de los orientales son intolerantes a la lactosa. Eso no significa que no ingieran productos dulces aunque el orden en que los ingieren no suele ser el usual de Occidente. Así en China se sirven todos los platos a la vez y es el comensal quien decide en qué momento toma lo dulce o lo salado, cuando no simplemente toma bocados alternos de los mismos.
- 150 gramos de harina de arroz
- 400 gramos de azúcar
- 180 ml de agua (algo menos de un vaso)
- Harina de maíz
Bombas
Una tapa española de origen incierto aunque muchos señalan los chiringuitos de la Barceloneta como su origen.
- Medio vaso de aceite de girasol (100 ml)
- Un cuarto de vaso de leche entera (50 ml)
- 2 dientes de ajo
- Media cucharadita de sal
- Zumo de limón
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharadita de pimentón picante
- Media cucharada de harina blanca de trigo
- 1 vaso (200 ml) de caldo de pollo o carne
- 400 gramos de patatas
- 100 gramos de carne picada (cerdo o cerdo/ternera, al gusto)
- Medio vaso de vino blanco (100 ml)
- 1 cebolla
- 1 diente de ajo
- 1 huevo
- 1 cucharada de harina de trigo
- Sal
- Pimienta negra molida
- Aceite virgen extra de oliva
- Aceite de girasol
- 1 huevo
- Harina blanca de harina
- Pan rallado
- Sal
Rosquillas de San Blas
El próximo 3 de Febrero será la festividad de San Blas, un santo que suele pasar inadvertido en muchos noticiarios pero que se celebra y mucho en bastantes lugares de España. Y es una pena ese desconocimiento general porque el santo merece la pena de ser conocido.
- 500 gramos de harina de repostería
- 6 huevos
- Medio vaso (100 ml) de aceite virgen extra de oliva
- 60 gramos de azúcar granulada normal
- Un chorrito de licor dulce (anís o similar)
- 5 claras de huevo
- 500 gramos de azúcar glass (impalpable)
- Opcional : un chupito (30 ml) de anís u otro licor dulce (sin color, para respetar el blanco inmaculado)
Chipirones en su tinta
- 2 calamares grandes (o 4, uno por comensal, si son pequeños)
- 1 cebolla morada grande
- 1 pimiento verde
- 1 puerro
- Medio vaso de vino blanco (100 ml)
- 1 vaso de salsa de tomate (200 ml)
- 2 ó 3 bolsas de tinta de calamar
- Azafrán o Pimentón dulce (opcional)
- Aceite virgen extra de oliva
- Sal
Conejo en Guilindorro
- 1 conejo grande
- 4 dientes de ajo
- 4 ó 5 rebanadas de pan duro
- 1 pimiento seco
- 1 hoja de laurel
- 2 cucharadas de vinagre de vino o jerez
- 1 cucharada de orégano picado
- Sal
- Aceite virgen extra de oliva
Comienza la temporada de calçots
El calçot (pronúnciese calsót) es un producto típico de Cataluña que como los caracoles de Lleida y el Xató de Tarragona sirve de excusa para organizar una fiesta lúdico-gastronómica. Son muchos los que en la zona reservan un par de domingos al año a comer calçots haciendo excursiones a masias en el campo donde suelen constituir plato único o entrante fuerte de carnes a la brasa. Debido a la forma de preparación a la brasa es muy complicado prepararlos en casa a menos que dispongas de una barbacoa en el jardín a ser posible no de un adosado, a menos que no te importe que el vecino te odie. Se pueden hacer al horno pero os podéis imaginar el olor que impregnará la casa.
El calçot no es más que una cebolla que sin embargo tiene un proceso de elaboración complejo. En primer lugar se plantan las semillas a finales del invierno, trasplantándose los cebollinos en primavera. La recolección se efectua en verano y atención, los bulbos se vuelven a plantar a mediados de septiembre, cubriéndolos con tierra a medida que sobresalen. Esto se hace para conseguir un tallo completamente blanco. El resultado final, que se obtiene entre el invierno y la primavera, es una cebolla alargada de unos 20 centímetros de longitud en su parte blanca y un diámetro de unos dos centímetros, con el bulbo redondeado típico de las cebollas prácticamente inexistente. Por tanto estamos ante el inicio de la temporada que suele producirse a finales de Enero.
- Unos 10 calçots por comensal
- 4 tomates maduros
- 1 cabeza de ajos
- 10 almendras tostadas
- 10 avellanas tostadas
- ñoras (2 ó 3)
- 1 rebanada de pan torrado
- 1 bicho (guindilla picante)
- aceite virgen de oliva (1 vaso, más o menos)
- vinagre
Entendiendo el hambre
Vamos a explicar un poco los mecanismos del hambre desde un punto de vista fisiológico. El aspecto psicológico, lo que sería el hambre emocional, es un tema mucho más complejo y siempre es preferible consultar con un especialista o acudir a páginas especializadas para informarse.
Comemos por una respuesta a la demanda de nuestro cuerpo para que cubramos sus necesidades. Esta demanda la podemos llamar "hambre" aunque culturalmente tendemos a utilizar esta palabra en situaciones límites o cuando queremos exagerar una necesidad de alimentarnos que en realidad no es perentoria.
Necesitamos comer para mantener en funcionamiento nuestro cuerpo. Las necesidades básicas consisten en que todos nuestros órganos funcionen. El ser humano es incapaz, al contrario de lo que ocurre con otros animales, de entrar en letargo o modular su temperatura corporal para disminuir el gasto energético. A lo sumo puede caminar en lugar de correr. O sentarnos y hasta dormitar. Aún así no podemos pasar demasiado tiempo sin ingerir alimentos, siquiera por el hecho de estar durmiendo. La razón es que nuestro cuerpo funciona constantemente y para que esto ocurra necesita nutrientes que solo le llegan del exterior. Esto se mide por el índice de metabolismo basal que calcula cuántas calorías necesitamos para mantener las funciones básicas de nuestro organismo. En estado de reposo hay una fuerte similitud entre todos los individuos siempre que sean del mismo tamaño y sexo. Las diferencia empiezan a aparecer según la actividad física que se realice. Un individuo con un trabajo muy físico puede necesitar ingerir hasta el doble de calorías que otro que tenga una vida más sedentaria.
Hasta hace relativamente poco tiempo se desconocía con exactitud el mecanismo del hambre. En principio éste se activa cuando la glucosa en sangre desciende. Cuando nuestro cuerpo necesita nutrientes se libera un neurotransmisor denominado "neuropéptido Y" que se encarga de difundir por el cerebro un mensaje esencial : es hora de alimentarse. En la sangre se encuentra la hormona ghrelina, habitualmente conocida como hormona del hambre. Cuando tenemos hambre aumenta la cantidad de esta hormona - segregada fundamentalmente por el estómago - y cuando hemos terminado la ingesta, disminuye rápidamente.
Cuando tenemos la necesidad de comer se activa la producción de ghrelina y se dispara la acción del neuropétido Y. El cerebro, estimulado por esta actividad, nos genera la necesidad de consumir productos que aporten glucosa, que es su alimento principal. Por la noche, cuando dormimos, nuestro cuerpo continúa consumiendo energía por lo que se dispara de nuevo la ghrelina y la acción del NPY. Esto hace que al despertar tengamos hambre y necesitemos el desayuno, un acto fundamental de nuestra alimentación diaria que muchos obvian de forma muy equivocada.
En 1994 se descubrió una nueva hormona a la que se denominó leptina. Los niveles de leptina aumentaban tras la ingesta de comida favoreciendo la actuación de los péptido anoréxicos - aquellos que inhiben el hambre - . También se descubrió que cuando los adipocitos - células que almacenan grasa - pierden parte de esta grasa bajan la acción de la leptina favoreciendo que el individuo ingiera alimentos. En resumen , que un individuo "normal" antes de comer tiene valores altos de ghrelina y bajos de leptina y a la inversa cuando se ha alimentado.
Para complicar aún más las cosas existe otra hormona , llamada CCK o colecistoquinina que se genera en el intestino y que afecta el apetito del individuo de forma parecida a las anteriores : cuando estamos llenos, dispara la acción de los transmisores neuronales que indican al cerebro que estamos saciados. Esta hormona está siendo estudiada a fondo porque existe la posibilidad que esté relacionada con diversos desórdenes alimentarios. Así aquellos que padecen bulimia - ingesta rápida y masiva de alimentos - tendrían bajos niveles de CCK - mientras que los anoréxicos - incapacidad para alimentarse, sensación inmediata de saciedad - generarían grandes cantidades de CCK con apenas la ingesta de unas pocas cucharadas de alimento.
Se cree además que la generación de CCK puede verse afectada por el estado anímico del individuo y eso explicaría que la depresión genere anorexia (o que tal vez la anorexia sea una forma de depresión).
Así que en el hambre juegan un papel importante, que se sepa de momento, la ghrelina, la leptina, la CCK y la serotonina (un neurotransmisor también involucrado en el sueño, la sexualidad, el temperamento...). Decimos de momento porque las investigaciones continúan y a día de hoy muchas siguen activas.
Podría pensarse que sería fácil modificar los niveles de hormonas y neurotransmisores para conseguir que las personas siguieran dietas sin esfuerzo o incluso solucionar diversos desórdenes alimentarios. Nada más lejos de la realidad. Las hormonas descritas no sólo intervienen en los impulsos alimentarios, sino que están relacionadas con otros muchos procesos biológicos que perjudicaríamos de forma directa. Por ejemplo, la ciproheptadina se emplea para estimular el apetito inhibiendo la acción de la serotonina. Pero la serotonina también nos mantiene despiertos, por lo que un desagradable efecto secundario de administrar ciproheptadina es que el individuo anoréxico en efecto pasa a tener apetito a costa de pasar el día somnoliento.
Se sabe que la actividad hormonal que regula el apetito es controlada, al menos en parte, por el estómago y el tracto digestivo. Por regla general cuando la bolsa del estómago está llena se debería enviar al cerebro la orden de que parar la ingesta de comida. Esta señal de stop tardará más en aparecer si el estómago es grande. Aproximadamente cada 6 meses el estómago se renueva casi por completo. Al contener ácido clorhídrico, necesario para "desmenuzar" los alimentos, la presión química que padece es severa y necesita renovarse por completo para poder soportarla en condiciones. También se sabe que si hemos comido de forma copiosa el estómago se renueva con un tamaño mayor del que poseía anteriormente, con lo que tardará más tiempo en llenarse y por tanto enviará también con retraso la order de stop al cerebro. Así que si comemos en abundancia no solo nos estamos perjudicando en el presente, sino que también estamos modificando nuestro listón de saciedad en un futuro no muy lejano. En resumen, deberemos comer más para sentir idéntico nivel de saciedad. También se sabe que en algunos individuos este mecanismo no funciona. Viven para comer y no saben muy bien el por qué.
La leptina es la razón por la cual aquellas personas aquejadas de obesidad mórbida suelen pasar un proceso quirúrgico que consiste en introducir un balón gástrico o bien una reducción directa de estómago. La explicación es sencilla : si el volumen del balón gástrico ocupa gran parte del estómago, la saciedad se presentará antes gracias a esta hormona y el cerebro ordenará que dejemos de alimentarnos.
Mucha gente que comete excesos durante la Navidad trata de paliar los mismos en Enero de diversas formas. Una de ellas consiste en someterse a dietas estrictas. Algunas que están de moda implican largos periodos de ayuno. No hace falta decir que las auto-dietas, sin planificación nutricional o psicológica, pueden ser tremendamente perjudiciales. Someterse a bajos niveles de ingesta de calorías provoca desajustes en los niveles de glucosa en sangre y carencias nutricionales, lo que a corto y medio plazo puede perjudicar nuestro rendimiento y salud en general. El ayuno prolongado, por la misma razón, debería descartarse por su enorme peligrosidad.
Otros prefieren acudir a gimnasios o correr unos kilómetros diarios. Con el ejercicio físico se consigue que muchas de las calorías se destinen a los músculos implicados en la actividad extra que desarrollemos e incluso que debamos echar mano de las reservas, con lo que al final se consigue adelgazar.
Una dieta controlada, vigilada por profesionales, además del ejercicio físico, pueden ser armas muy eficaces para bajar kilos pero conviene indicar que de nada sirven si una vez conseguida la meta se abandona la alimentación sana y además se vuelve a una vida sedentaria. Ahora se sabe que el cuerpo humano guarda memoria del peso que por haberlo sido durante mucho tiempo considera "normal". Así, cuando abandonemos las buenas costumbres alimenticias o de ejercicio físico, tenderemos a volver a la situación anterior. Si además hemos cometido algún exceso, incluso podemos subir de peso por encima de lo que una vez consideramos el límite admisible. Es lo que se llama efecto rebote que no solo tiene efectos nocivos para nuestra salud, sino también provoca problemas psicológicos dada la aparente inutilidad de emprender cualquier esfuerzo relacionado con la alimentación.
Algunos individuos pueden cometer excesos con la alimentación y bajar de peso con suma facilidad, casi sin hacer dieta o ejercicio físico. Esto, que en apariencia es una ventaja digna de envidia, no implica que no se deba tener cuidado con la alimentación. El hecho de que la grasa no se acumule en la cintura o los muslos no significa que no lo haga en las arterias, con funestas consecuencias porque, que se sepa, por muchas maratones que se corran esa grasa no desaparece.
El hambre se puede regular para evitar problemas de salud, desde los picos de glucosa en sangre hasta aquellos relacionados con la obesidad. Para lo primero, que produce atracones con las consiguientes subidas y bajadas vertiginosas, lo mejor es consumir alimentos cada pocas horas. Puede ser tan simple e inocuo como comer una manzana a media mañana. Otra acción positiva es ir reduciendo las raciones hasta adecuarlas al peso que pretendemos mantener, cuidando que las grasas consumidas sean bajas aunque sin eliminarlas del todo como abogan algunas dietas extremas. Decía un nutricionista muy famoso que debemos comer de todo pero en plato de postre, por aquello de que el tamaño del mismo condiciona la cantidad consumida. En tercer lugar, es importante realizar un ejercicio físico moderado pero constante. Prescindir del vehículo para hacer recados en lugares que estén a una distancia media puede ser más que suficiente.
Finalmente, y lo más importante, es mantener una relación realista entre lo que pretendemos y lo que afecta a nuestra salud. Despertar una mañana de junio pensando que el mes que viene te vas de vacaciones y hay que dar buena imagen en bikini puede ser un propósito corto placista que tal vez consiga su propósito, pero a la larga nos perjudicará de forma irremediable. Lo que de verdad funciona, aunque nos cueste aceptarlo, no son soluciones milagrosas, sino la constancia.
Pasteles libaneses de carne
Los Sfiha, tal es su nombre original, están presentes en todo Oriente Medio bajo diferentes nombres pero es en el Líbano donde nunca faltan en ninguna celebración o comida de importancia. Se pueden hacer de cualquier tamaño, aunque raramente sobrepasan los 10 cm de diámetro, siendo habitual que se confeccionen con un tamaño tal que se puedan degustar de un único bocado.
Consisten de una masa de pan redondeada sobre la que se deposita carne picada especiada. Son realmente fáciles de hacer.
INGREDIENTES
Para la masa
- 500 gramos de harina de fuerza
- 1 vaso (200 ml) de agua
- Media vaso (100 ml) de aceite de oliva virgen extra
- 1 cuarto de vaso (50 ml) de leche
- 1 sobre (20 gramos) de levadura seca de panadero
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de azúcar
Para el relleno
- 500 gramos de carne picada de ternera
- 1 cebolla
- 1 tomate
- 2 cucharadas de piñones
- 1 cucharadita de canela
- 1 cucharadita de za'tar*
- Media cucharadita de harisa**
- Sal
- Pimienta negra
* El za'tar es una mezcla de especias muy habituales en Oriente Media. Se compone de tomillo, zumaque, sésamo, ajedrea, mejorana, orégano, hisopo y comino aunque la composición exacta varía según las zonas. En mi caso suelo emplear especias comunes como son pimienta negra, tomillo, sésamo, mejorana, comino y orégano, además de añadir un diente de ajo rallado (aunque no es imprescindible). De cada especia cantidades iguales.
** La harisa es una salsa picante que se puede tomar tal cual, mojando pan en ella a modo de "dip", o bien emplear para condimentar (bastante más habitual). En Oriente Medio se vende en los comercios ya realizada, en frascos de cristal como si fuera mahonesa, y aquí en Occidente ya empieza a ser fácil verla en comercios habituales y por supuesto, en los de comida árabe.
En primer lugar vamos a engordar la levadura. Calentamos el agua en el microondas unos segundos para que quede tibia, disolvemos en ella el azúcar y mezclamos la levadura. Dejamos reposar en un lugar oscuro y cálido durante unos 15 minutos
En un bol grande mezclamos la harina tamizada con la levadura, la leche, el aceite y la sal, mezclando bien. Amasamos durante unos 20 minutos o empleamos una amasadora/robot (si la tenéis, claro).
Tras el amasado cubrimos la bola resultante con un paño y la dejamos crecer, de nuevo en un sitio cálido y oscuro, durante al menos 2 horas (o hasta que doble su tamaño, lo que primero suceda).
Mientras la masa sube vamos a preparar el relleno de carne.
En una sartén sin aceite tostamos ligeramente los piñones. Retiramos y reservamos.
Picamos la cebolla y el tomate muy finos y mezclamos con la carne picada de ternera, añadiendo los piñones, la sal (una cucharadita y media) y las especias. La carne no se hace previamente en la sartén, la terminaremos en el horno.
Ahora vamos a dividir la masa en cuatro bolas iguales. Las aplanamos con el rodillo y de nuevo tapadas las dejamos crecer unos 15 minutos.
A continuación extendemos sobre el centro de cada una de ellas una cantidad generosa de carne. Extendemos pero intentando que no alcance los bordes, que doblaremos hacia dentro.
Precalentamos el horno a 180 grados. Introducimos los sfiha colocados sobre un papel para hornear y los dejamos hacer durante 15 minutos o hasta que la carne esté visiblemente hecha y el pan de la base dorado.
Se sirven calientes (no tanto como salidos del horno, pero bastante ardientes) aunque hay gente que los come del tiempo. También es costumbre servirlos acompañados de rodajas de limón para aliñarlos.
Están muy buenos y resuelven muy bien una cena o comida con un aire muy oriental.
Tortilla de bacalao, con o sin sidra
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- 50-100 gramos bacalao salado (partes enteras o desmigado)
- 2 huevos
- 1 cebolla morada (dulce) o fresca
- Perejil picado (1 cucharadita)
- Aceite de oliva virgen extra
A veces con la cebolla se fríen guindillas o ajo en láminas, va a gustos.
Pan de arroz
La celiaquía es una enfermedad autoinmune cuyo origen es alimentario, en concreto debido a la presencia de gluten de ciertos cereales.
- 500 gramos de harina de arroz
- 1 litro de agua
- 30 gramos de levadura fresca
- Media cucharadita (unos 3 gramos) de sal
- Una cucharadita de azúcar (5 gramos)














