Cuando un niño ingiere raciones
escasas ocurre como con los adultos que siguen una dieta baja en
calorías : deben comer bien. Es más, deben comer "mejor". Esto puede
parecer una perogrullada, pero no lo es tanto si se explica en detalle.
Cuando ingerimos grandes raciones con un razonable aunque limitado
rango de alimentos probablemente estemos proporcionando a nuestro
cuerpo los nutrientes necesarios. Dichos nutrientes no procederán de las
fuentes habituales de suministro, pero estarán presentes en un
porcentaje suficiente en otros alimentos siempre y cuando los comamos en
grandes cantidades. Por poner un ejemplo, siempre pensamos que el
consumo de leche proporciona la mayor parte del calcio que nuestro
cuerpo precisa, pero éste puede obtenerse también de diversos vegetales
(col, cebolla...) y legumbres, sólo que en cantidades menores por
unidad de peso. Cuando queremos bajar de peso consumimos menos comida y
si la dieta no está equilibrada - comemos lo de siempre pero en menos
cantidades - es más que probable que suframos carencias de algún
nutriente. De ahí el error que suponen esas dietas basadas en el
consumo masivo de un sólo producto (la dieta de la alcachofa, la de
lechuga y otras aberraciones).
Los niños, inapetentes o no, deben comer siempre de forma equilibrada en
las cinco comidas a realizar durante el día (desayuno, desayuno de
media mañana, almuerzo, merienda y cena) si bien deberemos reajustar
los nutrientes de acuerdo con la actividad que vaya a realizar el niño.
Si por la tarde el niño va a practicar gimnasia en la escuela es
preferible que hagamos hincapié en los carbohidratos de absorción lenta
(un plato de macarrones "al dente", por ejemplo) y dejemos
para la noche los grandes aportes de minerales y vitaminas (un plato de
pescado con ensalada, una crema de verduras, un gazpacho etc). Con los
niños inapetentes deberemos realizar un esfuerzo mayor y maximizar la
cantidad de nutrientes que ingiere por unidad de alimento. También
deberemos aprender a cocinar "bien", tanto en el gusto de los alimentos
como en la forma de destruir al mínimo los nutrientes presentes en los
mismos. Veamos algunos "trucos" imprescindibles.
Cocción : Si disponemos de una cazuela con agua fría y en
ella introducimos vegetales, carne de ave o de otro tipo y desde ese
frío aumentamos la temperatura estamos tratando de hacer un caldo. En
este caso pretendemos que los minerales, vitaminas y proteínas de los
ingredientes pasen al agua. En este caso el agua diluye los nutrientes y
los ingredientes quedan en principio desprovistos de interés nutritivo
(al menos esa sería la pretensión de un caldo perfecto). Para realizar
un caldo óptimo es preciso introducir todos los ingredientes en el agua
fría e ir aumentando la temperatura hasta que se produzca un hervor
lento. La temperatura será ideal cuando el hervor cesa al levantar la
tapa de la cazuela. Se trata de una cocción muy lenta puesto que se
pretende disolver, no destruir. Obtener unos 5 litros de caldo puede
llevar 4 horas o incluso más. Los caldos obtenidos los debemos utilizar
profusamente en la dieta de niños inapetentes en substitución del agua
cuando el ingrediente a cocer absorba el líquido o éste se encuentre
inmerso en una salsa (albóndigas en salsa, fricandó, estofados...). Por
ejemplo, es correcto cocer la pasta en un caldo poco graso de pollo o
verduras. De esta manera la pasta absorberá el líquido incorporando los
nutrientes. Evidentemente, para no desperdiciar el caldo debemos
ajustar muy bien la cantidad de caldo para el peso de la pasta en seco.
En estofados u otro tipo de guisos en lugar de añadir agua utilizaremos
caldo y además quedará mucho más apetecible.
Los pucheros son grandes aliados de los padres en su lucha contra la
inapetencia. Unas lentejas con arroz, cocidas en caldo de verduras y
pollo, son fáciles de "pasar" y aún más fáciles de complementar con un
postre compuesto por fruta y/o lácteos (un yogur con trozos de pera,
macedonia de frutas...). Los pucheros tradicionales de nuestros abuelos
son muy eficaces a la hora de tratar la inapetencia puesto que reúnen
todos los nutrientes en un único plato y son fáciles de comer sin
complicadas masticaciones (conviene, eso sí, eliminar algunos
ingredientes que pudieran provocar rechazo como el ajo, los chorizos o
huesos de jamón).
Para cocer verdura y patatas el método es completamente diferente.
Podemos emplear agua porque no pretendemos que los nutrientes pasen al
líquido, más bien al contrario. Así que introduciremos los alimentos en
agua hirviendo y a ser posible sin trocear. Es decir, las zanahorias,
judias verdes (vainas), patatas y otros vegetales se introducirán
enteros para proteger al máximo las vitaminas y minerales de la acción
diluyente del agua. Ocurre que al contacto con el agua hirviendo los
vegetales sufren una cierta penetración del líquido, con lo que se
pierden por disolución las vitaminas hidrosolubles y los minerales, pero
a la vez esto provoca cambios estructurales que impiden que dicha
penetración vaya más allá de la capa superficia. Basta con hervir una
patata entera para darse cuenta que la capa exterior es diferente en
textura al corazón del tubérculo una vez se ha ablandado por completo.
Por esta razón el interior conservará prácticamente la totalidad de las
vitaminas. Esto es importante para conservar la cantidad de vitamina C
que contiene la patata - y que no es nada despreciable - por ejemplo.
Otro tema importante es cocer el tiempo justo según cada tipo de
alimento. Cocer una patata lleva mucho más tiempo que cocer hojas de
espinacas que apenas requieren un minuto ; por tanto no tiene sentido
incorporar al agua hirviendo la espinaca y la patata a la misma vez
puesto que lo único que conseguiremos es despojar a la verdura de todos
sus nutrientes. Finalmente es importante la cantidad de agua y la
condición de hervor. El agua sólo debe apenas cubrir la verdura. Si
estáis pensando en que de esta manera es posible que el líquido se
pierda y la verdura se queme, es que probablemente no estéis cociendo
bien los alimentos. La cocción no debe ser tumultuosa : es una pérdida
de energía innecesaria. La cocción debe ser tumultuosa cuando se halle
tapada y cesar al poco de levantar la tapa de la cazuela. De esta manera
el agua de cocción no disminuirá (puesto que no tiene energía para
evaporarse) y la disminución de nutrientes por disolución será muy baja
(puesto que hay poco agua donde "perderse").
Todas las verduras son importantes en la nutrición de los niños
inapetentes, pero por su importancia la patata y la zanahoria no
deberían faltar jamás. Son ricas en nutrientes y resistentes a la
acción destructora del calor.
Bebidas y comidas "líquidas" : la bebida "natural" que
debería acompañar las comidas de los niños inapetentes es el agua. Se
debería intentar que no tomara grandes cantidades antes de las comidas
ya que provocaría saciedad, pero bajo ningún concepto debería tomar
bebidas con gas o azucaradas. Las primeras porque hinchan el abdomen
impidiendo la ingesta y las segundas porque al llevar azúcar
proporcionan energía inmediata en forma de calorías vacías que pueden
dar la sensación de falsa saciedad, aparte de otros efectos nocivos.
Dentro de las bebidas azucaradas me refiero a los refrescos carbonatados
o no, e incluyo sin dudar los zumos de frutas envasados. A veces
creemos que proporcionando a los niños zumos de fruta envasados estamos
dando un "plus" vitamínico. Es cierto, pero también es cierto que
contienen edulcorantes y azúcares que son perjudiciales. Los únicos
zumos que deberían tomar los niños de forma regular son los obtenidos
en casa exprimiendo directamente cualquier tipo de fruta, reservando los
envasados para ocasiones contadas. Pero si encontráis un zumo envasado
sin conservantes ni colorantes y sin mas edulcorante que la fructosa
propia de la fruta entonces no hay problema. Tampoco hay problema si la
bebida indica "vitaminas añadidas". No hay ninguna diferencia entre las
vitaminas reales y las creadas artificialmente. Generalmente las
hidrosolubles como la vitamina C pueden completar una dieta que a pesar
de nuestros esfuerzos sea deficitaria en fruta y verdura.
Los niños inapetentes suelen considerar que el acto de comer es una
pérdida de tiempo y se inclinan por las comidas que pueden engullir de
la manera más rápida posible. Por esta razón entre un yogur y un yogur
líquido se decantarán siempre por la segunda opción. En consecuencia es
importante conocer un número importante de recetas de sopas, caldos y
cremas, permitiendo formas "fáciles" de tomarlas como puede ser beber
directamente del tazón sin la intermediación de la cuchara para el caso
de caldos de pollo o verdura. Si conseguimos que el niño inapetente se
aficione o al menos tolere las cremas de verdura, el gazpacho y el
yogur líquido, entre otros muchos alimentos con el mismo formato,
tenemos mucho ganado.
Frutas : es importante que el niño se aficione a las
frutas de cada temporada. Si sólo le gusta la sandía lo tenemos difícil
fuera del verano. En España hay disponibilidad de manzana, platano y
pera prácticamente todo el año. Serán nuestras frutas "comodín". En
invierno es importante que insistamos con la naranja y la mandarina. El
verano es ideal para ampliar el rango con ciruelas, melocotones,
melones, higos, cerezas etc. La fruta es tan importante que hemos de
hacer cualquier esfuerzo para conseguir que la coma. Todo vale. Si no
quiere naranjas, pues zumo de naranja con toda la pulpa que admita el
niño. Las manzanas asadas o en compota. Las fresas en una banda de
hojaldre. Hasta las uvas de las doce campanadas. Y recordemos que hasta
el niño más reacio a la fruta acepta en general el plátano, rico en
vitaminas y carbohidratos.
Cocinar bien :
por alguna razón que desconozco, sobretodo en edades muy tempranas del
niño, se tiende a cocinar sus comidas sin atender al sentido del gusto.
Cuantos padres, al probar el guiso que le estaban largando al niño, han
hecho un mohín de asco. Pues bien, si no te gusta a tí, menos les va a
gustar al niño. Menos sal, menos fuerte, pero un guiso para un niño debe
ser "comible" por parte del adulto. Y si no es así, mal lo tenemos.
Finalmente cabe indicar que
determinados comportamientos alimenticios que ya no se esperan en
determinadas edades son perfectamente admisibles. El niño puede seguir
mamando o bien tomando biberones bien cargados con cereales si ello le
satisface. No debemos desterrar tales prácticas pensando que eso afecta a
la alimentación que todos consideran normal para la edad del niño. En
realidad no hay prácticamente nada que sea igual de un niño a otro y
menos en los inapetentes.