Bizcocho alemán de Navidad
Bizcocho borracho
Es un bizcocho muy fácil y rápido de hacer, además de tener un aspecto impactante gracias al glaseado que lo cubre. Es posible hacerlo con vino dulce o incluso sin alcohol, con ron que previamente calentado - sin que llegue a hervir - haya perdido el contenido alcohólico. Para los que gusten de similitudes, se parece bastante a la torta de Santiago gallega. Si queréis hacer un postre estas Navidades con el que acabar "alegres", este bizcocho es ideal.
INGREDIENTES :
40 gramos de harina de trigo
100 gramos de mantequilla
100 gramos de azúcar vainillada
3 huevos
100 gramos de harina de almendras
75 ml de ron (algo menos de la mitad de un vaso de agua convencional)
100 gramos de azúcar glass
En primer lugar introducimos la mantequilla en el microondas para dejarla a punto pomada (con unos pocos segundo bastará, a baja potencia).
Es el acompañante ideal para el café o té, y recordad que es posible hacer una versión no-alcohólica simplemente calentado el ron sin que llegue a hervir.
Pastel de queso polaco (Sernik)
Este pastel es tradicional consumirlo en Polonia durante las festividades navideñas y la Pascua. Aunque los ingredientes son muy parecidos a los empleados en los pasteles de queso que conocemos, la forma de realizarlo es algo más complicado siendo el resultado más ligero, a medio camino entre el pastel de nata y el merengue. Merece la pena hacerlo, es increíblemente bueno y sorprendente. Además emplea muy poco azúcar si lo comparamos con otras recetas similares.
INGREDIENTES :
- 1 kg de requesón
- 6 huevos+1 yema
- 100 gramos de azúcar glass, impalpable
- 200 ml (un vaso) de nata para montar, de 35 ó 38% de MG
- 2 cucharadas de harina de patata*
- 2 cucharadas de leche
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
* En la cocina del centro, norte y este de Europa es bastante habitual emplear harina de patata. Aquí no es muy habitual, por lo que podéis usar fécula de patata (que sí la usamos para espesar), maizena o incluso puré de patatas liofilizado.
En primer lugar debemos eliminar los grumos del requesón. Para ello podemos emplear el vaso de la batidora o el minipimer para obtener una pasta suave, casi una crema.
Es conveniente entonces precalentar el horno a 170 grados porque debe estar a la temperatura cuando terminemos de crear el pastel. Si metemos la mezcla cuando aún no ha alcanzado la temperatura entonces podríamos tener un problema.
Separamos las yemas de las claras de los 6 huevos. Vertemos las yemas en un bol y los batimos con el azúcar glass con la ayuda de las varillas, hasta que queda bien homogéneo.
En otro bol batimos también con las varillas la nata hasta montarla. A medio montar añadimos la harina de patata (o la fécula, o la maizena...) y la esencia de vainilla. Seguimos batiendo hasta que queda bien firme.
Cuando la nata está bien montada y firme, la añadimos a la mezcla de yemas con azúcar glass. Para evitar que se pierda el aire, la mezcla la hacemos con una pala grande o un cucharón de madera hasta que todo queda bien intregrado.
Seguidamente añadimos el queso que hemos batido. De nuevo, que todo quede bien mezclado y evitando que se pierda el aire "ganado".
Es el momento de mezclar las claras que habíamos separado al principio. Las vertemos en un bol añadiéndoles un pellizco de sal y unas gotas de zumo de limón. Batimos bien hasta que montan.
El merengue obtenido de las claras batidas lo añadimos, despacito y con cuidado para no perder el aire, hasta que obtenemos una masa bien aireada. Ya tenemos la masa al completo.
En un molde metálico o de silicona, bien untado de mantequilla, de unos 22/25 cm de diámetro, vertemos la masa. Encima de la misma vertemos una yema batida con las dos cucharadas de leche para que el resultado quede bien dorado.
Introducimos en el horno y los dejamos hacer durante una hora. Si vemos que la superficie empieza a dorarse en exceso, entonces no debemos quitar el pastel, si no cubrirlo con una hoja de papel aluminio.
Y atención a los siguiente : pasada la hora de horneado, apagamos el horno pero no extraemos el pastel del mismo. Con la puerta del horno cerrada dejamos transcurrir otros 10 minutos, pasados los cuales abrimos la puerta pero de nuevo sin sacar el pastel, hasta que quede frío del todo. No se trata de un capricho. De esta manera el merengue queda con la textura perfecta.
Se puede comer una vez ya ha enfriado, pero lo habitual es dejarlo reposar una noche entera en el frigorífico para que quede aún más asentado y firme.
Como veis un poco complicado, pero el resultado merece la pena.
Kobe Wagyu, cómo cocinar esta carne para que su valor no se pierda
La palabra Wagyu (和牛) procede del Japón y no significa gran cosa, simplemente "carne japonesa". Es un término impreciso. A menudo a la carne de res a la que se refiere se le añade el término "Kobe" que simplemente indica la procedencia. Existe carne Wagyu que no procede de Kobe y que no se puede denominar como tal, aunque la calidad y raza de la res sea exactamente la misma. Así que para ser precisos si la carne indica "Kobe Wagyu" significa que procede de Japón. En el resto de casos, es carne de res de raza Wagyu pero criada en los Estados Unidos, Argentina o incluso en España.
La raza Wagyu es autóctona del Japón aunque desde hace varios años es posible encontrarla en otros países, al principio mezcladas con razas que le conferían características necesarias para adaptarse al nuevo país, y luego ya de pura raza. Dentro de la raza Wagyu existen cuatro sub-razas o tipos, siendo la negra o Tajima la más popular para la obtención de cortes de carne de mayor calidad.
La carne de Wagyu es reconocible por el llamado marmoleado, esto es, la grasa entreverada con el músculo. Esto le confiere un sabor que justifica su fama. El por qué la carne de Wagyu presenta estas características tiene varias explicaciones. En primer lugar el clima japonés, frío o muy frío en invierno, ha hecho que esta raza desarrolle grasa entreverada para protegerse del mismo. También la alimentación que recibe así como la cría en instalaciones cubiertas son determinantes. Por poner un símil, el Wagyu es el equivalente en su rango al Jamón Ibérico.
Esta calidad se paga. El coste del kilogramo de solomillo alcanza alrededor de 100 euros / Kg, mientras que el corte de lomo alto se paga a unos 90 euros / Kg, el kilo de presa se va a unos 45 euros y al espaldilla a unos 40 euros / Kg (hablando de res de raza Wagyu pura de procedencia nacional, no importada).
El alto coste de esta carne y sus características hacen imprescindible saber cocinarla bien para no tirar literalmente el dinero que se ha pagado por la misma.
INGREDIENTES (4 personas)
- 1 solomillo o lomo de Wagyu cortados en medallones de unos 150-200 gramos cada uno (800 gramos en total) con un grosor de unos 2 centímetros.
- Sal
- Pimienta negra molida
- Aceite virgen extra de oliva
Tinginys
INGREDIENTES :
- 500 gramos de galletas (he empleado galletas campurrianas, pero igual sirven las españoletas, marías u otras simples, sin chocolate ni nada que no sea harina y azúcar)
- 1 lata de leche condensada (la de Nestlé tiene unos 370-400 gramos)
- 200 gramos de mantequilla sin sal
- 5 cucharadas de cacao en polvo
En primer lugar desmenuzamos las galletas con las manos dentro de un bol. No hace falta, y no es deseable convertirlas en harina, lo mejor es dejarlas en trozos pequeños de tamaños irregulares.
En una cazuela al fuego, a media potencia, fundimos la mantequilla y la mezclamos con la leche condensada. Una vez esta mezcla está homogénea añadimos el cacao en polvo, batiendo bien para que se integre y a continuación, mientras todavía está caliente, vertemos el resultado en el bol que contenía las galletas desmenuzadas. Mezclamos bien hasta obtener una masa homogénea.
En un molde alargado y rectangular colocamos un papel sulfurizado (papel del horno, vegetal o como lo llaméis habitualmente) para que más tarde sea fácil desmoldar el pastel. Vertemos la masa, dejamos enfríar a temperatura ambiente y luego la metemos en el frigorífico toda la noche.
Al día siguiente desmoldados obteniendo un delicioso pastel que iremos sirviendo cortándolo en rodajas. Más fácil no podía ser, ¿verdad?
Pularda al horno
Queda algo más de un mes para la Navidad y prever las compras para ese día tan señalado nos puede hacer ahorrar mucho dinero. Si en vuestra mesa navideña no falta cada año un ave, seguramente optaréis por capón, pato, pollo, pavo u oca. La pularda no obstante va ganando adeptos dado que la generosidad de su carne no está reñida con una mayor economía si la comparamos con el capón, por ejemplo. Y si compráis un ejemplar en noviembre, el ahorro puede ser aún mayor.
- 1 pularda de 3 Kg
- 2 zanahorias
- 2 cebollas grandes
- 1 vaso de vino
- Medio vaso de brandy o cognac
- 1 vaso de caldo de pollo
- Manteca de cerdo
- Tocino blanco
- Mantequilla
- Un manojo de hierbas aromáticas (tomillo, salvia etc) (opcional)
- Sal
- Pimienta
Sugerencia de menús para este fin de semana
SÁBADO
Desayuno
Almuerzo

Cena

DOMINGO
Desayuno

Almuerzo

Cena

Tinolang Tahong (Sopa filipina de mejillones)
Se acerca la época donde más reina el marisco y en ella el mejillón queda un poco olvidado porque siempre se ha considerado que no tiene el suficiente valor para ocupar un lugar de honor en las mesas navideñas. Nada más lejos de la verdad. A diferencia de otros moluscos, el mejillón admite innumerables preparaciones, desde la simple cocción hasta elaborados estofados marinos.
Para aquellos que gusten de la cocina asiática y del mejillón, aquí tenéis una receta simple, barata y que además de ser fácil de hacer se prepara en menos de media hora. Procede de Filipinas, un país insular donde el consumo de pescado y marisco es casi la única fuente de proteínas baratas y saludables. En tagalo la palabra que designa al mejillón es "tahong".
INGREDIENTES (4 personas) :
- 400-500 gramos de mejillones con concha, a ser posible frescos
- 200 gramos de espinacas
- 4-5 guindillas vascas o 2 pimientos verdes medianos
- Un trozo de jengibre (del tamaño de un pulgar)
- 1 cebolla
- 2 dientes de ajo
- Sal
- Pimienta negra molida
- Aceite virgen extra de oliva
Lavamos bien los mejillones frescos y los abrimos.
En una cazuela grande vertemos un chorro generoso de aceite de oliva y en el mismo freímos a fuego medio la cebolla bien picada, los ajos también picados (sin el germen verde) y el jengibre laminado. Dejamos hacer hasta que la cebolla empieza a transparentar y entonces añadimos los mejillones, sazonando.
Contamos un minuto desde que hemos incorporado los mejillones y entonces añadimos un litro de agua filtrada o embotellada. Dejamos hacer a fuego medio-alto durante 15 minutos y entonces incorporamos las espinacas bien lavadas y las guindillas (o bien el pimiento verde cortado en tiras) y lo dejamos hacer durante unos 7 ó 8 minutos. Unos minutos antes de servir comprobamos el punto de sal y pimienta y rectificamos si es necesario.
Si el jengibre no os parece lo suficientemente orientalizante, se puede añadir algo konbu en lugar de espinacas. También, si os apetece, se puede incluir guindillas u otro tipo de pimiento picante.
Un plato fácil que combina las verduras y los mejillones para los amantes de la cocina asiática.
Tres recetas con Jamón Ibérico
Ni el gazpacho, ni la paella, ni ninguna otra receta o producto español impresiona más en el extranjero que el jamón ibérico. Cualquier cocinero, con los ingredientes adecuados, puede confeccionar una de las recetas estrellas de la gastronomía de nuestro país pero el jamón ibérico es inimitable. Se requeriría el mismo clima, la misma dehesa, las mismas bellotas y el mismo curado, largo y prolongado para producir algo similar. El hecho de que el cerdo ibérico se crie en amplias extensiones, con una alimentación tan natural y que además no tenga una crianza estática permite que la grasa quede entreverada, procurando al jamón curado la suntuosidad que lo caracteriza.
Hay muchas recetas que se pueden realizar con jamón ibérico. Algunas - ensaladas, cucuruchos, canapés - utilizan el jamón tal y como se corta, sin apenas alteración. Otras requieren más elaboración pero siempre intentan, por encima de todo, que su aroma y sabor quede inalterado.
A menudo cometemos el error de cocinar con algunos ingredientes que por ahorrar un poco desmerecen el resultado final. Ocurre con el vino usado como ingrediente : si éste no es bueno, la receta resultante tampoco lo será. Lo mismo ocurre con el jamón ibérico : una buena receta requiere de un buen jamón. Todas las recetas que vamos a explicar a continuación se han realizado con Jamón Legado de El Pozo, que ha combinado perfectamente con todos los ingredientes y desde luego ha dado la talla por si solo. Lo dicho, un buen resultado requiere de un buen jamón, no queda otra.
BACALAO ENVUELTO EN JAMÓN IBÉRICO
Una receta que demuestra que el jamón ibérico casa perfectamente en recetas de pescado.
INGREDIENTES (4 personas) :
- 600 gramos de lomos de bacalao desalado sin espinas
- Lonchas finas de jamón ibérico
- Aceite virgen extra de oliva
- Sal
- Pimienta negra
Si tenemos lomos de bacalao salado lo primero es desalarlo en abundante agua dulce durante al menos 24 horas, cambiando el agua un par de veces. Lo mejor es hacer el desalado en el interior del frigorífico para que la temperatura sea constante.
Una vez desalado procedemos a escurrirlo bien y revisar que no tenga ninguna espina.
Precalentamos el horno a 200 grados.
Pintamos los trozos de lomo con aceite de oliva, salpimentamos e introducimos durante 15 minutos. Cuidado al sazonar el bacalao que a pesar de haber estado 24 horas en remojo sigue siendo bastante salado.
Trancurrido el tiempo - podéis dejarlo más si os gusta que se dore un poco - extraéis del horno y envolvéis cada trozo de lomo con una loncha fina de jamón ibérico. Para que no se abra lo más fácil es hacer que la junta quede debajo del trozo de pescado. La loncha debe quedar bien prieta a ser posible.
Volvéis a introducir el pescado en el horno durante 5 minutos más y listo para comer. La combinación de bacalao con jamón os encantará. Y si no os gusta el bacalao también se puede hacer con merluza, por ejemplo.
JAMÓN IBÉRICO CON SALSA DE JEREZ
Una receta sorprendente, de sabor delicado, con productos muy españoles - aunque con el toque francés que nos da la nata - y muy fácil de preparar.
INGREDIENTES (4 personas) :
- 8 lonchas de jamón ibérico, cortadas un poco más gruesas de lo normal
- 200 ml de nata (un vaso) para cocinar (máximo 18% de MG)
- 50 ml de concentrado de tomate
- 4 cucharadas de vino de Jerez (80 ml)
- Sal
- Pimienta negra molida
En un bol mezclamos la nata con el concentrado de tomate y el vino de Jerez. Mezclamos bien.
La salsa obtenida la salpimentamos muy ligeramente (pensad que el jamón ya es bastante salado por si mismo).
Vertemos la mitad de la salsa en el fondo de una fuente que pueda ir al horno. Colocamos encima las lonchas de jamón ibérico y finalmente las cubrimos con el resto de la salsa. Tratad de que las lonchas no se pongan una encima de otras.
Precalentamos el horno a 220 grados y horneamos el jamón durante 15 minutos. Extraemos y emplatamos dos lonchas para cada comensal con un acompañante como arroz blanco cocido, patatas al vapor o incluso una ensalada.
HABITAS CON JAMÓN IBÉRICO Y HUEVO POCHADO
Esta receta es típica de Granada, caracterizándose por la facilidad en la realización y porque puede constituir sin problemas un plato único si añadimos a la comida una ensalada o un postre de fruta fresca.
El plato se suele acompañar opcionalmente de huevos, a veces cocidos, a veces fritos, pero en este caso los vamos a hacer pochados y un poco picantes.
INGREDIENTES (4 personas) :
- 1 Kg de habas tiernas (congeladas o frescas, en este último caso serían 1.3 Kg con las vainas)
- 200 gramos de jamón ibérico cortado en lonchas o virutas
- 4 huevos
- 1 cebolla
- 2 dientes de ajo
- 1 vaso y medio de vino blanco (300 ml)
- Laurel (opcional)
- Sal
- Salsa tabasco
- Vinagre
- Sal
- Pimienta negra molida
- Aceite virgen extra de oliva
En primer lugar vamos a freír los dientes de ajo en una sartén honda con un chorro generoso de aceite de oliva. Cuando están dorados los retiramos e incorporamos la cebolla bien picada, un pellizco de sal y el jamón en lonchas no muy grandes.
Cuando la cebolla transparenta añadimos la habitas y las removemos durante unos 6 ó 7 minutos. Tened la precaución de utilizar una sartén grande para evitar que las habas hagan "montón".
Añadid a continuación el vino y dejad hacer a fuego medio-bajo hasta que el líquido se evapore totalmente. Si queréis añadid una hoja de laurel.
Antes de que el vino desaparezca comprobad si las habas están tiernas y salpimentad al gusto. Si no estuvieran tiernas añadid un poco de agua y cubrid la sartén.
Mientras vamos a preparar los huevos pochados. En una olla vertemos un litro de agua y un chorro generoso de vinagre, y calentamos hasta que empiece a hervir. Rompemos un huevo y lo colocamos en un cazo de los que se emplean para repartir sopa. En la yema vertemos un poco de sal y unas gotas de salsa tabasco. El vinagre servirá para evitar que la clara del huevo se diluya en el agua si accidentalmente lo sumergís.
Introducimos el cazo en la olla con el agua hirviendo y sin que se hunda en la misma la clara irá cuajando dejando la yema tierna y bien picante. Cuando la yema ya no se vea - la clara se torna de color blanco y opaca - retiramos y pasamos a hacer otro huevo con la misma técnica.
Se emplatan las habas acompañadas del huevo pochado por comensal. Un plato sencillo que no lleva más de media hora y sobretodo muy gustoso gracias al ibérico.
Salmón a la Riojana
Si conocéis esta receta os sonará más como "Besugo a la Riojana" pero dado el alto precio que tiene y que lo hace casi exclusivo de la Navidad, la receta se puede hacer casi con cualquier pescado del que podamos obtener rodajas grandes y anchas (merluza, pargo, salmón, bacalao o atún fresco etc). El salmón sería el menos ortodoxo pero si os gustan los sabores fuertes y los resultados un poco grasos, de los que "llenan", el salmón y el atún son ideales.
INGREDIENTES (4 personas) :
- 4 rodajas grandes y anchas de salmón (entre 150 y 200 gramos cada una)
- 1 docena de pimientos choriceros
- 3 dientes de ajo
- 1 manojo de perejil
- 1 cucharada de harina blanca de trigo
- 1 cucharadita de pimentón (picante o dulce, al gusto, lo tradicional es dulce)
- Sal
- Aceite virgen extra de oliva
En primer lugar lavamos y cortamos en tiras los pimientos choriceros eliminando las semillas. Los metemos en una cazuela con agua fría y como flotan lo pertinente es colocar una tapadera invertida o un plato que los obligue a quedar sumergidos.
Llevamos el agua a hervir y cuando ocurra cerramos el fuego dejando en remojo durante una hora, aproximadamente. Con esto se consigue que se hidraten bien.
Una vez transcurrido el tiempo los escurrimos y colocamos en el fondo de una cazuela de barro plana o una sartén (lo primero es lo tradicional, pero bueno, si no tenéis o vuestro fuego es de vitrocerámica con una sartén normal también sale bien). Conservad el agua donde hemos hervido los pimientos, se utilizará más adelante.
Salamos las rodajas de salmón por ambos lados y las colocamos sobre la cama de pimientos.
En un sartén aparte vertemos un chorro generoso de aceite de oliva y en el mismo freímos 2 dientes de ajo laminados. Cuando están dorados añadimos la cucharada de harina de trigo y la trabajamos hasta que queda disuelta en el aceite y tostada. Apagamos el fuego y añadimos el pimentón, removiendo bien, cuando el aceite no esté tan caliente. Esto es importante porque en caso de que lo estuviera se puede quemar y dar un sabor amargo. Reservamos. Hay gente que quita el ajo laminado y otros que lo dejan, va al gusto.
Colocamos la olla del pescado en el fuego a media potencia y vertemos el agua donde hemos cocido los pimientos hasta que lo cubra a ras.
A continuación vertemos la mezcla de harina con el frito de los ajos laminados por encima y dejamos hacer a fuego medio moviendo la olla de barro de atrás hacia delante con cierta frecuencia para que el caldo emulsione y ligue bien. Con 20 minutos debería ser más que suficiente, aunque va a depender del grosor de la rodaja. El salmón cambia de color y dicho cambio es visible en todo el grosor de la pieza a través de los costados.
Antes de servir rectificamos de sal y justo antes, si queréis, picáis el perejil y el diente de ajo que quedaba para decorar las rodajas por encima.
Se emplata individualmente primero unas tiras de pimiento, luego la rodaja de salmón y encima un poco de caldo aderezado por la picada. Está de vicio.
Algunos en lugar de emplear pimientos enteros utilizan la carne que se puede incluso comprar en enlatados. va al gusto. En dicho caso la carne del pimiento choricero se integra en el caldo que se obtiene con agua o caldo de pescado.
Y si os parece que es demasiado fuerte, podéis emplear pescado blanco (merluza por ejemplo) reduciendo la cantidad de ajos a emplear. También es posible emplear lomos de pescado pero es importante que todos tengan el mismo tamaño para que al hacer el movimiento de ligar la salsa se distribuya de forma uniforme. Esa es la razón principal de usar rodajas en lugar de lomos
Panellets "alternativos" de avena (muy baratos)
Los panellets tradicionales se confeccionan con harina de almendra y azúcar a partes iguales, mezcla que se cohesiona con ayuda de clara de huevo y la acción fundente propia del azúcar. Esto suele ser caro ya que las almendras no son baratas. Si además los cubrimos de piñones, el coste sube considerablemente.
Pero si queréis hacer panellets baratos es posible hacerlo sustituyendo la almendra por otros frutos secos de coste más contenido como pueden ser los cacahuetes, si bien el sabor final difiere bastante del obtenido con las almendras. Se puede sustituir la harina de almendras por harina de avellanas, nueces, pistachos o castañas pero entonces al ahorro ya no es tanto. Eso sí, unos panellets hechos con harina de nueces, avellanas o castañas están buenísimos, casi tanto o más que los hechos con harina de almendras.
De las diversas pruebas que he hecho, tres harinas me han dado buen resultado : la harina de avena, la de quinoa y la de espelta. Otras en cambio no han dado buenos resultados, principalmente la harina de garbanzos, la de centeno y la de harina integral (en estas pruebas fallidas el sabor de la harina se imponía en exceso sobre el sabor a panellet que se quería obtener, no siendo nada agradables al paladar).
Aún en el caso de las harinas aptas, el sabor hay que mejorarlo añadiendo boniato y saborizantes que no sean caros para no desvirtuar la pretensión de hacer algo barato.
INGREDIENTES :
250 gramos de harina de avena, quinoa o espelta
250 gramos de azúcar
150 gramos de boniato horneado
2 huevos
Saborizantes varios : café, ralladura de la piel de limón, coco rallado
Decoración : fideos de chocolate, guindas, coco rallado etc
En primer lugar vamos hornear el boniato a 180 grados hasta que esté blando. Dejamos enfriar y extraemos la pulpa, desmenuzándola con un tenedor.
En un bol mezclamos la harina que tengamos o podamos encontrar (espelta, quino o avena), con el azúcar y la pulpa del boniato. Añadimos las claras de los dos huevos, reservando las yemas. Mezclamos bien hasta obtener una masa homogénea.
Si los queremos con sabor a coco mezclamos unos 100 gramos de coco rallado. Si los queremos con sabor a limón añadimos la ralladura de una piel de limón. Si los queremos de café, incorporamos una tacita de café (unos 30 ml de café expreso).
Separamos porciones de la masa y hacemos unas bolas del tamaño de una pelota de ping pong, incluso menos. Las aplasamos ligeramente y si queremos las podemos rodar por coco rallado o añadir una guinda roja. Los panellets que no tengan decoración externa los pintamos con las yemas que hemos reservado al principio y así quedaron dorados. No uséis la yema con los panellets decorados con coco rallado o con fideos de chocolate.
Precalentamos el horno a 180 grados y horneamos durante 20 minutos o hasta que estén bien dorados.
Se dejan enfriar y listos para comer, mucho más baratos que los hechos con harina de almendra o cualquier otro fruto seco.
¿Son fáciles de encontrar las harinas indicadas? La de espelta es una harina de trigo bastante rica en fibra. Se puede encontrar en tiendas dietéticas pero también en muchos supermercados.
La harina de quinoa es un pseudo cereal que convertido en harina sirve como sustituta de la harina de trigo. Se pueden hacer tortas, bizcochos, panes pero con la salvedad de que al no contener gluten no permite inflar las masas. Esto en cambio es positivo para los celíacos. Habitualmente se vende la quinoa en formato semillas y es algo más diícil de encontrar como harina, aunque no imposible.
Por fortuna una de las mejores harinas para hacer los panellets es de las más baratas y fáciles de hacer o conseguir. La avena se puede comprar en preparados específicos para hacer gachas y triturarla para conseguir harina con un procesador o similar. También es posible comprarla hecha a precios bastante económicos. Además el resultado obtenido es muy similar al de la harina de almendras, por lo que no la echaréis de menos.
Caramelos de Naranja (piel de naranja confitada)
Soul cakes
A finales de este mes se concatenan varias festividades que destacan por la repostería tradicional que conllevan. Es la época de los boniatos, los panellets, los huesos de santo, el pan de muerto y otros muchas recetas dulces - algunas también saladas - que nos recordarán que estamos ya cerca del invierno.
Antiguamente era tradicional celebrar la festividad de Fieles Difuntos también con dulces aunque la razón no era tanto disfrutar de los mismos - que también - si no obtener algo a cambio.
Fieles Difuntos se celebra el 2 de Noviembre y está dedicada a aquellos que han fallecido pero por alguna razón se intuía que en lugar de ir directos al Infierno o al Cielo se habían quedado en un punto intermedio llamado Purgatorio. Esta especie de tierra de nadie hace tiempo que desapareció de la liturgia católica pero durante siglos sirvió a la Iglesia para obtener buenos dividendos vendiendo intermediaciones para que las almas penitentes alcanzaran finalmente el Cielo. A nivel más mundano también fue útil para los confiteros para vender dulces con el pretexto de que cada venta contribuía a que un alma acumulara puntos con el mismo propósito de alcanzar un lugar al lado de Dios, no tan directo como la clase business que prometía la Iglesia, pero igual de válido. De esta manera cuando comías un pastelillo o un dulce contribuías a la promoción de un difunto hacia la plena felicidad.
Entre que el Purgatorio ya no existe por orden papal y que el 2 de Noviembre no es festivo, los dulces relacionados con esa fecha han ido cayendo en el olvido excepto en varios países como Inglaterra, donde aún son muy populares. A medio camino entre el bollo (lo que en Inglaterra se denomina "scone") y la galleta ("cookie"), los Soul Cakes (literalmente Pasteles del Alma) se consumen en el All Souls' Day (El día de todas las almas, equivalente al Fieles Difuntos católico). Cabe decir que la iglesia anglicana, mayoritaria en Inglaterra, es calcada a la católica exceptuando que la cabeza visible de la misma es el monaca de la Gran Bretaña (en estos momentos Isabel II) y que admite el sacerdocio femenino. El aspecto de las iglesias anglicanas, con esculturas de santos y otros ornamentos, se parece más a los templos católicos que a la austeridad de las iglesias protestantes ya que la escisión de la primera fue debida a motivos más políticos que religiosos. Por eso no es extraño que las fiestas y tradiciones sean bastante similares entre ambas ramas del cristianismo.
INGREDIENTES :
200 gramos de mantequilla sin sal
200 gramos de azúcar glas (impalpable)
500 gramos de harina blanca de trigo
3 yemas de huevo (media L o XL)
100 gramos de pasas sultanas o corintias (sin semillas)
Un cuarto de vaso de leche (50 ml, aproximadamente)
Media cucharadita de nuez moscada
1 cucharadita de canela en polvo
Ponemos a punto pomada la mantequilla (bastarán unos pocos segundos en el microondas) y la batimos con el azúcar glas en un bol grande hasta que forma una crema homogénea con un poco de espuma.
Añadimos entonces las yemas de huevo, una a una, y las vamos integrando bien con las varillas antes de incorporar la siguiente.
En otro bol mezclamos la harina con las nuez moscada y la canela en polvo. Esta mezcla seca la pasamos por un cedazo para que no haga grumo, haciéndola caer directamente sobre la crema obtenida.
Mezclamos bien con una cuchara de madera y cuando ya no es posible continuar, usamos las manos. Si la masa resultante es poco maleable, añadimos leche con cuidado. Durante el amasado vamos añadiendos las pasas para que se distribuyan de forma uniforme.
Con 10 minutos de amasado será más que suficiente.
Precalentamos el horno a 180 grados. Es importante que cuando introduzcáis los Soul Cakes el horno tenga la temperatura exacta.
Volcamos la masa en una superficie lisa y con un rodillo la aplanamos hasta que toma un grosor de 1 cm, más o menos.
Cortamos con un molde de galletas o un bol invertido círculos de masa de unos 5cm de diámetro. Sobre cada una de las galletas marcamos una cruz. Esta marca es una reminiscencia de su origen cristiano y sirve también para facilitar el horneado.
Introducimos en el horno sobre una rejilla o un papel de hornear. Mantenemos unos 15 minutos o hasta que están de color dorado (pero no más allá de los 20 minutos).
Extraemos y dejamos enfriar. Cuando comáis la primera os daréis cuenta el por qué vuestra acción ha llevado un alma al Cielo.























