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miércoles, 5 de diciembre de 2007

Yogur, la conexión sefardí

En 1492 España expulsó a los judíos de su territorio. Una gran parte de ellos encontró cobijo en el imperio otomano bajo la protección del sultán Beyazid II que se maravilló de cómo un reino era capaz de desprenderse de la flor y nata de sus artesanos y comerciantes. Buena parte de ellos se asentaron en la ciudad de Salónica, la que fuera segunda ciudad del antiguo Imperio Bizantino, donde constituyeron durante siglos la mayoría de la población. Allí prosperaron hasta que en los inicios del siglo XX densos nubarrones amenazaron su prosperidad. Las guerras balcánicas, libradas por los pueblos de la zona para librarse del yugo otomano, así como las tensiones propias de un imperio en decadencia provocaron un profundo desasosiego entre una población a la que todos miraban con hostilidad y que eran, a fin de cuentas, gente dedicada al comercio envueltos en guerras que no facilitaban en nada su labor.

El biólogo ruso Mechnikov, premio nobel en 1908, expuso la teoría de que la extrema longevidad del campesinado búlgaro se debía a la ingesta de yogur. Estaba tan convencido de la bondad del producto que emprendió una cruzada por toda Europa para promocionarlo. Pero la industrialización del producto correspondió a un judeoespañol de Salónica, Isaac Carasso. Éste había viajado a Bulgaria (a escasos kilómetros de Salónica) y conocía el producto, además de que tenía noticia de los trabajos de Mechnikov. Dicha industrialización no tuvo lugar en el Este, sino sorprendentemente en el oeste, y más concretamente en Barcelona.

Al inicio de la Primera Guerra Mundial Turquía se alineó con las potencias del Eje y por lógica oposición los paises balcánicos la combatieros. Estaba claro que se iban a desarrollar hostilidades en Salónica, ciudad apetecida por todas las potencias de la zona.

Isaac Carasso cogió a toda su familia y recordando sus raíces españolas y gracias al hecho de hablar judeoespañol - castellano medieval - se plantó en Barcelona. Al finalizar la guerra comenzó a fabricar un yogur al que bautizó como Danone, en honor a su hijo Daniel nacido en 1904. Debemos considerar el shock que debió suponer para el público español la aparición de un producto como el yogur, acostumbrado a otro tipos de productos tanto para el desayuno como para evidentemente la comida - donde jamás se ha empleado -. Esto hizo que al principio la popularidad fuera muy escasa hasta que algunos médicos lo empezaron a recetar a sus pacientes. Es decir, que el primer canal de distribución fueron las farmacias. Luego vinieron las pastelerías, cafeterías y otros puntos de venta, entrando en los canales alimentarios habituales. Ya en 1927 Danone inaguró su primera fábrica en Madrid y a partir de ahí la popularidad Mundial del yogur ya fue imparable.

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