Una rosquilla que se consume recién frita o bien tibia.
INGREDIENTES :
100 gramos azúcar
50 gramos de levadura en polvo (para panadería)
5 huevos
1/4 vaso de leche (50 ml)
1/4 vaso de agua tibia (50 ml)
Limón
Licor de anís (30 ml)
Sal
Aceite virgen de oliva + aceite de girasol (mitad y mitad para llenar una sartén de manera que quede un dedo de fondo).
Separamos 200 gramos de harina que tamizamos en un bol con la levadura y el cuarto de vaso de agua tíbia. Amasamos hasta que quede flexible. Si hace falta más agua porque la masa parece demasiado seca la añadimos simplemente mojándonos la punta de los dedos y salpicando la masa.
Dejaremos reposar en un lugar a temperatura ambiente, cubierto por un paño, hasta que la masa suba el doble de su volumen original.
Cuando esto ocurra - con dos horas debería ser más que suficiente - añadiremos los huevos, la leche, la piel rayada de un limón y el licor de anís. Además incorporaremos sal, sólamente la punta de una cucharilla de café.
Amasamos de nuevo y atención porque la masa se pegará a nuestros dedos. Con la otra mano vamos incorporando el medio kilo restante de harina pero siempre pasándola antes por el cedazo de malla fina. Se añade harina sólo hasta que la masa se despega con facilidad de nuestros dedos, así que la cantidad es aproximada. Si se separa de los dedos antes de incorporar toda la harina, deberemos dejar de hacerlo. A veces el medio kilo en suficiente, a veces es necesario un poco más. Lo que sí es importante que detengamos la adición justo en el momento en que la masa no se adhiere. Lo seguimos trabajando - dadle una buena paliza, eso siempre se nota - y cuando la demos por finalizada la dejamos reposar otras dos horas.
Amasamos de nuevo y atención porque la masa se pegará a nuestros dedos. Con la otra mano vamos incorporando el medio kilo restante de harina pero siempre pasándola antes por el cedazo de malla fina. Se añade harina sólo hasta que la masa se despega con facilidad de nuestros dedos, así que la cantidad es aproximada. Si se separa de los dedos antes de incorporar toda la harina, deberemos dejar de hacerlo. A veces el medio kilo en suficiente, a veces es necesario un poco más. Lo que sí es importante que detengamos la adición justo en el momento en que la masa no se adhiere. Lo seguimos trabajando - dadle una buena paliza, eso siempre se nota - y cuando la demos por finalizada la dejamos reposar otras dos horas.
Ahora vamos a freír las rosquillas.
Cogemos masa y hacemos unas tiras redondeadas de unos 10 centímetros de largo. Mientras habremos puesto a calentar aceite en una paella grande, con al menos un dedo de fondo. Esto es importante ya que al tenerse que consumir en caliente debemos freír el mayor número posible de rosquillas a la vez y sobretodo que no se pegue al fondo, cosa que ocurriría si hubiera poco aceite.
Cerramos las tiras para dar forma a la rosquilla e inmediatamente las ponemos a freír con un buen burbujeo del aceite. Cuando están doradas damos la vuelta y una vez finalizada la fritura extraemos y dejamos sobre un papel de cocina que absorba el aceite sobrante. Se espolvorea azúcar por encima - nada de azúcar glass, el normal - y ya están listas para comer antes de que se enfrien.
Si queréis guardarlas es posible hacerlo pero se quedarán algo duras. Eso sí, el sabor será el mismo.
